Wayne Grudem


De acuerdo con esta posición el pasaje de Apocalipsis 20:1–10 describe la presente era de la iglesia. Esta es una era en la que la influencia de Satanás sobre las naciones ha sido reducida bastante de manera que se pudiera predicar en todo el mundo el evangelio. Aquello que se dice que reinaban con Cristo durante los mil años son cristianos que han muerto y ya reinan con Cristo en el cielo. Cristo reina en el milenio, de acuerdo con este punto de vista, no es un reino corporal aquí sobre la tierra sino el reino celestial del cual habló cuando dijo: «Se me ha dado autoridad en el cielo y en la tierra» (Mt 28:18).
Este punto de vista se llama «amilenario» porque mantiene que no hay futuro milenio por venir. Como los amilenarios creen que Apocalipsis 20 se cumple ahora en la era de la iglesia, sostienen que el «milenio» que se describe ahí tiene lugar actualmente. La duración exacta de la era de la iglesia no puede conocerse, y la expresión «mil años» es simplemente una expresión por un largo período de tiempo en el que se cumplirán los propósitos perfectos de Dios.
De acuerdo con esta posición, la presente era de la iglesia continuará hasta el momento del regreso de Cristo (vea figura 55.1). Cuando Cristo vuelva, habrá una resurrección tanto de creyentes como de incrédulos. Se levantarán los cuerpos de los creyentes para que se reúnan con sus espíritus y entren al pleno gozo del cielo para siempre. Se levantará a los incrédulos para enfrentar el juicio final y la eterna condenación. Los creyentes también se levantarán ante el trono del juicio de Cristo (2 Co 5:10), pero este juicio solo determinará grados de recompensa en el cielo, porque solo los incrédulos serán condenados eternamente. En este momento también comenzarán los nuevos cielos y la nueva tierra. Inmediatamente después del juicio final, comenzará el estado de eternidad y continuará para siempre.
Este esquema es bastante simple todo lo del final de los tiempos ocurre de una vez, inmediatamente después del regreso de Cristo. Algunos amilienalistas dicen que Cristo podría regresar en cualquier momento, mientras otros (tales como Berkhof) argumentan que todavía deben cumplirse ciertas señales.


 

Charles C. Ryrie


El amilenialismo es el punto de vista, concerniente a las últimas cosas, de que no habrá Milenio antes del fin del mundo. Hasta el final habrá un desarrollo paralelo del bien y del mal, del reino de Dios y del de Satanás. Después de la segunda venida de Cristo, al final del mundo, habrá una resurrección general y un juicio general de todas las personas.


  CARACTERISTICAS DOCTRINALES DEL
AMILENIALISMO

A. Concernientes a la Biblia

En general, los amilenialistas mantienen un punto de vista alto de la inspiración y la autoridad de la Biblia. Si algunos no lo mantienen, no es debido al amilenialismo. Uno necesita simplemente recordar nombres como Oswald T. Allis, William Hendricksen, y Anthony A. Hoekema, todos amilenialistas, pero fuertes defensores de la infalibilidad de las Escrituras.

B. Concernientes al Milenio

Entre los amilenialistas conservadores existen dos puntos de vista acerca del Milenio. Uno considera que el cumplimiento de los pasajes mileniales se efectúa en la presente edad por medio de la iglesia en la tierra (e.g., Allis y Berkhof). El otro, que es ahora en el cielo por medio de los santos (e.g., Warfield y Floyd Hamilton). Ambos concuerdan en que no habrá ningún reino terrenal futuro.

C. Concernientes a los pactos

Los premilenialistas se apoyan en el argumento de que los pactos bíblicos contienen promesas que aún no se han cumplido y que requieren un Milenio terrenal si es que van a cumplirse literalmente. Los amilenialistas dicen que esas promesas se cumplen espiritualmente en la iglesia, o que las promesas no han de cumplirse en manera alguna, puesto que eran condicionales y no se llenaron las condiciones.

D. Concernientes a la iglesia

Los amilenialistas consideran que la iglesia cumple las promesas de Dios en una manera antitípica y espiritual. La iglesia es un reino celestial, espiritual; mientras que el Milenio del premilenialista es un reino carnal, terrenal. (Pero ¿no se puede describir a la iglesia como terrenal y carnal? ¿Y no se puede describir el reino futuro como espiritual?) La iglesia cumple las promesas, y el nuevo cielo y la nueva tierra que siguen inmediatamente a la edad de la iglesia consuman la historia.


LA HERMENEUTICA DEL AMILENIALISMO

Indudablemente, diferentes puntos de vista mileniales resultan de diferentes hermenéuticas, es decir, diferentes principios de interpretación. Los premilenialistas usan la interpretación literal, o normal, en todas las áreas de verdad bíblica; mientras que los amilenialistas emplean un principio no literal (espiritualizan) en el área de la escatología. Todos los conservadores, sean cuales fueren sus persuasiones escatológicas, usan la interpretación literal, o normal, en todas partes excepto la escatología. Floyd Hamilton, un amilenialista, reconoce que “una interpretación literal de las profecías del Antiguo Testamento nos da precisamente un cuadro de un reino terrenal del Mesías como el de los premilenialistas” (The Basis of the Millennial Faith [Grand Rapids: Eerdmans, 1942], p. 38). El amilenialista, por supuesto, no acepta ese cuadro del futuro, porque el emplea una hermenéutica diferente en el área de la profecía.
Mientras que los escritores por lo general no detallan su hermenéutica antes de expresar sus comentarios o desarrollar su teología, Oswald T. Allis (en Prophecy and the Church [Philadelphia: Presbyterian and Reformed, 1945], pp. 17–30) sí discute los principios hermenéuticos que emplea al interpretar la profecía. Yo quiero hacer un resumen de sus ideas acerca de cómo interpretar la profecía, y tener una interacción breve con ellas.
(1) Primero él intenta establecer que tanto el método literal de interpretación como el figurativo tienen sus propios lugares y necesariamente sus limitaciones. Sin embargo, tal parece que él coloca toda la limitación en la interpretación literal y ninguna en la figurativa.
(2) Algunas de esas limitaciones en la interpretación literal incluyen: (a) la presencia de figuras retóricas que no se pueden interpretar literalmente; (b) el hecho de que el tema principal es espiritual le presta validez a la interpretación figurativa, o espiritual; y (c) el hecho de que el Antiguo Testamento es preliminar y preparatorio con respecto al Nuevo Testamento nos hace esperar que el Nuevo Testamento interpretará las profecías literales del Antiguo Testamento en una manera figurativa.
Los literalistas no niegan que la Biblia contiene figuras retóricas. Pero insisten en que ellas representan verdades muy literales. Por ejemplo, las mejores rosas que se dan en la parte del país donde yo vivo se cultivan en Tyler, Texas. Las rosas de Tyler son famosas. Ahora, si yo veo un anuncio que dice que si uno usa tal y cual marca de fertilizante también puede obtener rosas de Tyler, yo no entiendo que esto signifique que tengo que vivir en la ciudad de Tyler, sino que dondequiera que viva puedo obtener la misma clase de rosas magníficas que se dan en Tyler. La figura retórica tiene un significado muy literal y sencillo tocante a las rosas reales que yo puedo cultivar. Las rosas de Tyler significan rosas, no tomates; pero las rosas de Tyler también representan rosas que son extraordinarias, sea que realmente se cultiven en Tyler o no.
(3) Si sus dos tesis son acertadas, entonces surge la pregunta naturalmente: ¿Cómo sabe uno si interpretar un pasaje literal o figurativamente? La respuesta de Allis es que se emplee ¡el método que dé el significado verdadero del pasaje! Me abstengo de comentario.
(4) Allis continúa diciendo que la única forma en que la profecía se puede entender literalmente es cuando el significado literal es claro y obvio. Casi toda la profecía está llena de lenguaje figurativo y parabólico que tiene que ser interpretado de esa manera. Así que, en realidad, la mayor parte de la profecía se ha de interpretar de manera no literal.
(5) Para poder interpretar y comprender la profecía correcta y plenamente, se tiene que saber también su cumplimiento. Toda profecía fue dada antes que se conociera su cumplimiento. De otra modo no habría sido profecía. Si seguimos el principio de Allis, entonces ninguna profecía pudo jamás haber sido entendida ni lo será hasta después de su cumplimiento. Ningún israelita tenía que haber tomado literalmente las profecías referentes a los anunciados cautiverios asirio y babilónico, porque no podía estar seguro de que aquellas profecías se cumplirían literalmente hasta que los cautiverios tuvieran efecto. Con tal principio de interpretación, ¿qué fuerza habrían tenido esas profecías? Pero, usted ve, los amilenialistas se toman la facultad de afirmar que no podemos estar seguros de que se van a cumplir literalmente las profecías del Antiguo Testamento concernientes al reino milenial porque semejante cumplimiento todavía no ha ocurrido. Pero, puesto que la iglesia tiene algunas características similares a las del reino, entonces la iglesia debe de estar cumpliendo aquellas profecías del Antiguo Testamento.
(6) Como para reforzar su idea de que debemos esperar vaguedad en la interpretación de la profecía, Allis, mediante su discusión de hermenéutica, califica a la profecía de indefinida, enigmática, aun engañosa, llena de símbolos, imprecisa, y sujeta a varias interpretaciones. Estas son sus expresiones, no las mías. Pero, por supuesto, aquellas alegadas características son acertadas sólo si el intérprete abandona los principios de la interpretación literal o normal.


  EVIDENCIAS INTERPRETATIVAS PARA EL
AMILENIALISMO

Los amilenialistas interpretan ciertos pasajes y doctrinas clave en maneras que respaldan su sistema.

A. Interpretación del pacto abrahámico

Los premilenialistas señalan que la parte del pacto que no se ha cumplido ha de cumplirse literalmente (la promesa de la tierra de Palestina), esto tendrá que ocurrir en un Milenio futuro, ya que no ha tenido en la historia presente o pasada un cumplimiento literal. Los amilenialistas dicen que no tenemos que esperar un futuro cumplimiento literal porque (a) las promesas eran condicionales y nunca se llenaron las condiciones; (b) la promesa de la tierra se cumplió en los tiempos de Josué (Josué 21:43–45); (c) se cumplió bajo el rey Salomón (1 Reyes 4:21); (d) la iglesia la está cumpliendo ahora; o (e) halla su cumplimiento en la Jerusalén celestial. Lo que yo observo es que cada una de esas cinco sugerencias niega la validez de las otras cuatro. Uno recibe la impresión de que el amilenialista, en realidad, no sabe cómo ni cuándo se cumplirá el pacto abrahámico. El sólo está seguro de que no será en un Milenio futuro y terrenal.

B. Interpretación de Efesios 3:5

Para el amilenialista el misterio de que habla este pasaje es que la iglesia estaba realmente en el Antiguo Testamento y, por lo tanto, cumple aquellas promesas del Antiguo Testamento. Esto ya se discutió cuando se trató el tema de la iglesia.

C. Las setenta semanas de Daniel

Los amilenialistas tienen características comunes en su interpretación de Daniel 9:24–27. Estas incluyen: (a) el principio de las setenta semanas fue en 536 A.C. en los tiempos de Ciro, no (como dicen los premilenialistas) en 445 A.C. cuando reinaba Artajerjes. Esto tiene el efecto de hacer que los setenta sietes sean de duración imprecisa. (b) La semana septuagésima es toda la edad de la iglesia, no un futuro período de siete años de tribulación. Estas interpretaciones peculiares del amilenialismo surgen como resultado de no practicar consecuentemente la interpretación literal.


 LA HISTORIA DEL AMILENIALISMO

A. Desde el Nuevo Testamento hasta Agustín

Hasta el tiempo de, Orígenes (ca. 185–ca. 254), el énfasis en el empleo de la hermenéutica literal hizo que los padres de la iglesia fuesen premilenialistas. Los padres sentían que estaban en los últimos días y esperaban que la inminente segunda venida de Cristo traería el reino. Orígenes, usando un método de interpretación alegórico, espiritualizó el reino futuro y lo entendió como si fuera la edad de la iglesia presente desde Adán en adelante. Esta escatología amilenial fue popularizada por Agustín.

B. Agustín (354-430)

Por espiritualizar el concepto del reino, Agustín hizo que significara la existencia de la iglesia en este mundo. El Milenio es el período entre la primera y la segunda venidas de Cristo. “Durante los ‘mil años’ en que Satanás está atado, los santos también reinan por ‘mil años’ y, sin duda, los dos períodos son idénticos y significan la duración entre la primera y segunda venidas de Cristo” (La ciudad de Dios, XX. 9). Sin embargo, él entendió que la atadura de Satanás no significaba que Satanás no tuviese poder para engañar, sino que durante el período entre los dos advenimientos de Cristo a él no se le permite ejercer a plenitud sus poderes. Justamente antes del fin, Satanás tendrá la facultad de engañar a las naciones en contra de la iglesia, una rebelión que Dios ha de suprimir. Esto será seguido por un juicio general y el estado eterno.
Agustín sí entendía los mil años literalmente, y esperaba que la segunda venida de Cristo ocurriría dentro de mil años después de Su ascensión (La ciudad de Dios, XVIII. 53). Cuando llegó y se fue el año mil sin que ocurriera la Segunda Venida, los mil años se espiritualizaron para que significasen un período indefinido de tiempo o todo el período entre la primera y segunda venidas de Cristo.

C. Escatología de la Reforma

Los grandes líderes de la Reforma eran amilenialistas en su escatología. Ellos se contentaron con seguir la enseñanza de la iglesia romana que a su vez había seguido a Agustín.
Lutero vio la Gran Tribulación y el regreso corporal de Cristo. Creía que se hallaba en medio de esa tribulación. Como muchos, Lutero también dividió la historia en seis edades de mil años cada una, seguidas por la séptima edad del descanso eterno del sábado. El enseñó que la sexta edad era la edad de los papas, que comenzó en 1076 pero que no duraría los mil años completos. De modo que él creyó que estaba viviendo en el tiempo que precedía inmediatamente al Segundo Advenimiento.
Calvino enseñó que Israel y la iglesia significaban lo mismo, y aguardaban a la Segunda Venida para la introducción de una resurrección y un juicio general y el estado eterno. El sí criticaba el quiliasmo [de kilo = mil: mil años], describiendo sus enseñanzas como “ficción”, “insulto,” “sueño”, e “intolerable blasfemia”. Se oponía enérgicamente a una limitación de mil años a la bendición eterna de los santos (un mal entendimiento de lo que enseñaba el premilenialismo).

D. La época moderna

Aunque el amilenialismo agustino se sigue generalmente en estos tiempos modernos (i.e. el Milenio es el período que media entre las dos venidas de Cristo, en la tierra), surgió otra forma de amilenialismo. B.B. Warfield (siguiendo a Klieforth, quien escribió en 1874) enseñó que el Milenio es el estado presente de los santos en el cielo (Biblical Doctrines [New York: Oxford, 1929], pp. 643–4). Por lo general, los credos reformados dicen poco tocante a la cuestión milenial, centrándose más bien en la resurrección general y la eternidad.
Una de las razones populares para preferir el amilenialismo al premilenialismo contrasta el concepto premilenial de cumplimiento en un reino terrenal (usualmente se coloca el adjetivo carnal en esta frase) con el concepto amilenial del cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento en la iglesia en esta edad (y usualmente se coloca el adjetivo espiritual en esta frase). Así que, se debe preferir el sistema que enfatiza la iglesia espiritual más bien que el reino carnal. Cuando oigo o leo este argumento, me quiero preguntar: ¿Desde cuándo es la iglesia solamente espiritual y el reino solamente carnal? La iglesia (mire a su alrededor) contiene personas carnales, y el reino tendrá en sí mismo muchas facetas espirituales. Lo espiritual y lo carnal caracterizaran tanto a la iglesia como al reino futuro.
Por supuesto, siempre la evidencia conclusiva para la verdad de una doctrina no es histórica sino exegética.


 

Millard J. Erickson


Literalmente amilenarismo es la idea de que no habrá milenio, que no habrá reinado de Cristo en la tierra. El gran juicio final se producirá inmediatamente después de la segunda venida y determinará directamente cuál será el estado final de los rectos y los malvados. El amilenarismo es una perspectiva más simple que cualquiera de las otras que hemos considerado. Sus defensores mantienen que está elaborada según varios pasajes escatológicos relativamente claros, mientras que el premilenarismo se basa principalmente en un único pasaje y en uno que además es poco claro.
A pesar de la simplicidad y claridad del principio central del amilenarismo, en muchas maneras es difícil de entender. En parte es porque, siendo su característica más destacada negativa, sus enseñanzas positivas no siempre se explican. A veces se ha distinguido más por su rechazo del premilenarismo que por sus afirmaciones. También, al tratar el problemático pasaje de Apocalipsis 20:4–6, los amilenaristas han sugerido una amplia variedad de explicaciones. Uno a veces se pregunta si estas explicaciones reflejan la misma perspectiva básica o son formas bastantes diferentes de entender la literatura escatológica y apocalíptica. Finalmente, no siempre ha sido posible distinguir amilenarismo de postmilenarismo, ya que comparten muchas características comunes. De hecho, varios teólogos que no han tratado los temas particulares que sirven para distinguir las dos perspectivas —como Agustín, Juan Calvino y B.B. Warfield—han sido reclamados como predecesores por ambos bandos. Lo que las dos perspectivas comparten es la creencia en que los “mil años” de Apocalipsis 20 hay que tomarla de forma simbólica. A menudo ambos también sostienen que el milenio es la edad de la iglesia. En lo que difieren es en que los postmilenaristas, al contrario que los amilenaristas, sostienen que el milenio implica que habrá un reinado de Cristo en la tierra.
A la luz de los problemas que aparecen al tratar de entender el amilenarismo, su historia resulta difícil de trazar. Algunos historiadores de la doctrina han encontrado amilenarismo en la Epístola a Bernabé, pero esto es algo que otros ponen en duda. Está claro que Agustín, deba o no ser clasificado como amilenarista, contribuyó a la formulación de esa perspectiva sugiriendo que la imagen de mil años es principalmente simbólica y no literal. Es probable que el postmilenarismo y el amilenarismo simplemente no se diferenciaran durante la mayor parte de los primeros diecinueve siglos de la iglesia. Cuando el postmilenarismo empezó a decrecer en popularidad en el siglo XX, en general fue sustituido por el amilenarismo, ya que el amilenarismo está mucho más cerca del postmilenarismo que del premilenarismo. En consecuencia, el amilenarismo probablemente ha disfrutado de su mayor popularidad recientemente en el periodo a partir de la primera guerra mundial.
Cuando los amilenaristas tratan Apocalipsis 20, normalmente tienen en mente todo el libro. Consideran que el libro del Apocalipsis está formado por varias secciones, siendo siete el número mencionado con más frecuencia. Estas siete secciones no tratan de sucesivos periodos de tiempo; más bien, son recapitulaciones sobre el mismo periodo, el periodo entre la primera y la segunda venida de Cristo. Se cree que en cada una de estas secciones el autor recoge los mismos temas y los elabora. Si esto es así, Apocalipsis 20 no se refiere únicamente al último periodo de la historia de la iglesia, sino que es más bien una perspectiva especial de toda su historia.
Los amilenaristas también nos recuerdan que el libro del Apocalipsis en su totalidad es muy simbólico. Señalan que incluso los premilenaristas más fanáticos no toman todo el libro del Apocalipsis de forma literal. Las copas, sellos y trompetas, por ejemplo, normalmente se interpretaban como símbolos. Por simple extensión de este principio los amilenaristas afirman que los “mil años” de Apocalipsis 20 puede que tampoco deban tomarse de forma literal. Además, señalan que el milenio no se menciona en ningún otro sitio en las Escrituras.
Surge la cuestión de si la imagen de los mil años hay que tomarla de forma simbólica y no literal, ¿qué simboliza? Muchos amilenaristas utilizan la interpretación de Warfield: “El número sagrado siete en combinación con el número igualmente sagrado tres forman el número de la perfección santa, el diez, y cuando este diez se eleva al cubo hasta obtener mil, el profeta ha dicho todo lo que puede decir para comunicar a nuestras mentes la idea de la perfección absoluta.” Las referencias a “mil años” en Apocalipsis 20, pues, expresan la idea de perfección o finalización. En el versículo 2 la cifra representa la victoria absoluta de Cristo sobre Satanás. En el versículo 4 sugiere la gloria y el gozo perfectos de los redimidos en el cielo en el tiempo actual.
Sin embargo, el principal problema exegético del amilenarismo no es el de los mil años, sino el de las dos resurrecciones. Entre la variedad de las opciones amilenaristas sobre las dos resurrecciones, el factor común es una negación de la afirmación premilenarista de que Juan está hablando de dos resurrecciones físicas que afectan a dos grupos diferentes. La interpretación amilenarista más común es que la primera resurrección es espiritual y la segunda corporal o física. Uno que ha argumentado esto con cierta amplitud es Ray Summers. A partir de Apocalipsis 20:6 (“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre estos.”) concluye que la primera resurrección es una victoria sobre la primera muerte. Ya que es costumbre en las discusiones escatológicas considerar que la segunda muerte es espiritual en vez de física, la primera resurrección también debe ser espiritual. La primera muerte, que no se menciona, pero está implícita, debe ser seguramente la muerte física. Si esto hay que relacionarlo con la segunda resurrección, al igual que la segunda muerte está relacionada con la primera resurrección, la segunda resurrección tiene que ser física. La primera resurrección, pues, es el nacimiento nuevo; los que la experimentan no serán condenados. La segunda resurrección es la resurrección corporal o física que tenemos normalmente en mente cuando utilizamos la palabra resurrección. Todos los que participan en la primera resurrección también participan en la segunda, pero no todos los que experimentan la segunda resurrección habrán participado en la primera.
La crítica premilenarista más común a la idea de que la primera resurrección sea espiritual y la segunda sea física es que no es coherente en la interpretación de términos idénticos (ἔζησαν) en el mismo contexto. Algunos amilenaristas han aceptado esta crítica y han tratado de desarrollar una posición en la que las dos resurrecciones sean del mismo tipo. James Hughes ha elaborado una posición de este tipo. Acepta el punto de vista premilenarista de que la primera y la segunda resurrección se deben entender en el mismo sentido. Sin embargo sugiere una posibilidad lógica que los premilenaristas pueden haber pasado por alto: ambas resurrecciones pueden ser espirituales.
Hughes defiende que Apocalipsis 20:4–6 es una descripción de almas sin cuerpo en un estado intermedio. Cita como evidencia el hecho de que a los que están implicados en la primera resurrección se les denomina “almas” (v. 4). Además argumenta que ἔζησαν se debería interpretar no como un aoristo ingresivo (“¡volvieron a vivir!”), sino como aoristo constativo (“vivieron y reinaron con Cristo mil años”). Concluye que la primera resurrección es la ascensión del alma justa a los cielos para reinar con Cristo; no hay nada aquí sobre que el cuerpo regrese a la vida. Los que participan en esta resurrección son los muertos “vivientes.” En contraste los muertos “muertos” no forman parte de la primera resurrección y sufrirán la segunda muerte (espiritual). Sus almas sobreviven a la primera muerte (física), pero nunca regresan a la vida. Aunque ambos grupos están físicamente muertos, los primeros están espiritualmente vivos durante los mil años; los últimos no. Aunque algunos comentaristas han concluido del versículo 5 (“Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.”) que los muertos “muertos” volverán a la vida al final del milenio, Hughes interpreta la oración de la siguiente manera: “No vivieron durante los mil años, ni después.” Entonces, ¿qué pasa con la segunda resurrección? Hughes considera muy significativo que el término “segunda resurrección”, que tiene que ver con la supervivencia de las almas de los justos y de los injustos durante el estado intermedio, no se encuentre en Apocalipsis 20. Al contrario que la primera resurrección, por lo tanto, la segunda es casi hipotética. Sin embargo, al igual que la primera, es de naturaleza espiritual. Por tanto, Hughes ha sido capaz de interpretar las dos ocasiones en las que aparece ἔζησαν de forma consistente.
Otra característica del amilenarismo es una concepción más general de la profecía, especialmente de la profecía del Antiguo Testamento, que la que se encuentra en el premilenarismo. Hemos señalado que los premilenaristas tienden a interpretar la profecía bíblica de forma bastante literal. Por otra parte, los amilenaristas con frecuencia tratan las profecías como históricas o simbólicas y no como algo futuro. Por regla general, la profecía ocupa un lugar mucho menos importante en el pensamiento amilenarista que en el premilenarista.
Finalmente, deberíamos observar que el amilenarismo no suele mostrar el optimismo típico del postmilenarismo. Puede que se crea que la predicación del evangelio tendrá éxito, pero un gran éxito a este respecto no es necesario dentro del esquema amilenarista, ya que no se espera un reinado literal de Cristo, ni una venida del reino antes de la venida del rey. Esto ha hecho que la perspectiva amilenarista sea más creíble que la postmilenarista en el siglo XX. Esto no quiere decir que el amilenarismo sea como el premilenarismo a la hora de esperar que se produzca un gran deterioro en las condiciones antes de la segunda venida. No obstante, no hay nada en el amilenarismo que excluya esa posibilidad. Y como no habrá ningún milenio antes de la segunda venida, el regreso del Señor puede que esté cerca. Sin embargo, en su mayor parte, los amilenaristas no se implican en ese tipo de búsqueda ansiosa de signos de la segunda venida que a menudo caracteriza a los premilenaristas.


 

Guy P. Duffield y Nathaniel M. Van Cleave

 

Los amilenialistas espiritualizan todas las referencias relativas al reinado de Cristo y las aplican a su gobierno espiritual sobre los corazones de los creyentes. Las profecías del Antiguo Testamento respecto al gobierno de Cristo en el trono de David se aplican igualmente a la iglesia. Todas las promesas a Israel son cumplidas por bendiciones sobre la iglesia, en tanto que la iglesia sea la Israel espiritual. Según la teoría Amilenial, una Israel nacional no tiene un destino futuro que difiera de aquel de las otras naciones. La enseñanza de Pablo acerca de las ramas naturales y silvestres del olivo en Romanos capítulo once contradice con bastante claridad la interpretación espiritual o figurativa de Israel.

 

DICCIONARIO Teológico Beacon

 

Esta interpretación rechaza el premilenialismo tradicional por considerarlo imposible, y enseña el reinado de mil años de Cristo con sus santos (Ap. 20:4) desde un punto de vista espiritual y no literal. Esta interpretación generalmente se da en una de estas dos formas: Aquellos que resucitarán pueden ser los que sufrieron martirio por la bestia, el anticristo. Contrario a lo que parecía cuando fueron martirizados, realmente no murieron sino que vivieron con Cristo en el cielo durante la era de la iglesia.
La segunda interpretación afirma que el pasaje bíblico en relación al milenio se refiere a la iglesia. Para comprenderlo debemos relacionarlo con pasajes como Efesios 2:1–6: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados… aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó”. La idea de atar a Satanás se encuentra también en Mateo 12:26–29, donde Jesús dice que él ató a Satanás.
La razón principal para interpretar Apocalipsis 20 desde el punto de vista amilenialista es por ser el único pasaje en el NT que habla de ese evento.
Debemos reconocer dos verdades. Primero, el NT generalmente señala que la resurrección de redención ocurrirá en la segunda venida de Cristo; y segundo, una interpretación premilenialista también enfrenta algunos problemas teológicos. Podemos subrayar dos aspectos más: Los que defienden la interpretación amilenial están convencidos de que el NT lo exige. Sin embargo, quienes rechazan la interpretación amilenial afirman que si la frase en el v. 5, referente a volver a vivir, habla de la resurrección escatológica–que es la interpretación generalmente aceptada–, entonces la misma palabra en el v. 4 debe referirse al mismo tipo de evento, esto es, la resurrección del cuerpo, con los mil años de intermedio.


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