Millard J. Erickson

El milenio hace referencia a el reinado de Jesucristo en la tierra. Se han desarrollado tres perspectivas principales sobre el milenio con referencia al fin de los tiempos. Una perspectiva amilenarista adopta la posición de que no habrá reinado de Cristo en la tierra, y que los pasajes de las Escrituras que se debaten sólo conciernen a los individuos de los tiempos del autor. La perspectiva postmilenarista considera que el milenio está en marcha precediendo a la segunda venida de Cristo. La perspectiva final, el premilenarismo, es el que ha conseguido más respeto entre los cristianos evangélicos actuales. Esta idea mantiene que la segunda venida precederá al milenio (el reinado de Cristo en la tierra). La perspectiva premilenarista también ha creado controversia en cuanto al papel de la tribulación y de la iglesia. Los que defienden el pretribulacionismo creen que Cristo arrebatará a la iglesia antes de la gran tribulación de la tierra. Otra perspectiva es el postribulacionismo que mantiene que la venida de Cristo se producirá después de la gran tribulación. Se han ofrecido otras perspectivas, pero las Escrituras parecen estar más de acuerdo con el punto de vista postribulacionista.

 

 

Wayne Grudem


La palabra milenio significa «mil años» (del lat. millenium, «mil años»). El término viene de Apocalipsis 20:4–5, donde dice que ciertos individuos «volvieron a vivir y reinaron con Cristo mil años … Los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años«. Justo antes de esta afirmación, leemos que un ángel descendió del cielo y sujetó al diablo «y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al abismo, lo encerró y tapó la salida para que no engañara más a las naciones, hasta que se cumplieran los mil años (Ap 20:2–3).
A lo largo de la historia de la iglesia ha habido tres puntos de vista principales sobre el momento y la naturaleza de este «milenio».



 

Stanley M. Horton

En Apocalipsis 20:1–3 y los versículos 7–10 se habla del juicio de Satanás. Este estará prisionero en el abismo durante mil años. El abismo será cerrado y sellado sobre él, de manera que no tendrá posibilidad de realizar actividad alguna en la tierra durante ese período. Entonces será puesto en libertad por corto tiempo, antes de su juicio eterno en el lago de fuego.
Mientras tanto, en Apocalipsis 20:4–6 Biblia habla de los que son sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil años. Este reino traerá consigo el cumplimiento de muchas profecías.
Apocalipsis 20:4 se refiere a dos grupos de personas. El primero se sienta en el trono a juzgar (es decir, a “gobernar”, que éste es el sentido de la palabra con gran frecuencia en el Antiguo Testamento). El mensaje a todas las iglesias (Apocalipsis 3:21–22) indica que éstos son todos los creyentes de la Era de la Iglesia que han permanecido fieles, convirtiéndose en vencedores; esto es, ganadores, triunfadores (Apocalipsis 2:26–27; 3:21; véase también 1 Juan 5:4). Entre ellos, tal como lo prometió Jesús, están los doce apóstoles para juzgar (regir) a las doce tribus de Israel (Lucas 22:30), puesto que Israel, restaurado, purificado, lleno del Espíritu Santo de Dios, sin duda alguna ocupará toda la tierra prometida a Abraham (Génesis 15:18).
Además de los vencedores procedentes de la Era de la Iglesia, Juan vio “almas”; esto es, personas vivas que habrán pasado por el martirio durante la tribulación (Apocalipsis 6:9–11; 12:15). Estos dos grupos son reunidos para reinar con Cristo durante los mil años. Este período será un tiempo de paz y bendición, en el que prevalecerá la justicia (Isaías 2:2–4; Miqueas 4:3–5; Zacarías 9:10). El Espíritu Santo realizará una obra de restauración. Hasta el mundo natural reflejará el orden, la perfección y la belleza que Dios quería que tuviese su creación. El mundo animal será transformado (Isaías 11:6–8; 35:25; Ezequiel 34:25). Sin embargo, aún habrá causa para el castigo y la muerte (Isaías 65:17–25). Esto significa que aún les será necesario tomar la decisión de seguir a Cristo en fe y obediencia a aquellos hijos que les nazcan durante el reinado milenial de Cristo en la tierra a los no creyentes que sobrevivieron a la tribulación.
En Apocalipsis 20:5 se hace una simple afirmación (aunque en forma de paréntesis) acerca de “los otros muertos”. Entre éstos se incluyen todos los que no estén en los dos grupos mencionados en el versículo 4. Es decir, este grupo incluye a todos los que han muerto en sus pecados, alejados de la gracia salvadora de Dios. Ellos no resucitarán hasta después del reinado milenial de Cristo.
“Ésta es la primera resurrección” (v. 5) significa que los mencionados en el versículo 4 completan la primera resurrección. Jesús habló de dos resurrecciones (Juan 5:29): la primera, la resurrección para vida de aquéllos que hayan hecho el bien que Dios quería que hiciesen, aceptando a Cristo y viviendo para Él; la segunda, la resurrección para juicio de aquéllos que han hecho el mal a través de su incredulidad. Sin embargo, de la misma manera que los profetas del Antiguo Testamento no indicaron la diferencia de tiempo entre la primera venida de Jesús y la segunda, tampoco Jesús indicó en Juan 5:29 la diferencia de tiempo entre las dos resurrecciones. Su propósito era animar a la gente a vivir para Dios, de manera que la diferencia de tiempo entre ambas no era pertinente para lo que estaba enseñando.
En 1 Corintios 15:20, 23 se nos muestra esto con mayor profundidad, cuando Pablo compara la primera resurrección con una cosecha. El Cristo resucitado es las “primicias” de la cosecha. La parte mayor de la cosecha llega “en su debido orden” en el momento de su venida a encontrarse con nosotros en los aires. Entonces, las espigaduras de la cosecha serán los martirizados durante la tribulación; así quedará terminada la primera resurrección para vida. La primera resurrección es llamada también “la resurrección de los justos” (Lucas 14:14). Se les identifica como bienaventurados (Apocalipsis 20:6) porque disfrutarán de la plenitud de las bendiciones de Dios. Son “santos”, es decir, consagrados a Dios y a su voluntad. Puesto que su resurrección es como la de Cristo, se levantan para no volver a morir. Por tanto, la “muerte segunda” (el lago de fuego) no tendrá poder sobre ellos.


 

Charles C. Ryrie

El instaurar el reino sobre la primera venida de Cristo resulta en un error teológico con muchas ramificaciones serias. Al decir reino, me refiero al gobierno del Mesías en la tierra como fue prometido a David (2 Samuel 7:12–16). El afirmar que Cristo estableció este reino davídico en Su primer advenimiento requiere una desliteralización de las promesas hechas a David, y resulta en confusión de la iglesia con el reino. Entre otras cosas, la ética de la iglesia y la del reino son entremezcladas, usualmente con el resultado de que se promueve la ética del reino más que la de la iglesia. De ese modo se insta a los cristianos a que vivan el reino en este tiempo.
Algunos durante la vida terrenal de Cristo cometieron este error (Lucas 19:11). La verdad es que el reino mesiánico será inaugurado a la segunda venida de Cristo. Entonces se cumplirá la promesa hecha a Abraham y sus descendientes (Génesis 15:18–21). Y se cumplirá la promesa hecha a David de que su Descendiente (Mesías) se sentaría en el trono del reino para siempre. Sin un Milenio en el cual se puedan cumplir todas estas promesas, las promesas tienen que cancelarse por alguna razón o ser cumplidas de otro modo que no sea literal.



Louis Berkhof

Hay quienes conectan con la idea del advenimiento de Cristo la idea de un milenio, sea inmediatamente antes o inmediatamente a continuación de la segunda venida. Aunque esta idea no es parte integral de la teología reformada, merece no obstante consideración aquí puesto que se ha vuelto bastante popular en muchos círculos. La teología reformada no puede darse el lujo de ignorar la amplia diseminación de las posturas mileniales de la actualidad, sino que debe definir una posición con respecto a estas. Algunos de los que esperan un milenio en el futuro sostienen que el Señor regresará antes del milenio y por lo tanto se los denomina premilenialistas; mientras que otros creen que Su segunda venida ocurrirá luego del milenio, y por lo tanto son conocidos como postmilenialistas. Hay grandes números, sin embargo, de quienes no creen que la Biblia justifique la expectación de un milenio, y se ha vuelto costumbre hablar de ellos como amilenialistas. La postura amilenialista es, como el nombre lo indica, puramente negativa. Sostiene que no hay suficiente fundamento escritural para esperar un milenio y está convencida firmemente que la Biblia favorece la idea de que la presente dispensación del reino de Dios será seguida inmediatamente por un reino de Dios en su forma consumada y eterna. Es consciente del hecho de que el reino de Jesucristo es representado como un reino eterno y no como algo temporal, Isaías 9:7; Daniel 7:14; Lucas 1:33; Hebreos 1:8; 12:28; 2 Pedro 1:11; Apocalipsis 11:15; y que entrar al reino del futuro es ingresar al estado eterno de uno, Mateo 7:21–22, entrar a la vida, Mateo 18:8–9 (cf. el contexto precedente), y ser salvo, Marcos 10:25–26. Algunos premilenialistas han hablado del amilenialismo como una postura nueva y como una de las innovaciones más recientes, pero esto ciertamente no coincide con el testimonio de la historia. El nombre ciertamente es nuevo, pero la postura a la que se aplica es tan antigua como el cristianismo. Tuvo al menos tantos defensores como el quiliasmo entre los Padres de la Iglesia de los siglos segundo y tercero, como se supone haber tenido en quiliasmo en su apogeo. Siempre ha sido la postura aceptada más ampliamente, es la única postura que está expresada o implícita en las grandes confesiones históricas de la Iglesia, y siempre ha sido la postura predominante en los círculos reformados.

 

Geerhardus J. Vos


El nombre se deriva de Apocalipsis 20:1–6. Satanás es atado por 1,000 años y encerrado en el abismo. Las almas de aquellos que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios y que no han adorado a la bestia o a su imagen, viven y reinan como reyes con Cristo durante mil años. El nombre quiliasmo significa lo mismo (χίλιοι = 1,000).
No es fácil decir lo que pretende el quiliasmo. Los quiliastas difieren enormemente entre sí. Kliefoth presenta los siguientes como sus rasgos principales: Cuando la predicación del evangelio haya llegado a todos los gentiles, Israel se convertirá a Cristo (como pueblo, en su totalidad), entonces el Señor aparecerá y devolverá a Israel a la tierra de Canaán y lo unirá a los creyentes de todas las épocas resucitados por Él. En una Jerusalén y Canaán glorificados, Israel, bajo las ordenanzas idealizadas y espiritualizadas del Antiguo Testamento, cumplirá el ideal de un estado cristiano y se convertirá en una metrópolis espiritual para todos los países, de la cual saldrá una obra misionera a gran escala. Al final de los 1,000 años, los elementos incrédulos de los países que lo rodean se unirán, se levantarán contra Tierra Santa y asediarán la Jerusalén glorificada. Al hacer eso, sin embargo, serán aplastados por el Señor, después de lo cual se producirá la resurrección general, el juicio final y el fin de este mundo.
Además de esto, hay una versión menos burda que habla de un retorno espiritual del Señor después de la aparición del anticristo y posteriormente de un período —no exactamente de mil años, pero sí de muchos años— de prosperidad y bendición inauditas para la iglesia y de contención del mal y Satanás. El cristianismo ocupará una posición de dominio mundial. En este período, pues, también se incluye la mayor parte de la predicación universal del evangelio.
Por último, todavía hay un tercer punto de vista que retoma muchos elementos del quiliasmo con respecto al futuro de los judíos y su preeminencia nacional, pero que sitúa todo esto en la eternidad, por lo tanto después de la resurrección general y el juicio final.
Dentro de estos límites, como se ha dicho, sigue habiendo grandes diferencias entre los quiliastas. Algunos afirman que los judíos primero se convertirán y que luego serán llevados a su tierra. Otros dicen que los judíos primero serán llevados a su tierra y allí se convertirán. Algunos sostienen que los santos resucitados vivirán en el cielo y otros los sitúan en la tierra; un tercer grupo cree que algunas veces estarán en el cielo y otras en la tierra. Hay quien mantiene que se aparecerán visiblemente a aquellos sobre quienes van a gobernar, otros que no se les verá. Algunos conciben a los creyentes o a los santos como ángeles; otros sostienen que durante los mil años la raza humana se reproducirá y multiplicará. Y con respecto al modo de contacto entre esta parte glorificada de la humanidad y la humanidad restante, todavía terrenal, prevalecen grandes diferencias de opinión.


 

Perspectivas Sobre La Tribulación

Millard J. Erickson


Un tema adicional es la relación del regreso de Cristo con el complejo de eventos conocidos como la gran tribulación. En teoría, todos los premilenaristas mantienen que habrá un gran disturbio de siete años de duración (esta cifra no hay que tomarla de forma literal) antes de la venida de Cristo. La cuestión es si habrá una venida separada para llevarse a la iglesia del mundo antes de la gran tribulación o si la iglesia soportará la tribulación y se reunirá con el Señor sólo después. La idea de que Cristo se llevará consigo la iglesia antes de la gran tribulación se llama pretribulacionismo; la idea de que de que se llevará la iglesia después de la tribulación se llama postribulacionismo. También existen ciertas posiciones intermedias que se mencionarán brevemente al final del capítulo. En la práctica, estas distinciones sólo las hacen los premilenaristas, que tienden a prestar más atención a los detalles del fin de los tiempos que los defensores del postmilenarismo o del amilenarismo.


Pretribulacionismo

El pretribulacionismo mantiene varias ideas distintivas. La primera tiene que ver con la naturaleza de la tribulación. Será, sin duda, una gran tribulación. Mientras que otros escatologistas ponen el énfasis en las dificultades y las persecuciones experimentadas por la iglesia a lo largo de la historia, los pretribulacionistas resaltan lo especial de la tribulación. Será algo sin comparación dentro de la historia. Será un periodo de transición que concluirá los tratos de Dios con los gentiles y preparará para el milenio y los eventos que se producirán en él. La tribulación no se tiene que entender de ningún modo como un tiempo para la disciplina de los creyentes o la purificación de la iglesia.
Una segunda idea importante sobre el pretribulacionismo es el arrebatamiento de la iglesia. Cristo vendrá al principio de la gran tribulación (o en realidad, justo en el momento de empezar la misma) para llevarse a la iglesia del mundo. Esta venida será secreta en cierto sentido. Los ojos de ningún creyente la verá. El arrebatamiento se describe en 1 Tesalonicenses 4:17: “Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” Obsérvese que en el arrebatamiento Cristo no descenderá literalmente a la tierra, como lo hará cuando venga con la iglesia al final de la tribulación.
El pretribulacionismo, pues, mantiene que habrá dos fases en la venida de Cristo, o incluso se podría decir dos venidas. También habrá tres resurrecciones. La primera será la resurrección de los muertos justos en el arrebatamiento, porque Pablo enseña que los creyentes que estén vivos no precederán a los que estén muertos. Después, al final de la tribulación, habrá una resurrección de esos santos que han muerto durante la tribulación. Finalmente, al final del milenio, habrá una resurrección de los no creyentes.
Todo esto significa que la iglesia estará ausente durante la tribulación. En esto consiste el arrebatamiento, en liberar a la iglesia de la tribulación. Podemos esperar la liberación porque Pablo prometió a los tesalonicenses que no experimentarían la ira que Dios dejaría caer sobre los no creyentes: “Dios no nos ha puesto para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,” (1 Ts. 5:9); “Jesús…nos libra de la ira venidera.” (1 Ts. 1:10).
Pero ¿qué pasa con las referencias en Mateo 24 que indican que algunos de los elegidos estarán presentes durante la tribulación? Tenemos que entender que la pregunta de los discípulos sobre cuál sería el signo de la venida de Jesús y el fin del siglo (24:3; cf. Hch. 1:6) ocurrió dentro de un contexto judío. Y según esto, la discusión de Jesús aquí se refiere principalmente al futuro de Israel. Es significativo que el Evangelio utilice el término general los “elegidos” en lugar del de “iglesia”, “cuerpo de Cristo” o cualquier expresión similar. Son judíos selectos, no la iglesia, los que estarán presentes durante la tribulación. La distinción entre Israel y la iglesia es una parte determinante y crucial del pre-tribulacionismo, que está aliado muy estrechamente con el dispensacionalismo. Se considera la tribulación como la transición entre ese trato principal que Dios tiene con la iglesia al restablecimiento de la relación original que tenía con su pueblo elegido, la Israel nacional.
En el pretribulacionismo también se pone un fuerte énfasis en que el regreso del Señor es inminente. Como su regreso precederá a la tribulación, nada queda sin cumplir antes del arrebatamiento. De hecho, el dispensacionalismo mantiene que todas las Escrituras proféticas que tienen que ver con la iglesia se cumplieron en el siglo primero. Es más, algunos antecedentes generales del escatón desde luego se pueden ver ahora: la fe de muchos se está desvaneciendo y la maldad está creciendo. (En realidad, estos son antecedentes de la venida de Cristo al final de la tribulación. Que algunos de ellos ya se estén produciendo sugiere un posterior incremento de estos fenómenos). Su venida por la iglesia, pues, podría ocurrir en cualquier momento, incluso en el próximo instante.
Jesús les advirtió a sus oyentes que estuviesen vigilantes, porque no sabían cuándo regresaría (Mt. 25:13). La parábola de las diez vírgenes expresa este mensaje. Al igual que en los tiempos de Noé no habrá señales de aviso (Mt. 24:36–39). Los malvados no supieron nada hasta que el diluvio llegó y se los llevó. La venida del Señor será como un ladrón en la noche (Mt. 24:43), o como el señor que regresa a su casa a una hora inesperada (Mt. 24:45–51). Habrá una separación repentina. Dos hombres estarán trabajando en el campo; dos mujeres estarán moliendo en el molino. En cada caso uno será tomado y el otro dejado. ¿Qué descripción más clara podría haber del arrebatamiento? Como podría suceder en cualquier momento, es sumamente apropiado mantener una actitud vigilante y una actividad diligente.
Hay otra base para creer que el regreso de Cristo es inminente. La iglesia puede tener una esperanza bienaventurada (Tit. 2:13) sólo si el siguiente suceso importante que va a acontecer es la venida de Cristo. Si el anticristo y la gran tribulación fueran los siguientes puntos en la agenda escatológica, Pablo le habría dicho a la iglesia que esperara sufrimiento, persecución y angustia. Pero en lugar de eso, instruyó a los tesalonicenses para que se alentasen mutuamente ante el hecho de la segunda venida de Cristo (1 Ts. 4:18). Como el siguiente evento, que la iglesia puede esperar con esperanza, es la venida de Cristo por la iglesia, no hay nada que pueda evitar que ocurra en cualquier momento.
Finalmente, el pretribulacionismo mantiene que habrá al menos dos juicios. La iglesia será juzgada después del arrebatamiento y se darán recompensas por la fidelidad. Sin embargo, la iglesia no estará implicada en la separación de las ovejas y las cabras al final del milenio. Su estatus ya habrá sido determinado.


Postribulacionismo

Los postribulacionistas mantienen que la venida de Cristo por su iglesia no sucederá hasta el final de la gran tribulación. Evitan utilizar el término arrebatamiento porque (1) no es una expresión bíblica y (2) sugiere que la iglesia escapará o será liberada de la tribulación, una idea que va en contra de la esencia del postribulacionismo.
Una primera característica del postribulacionismo es una interpretación menos literal de los sucesos de los últimos tiempos que la que dan los pretribulacionistas. Por ejemplo, mientras que los pretribulacionistas toman la palabra שָׁבוּעַ (shabua’) en Daniel 9:27 como una indicación de que la gran tribulación tendrá literalmente siete años de duración, la mayoría de los postribulacionistas sostienen únicamente que la tribulación durará un periodo sustancial de tiempo. De manera similar, los pretribulacionistas generalmente tienen una concepción concreta del milenio; según su punto de vista, muchas profecías se cumplirán literalmente dentro del periodo de los mil años. De hecho, este periodo se inaugurará cuando los pies de Cristo se afirmen literalmente sobre el monte de los olivos (Zac. 14:4). La manera que tienen los postribulacionistas de entender el milenio es de naturaleza mucho más general; por ejemplo, no durará necesariamente mil años.
Según los postribulacionistas, la iglesia estará presente durante la gran tribulación y la experimentará. El término escogidos de Mateo 24 (después de tribulación los ángeles juntarán a los escogidos— vv. 29–31) habría que entenderlo a la luz de su uso en otras partes de las Escrituras, donde significa “creyentes.” Desde Pentecostés el término escogidos ha denotado a la iglesia. El Señor preserva a la iglesia durante la tribulación, pero no la excluye de ella.
Los postmilenaristas trazan una distinción entre la ira de Dios y la tribulación. La ira (ὀργή—orgē) de Dios, las Escrituras dicen que cae sobre los malvados: “el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él (Jn. 3:36); “La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad,” (Ro. 1:18; ver también 2 Ts. 1:8; Apoc. 6:16–17; 14:10; 16:19; 19:15). Por otra parte, los creyentes no sufrirán la ira de Dios: “por él [Cristo] seremos salvos de la ira [de Dios]” (Ro. 5:9); “Jesús… nos libra de la ira venidera” (1 Ts. 1:10); “Dios no nos ha puesto para ira” (1 Ts. 5:9). Sin embargo, las Escrituras dejan claro que los creyentes experimentarán tribulación. La gran mayoría de las ocasiones en que aparece el nombre θλίψις (thlipsis) y el verbo correspondiente θλίβω (thlibo) hace referencia a que los santos sufren tribulación. El nombre se utiliza para denotar la persecución de los santos en los últimos tiempos (Mt. 24:9, 21, 29; Mr. 13:19, 24; Apoc. 7:14). Esto no es la ira de Dios, sino la ira de Satanás, el anticristo y los malvados contra el pueblo de Dios.
La iglesia ha sufrido tribulación a lo largo de su historia. Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción” (Jn. 16:33). Otras referencias significativas son Hechos 14:22; Romanos 5:3; 1 Tesalonicenses 3:3; 1 Juan 2:18, 22; 4:3 y 2 Juan 7. Aunque los postribulacionistas no niegan una distinción entre la tribulación en general y la gran tribulación, creen que la diferencia es solamente de grado, no de clase. Como la iglesia ha experimentado la tribulación a lo largo de su historia, no es sorprendente que también experimente la gran tribulación.
Los postribulacionistas reconocen que las Escrituras hablan de creyentes que escaparán o serán apartados de aflicciones inminentes. En Lucas 21:36, por ejemplo, Jesús les dice a sus discípulos: “Velad, pues, orando en todo tiempo que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.” La palabra aquí es ἐκφεύγω (ekpheugo) que significa “escapar del centro de.” Una referencia similar la encontramos en Apocalipsis 3:10: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero para probar a los que habitan sobre la tierra.” La preposición traducida por “de” realmente significa “del medio de.” Por tanto, los postribulacionistas argumentan que la iglesia será apartada del centro de la tribulación, no que se le evitará la misma, ya que esto normalmente exigiría la preposición ἀπό (apo). A este respecto, se nos recuerda la experiencia de los israelitas durante las plagas de Egipto.
De importancia adicional en Apocalipsis 3:10 es el verbo τηρέω (tēreō— “mantener”). Cuando se tiene a la vista una situación peligrosa, significa “guardar.” Aparece con la preposición ἐκ sólo en otro lugar en el Nuevo Testamento, Juan 17:15: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” Aquí τηρέω se contrasta con αἴρω (airō), que significa “levantar, cargar o quitar.” El último verbo expresa adecuadamente lo que los pretribulacionistas sostienen que Jesús hará con la iglesia en el momento del arrebatamiento. Es cierto, Jesús aquí está hablando de la situación de sus seguidores en el periodo inmediatamente después a su partida de la tierra, no de la tribulación. Sin embargo, el caso es que si Juan hubiese deseado enseñar en Apocalipsis 3:10 que Jesús “arrebatará” la iglesia, el verbo αἴρω estaba disponible. El apóstol aparentemente tenía en mente aquí lo mismo que en la última mitad de Juan 17:15, guardar a los creyentes del peligro actual más que liberarlos de la presencia de tal peligro.
El postribulacionista también tiene una forma diferente de entender la referencia de Pablo en 1 Tesalonicenses 4:17 a que nosotros recibiremos al Señor en el aire. El pretribulacionista mantiene que este suceso es el arrebatamiento; Cristo vendrá secretamente a por la iglesia, tomando con él a los creyentes en las nubes y llevándolos al cielo hasta el final de la tribulación. Sin embargo, los postribulacionistas como George Ladd, según el uso del término ἀπάντησις (apantēsis— “recibir”) en otras partes de las Escrituras, no están de acuerdo. Hay sólo otras dos ocasiones indiscutibles en las que aparece esta palabra en el Nuevo Testamento (Mt. 27:32 es textualmente sospechoso). Una de estas referencias es la parábola del las vírgenes sabias e insensatas, una parábola explícitamente escatológica. Cuando viene el novio, se anuncia: “¡Aquí viene el novio, salid a recibirlo [ἀπάντησις—apantēsis]!” (Mt. 25:6). ¿Qué significa la palabra en esa situación? Las vírgenes no salen para recibir al novio y luego irse con él. Lo que hacen es salir a recibirle y luego le acompañan de vuelta al banquete nupcial. La otra aparición de la palabra (Hch. 28:15) es en una narración histórica no escatológica. Pablo y su grupo iban hacia Roma. Un grupo de creyentes de Roma, oyendo que se aproximaban salieron al Foro de Apio y las Tres Tabernas a recibirlos (ἀπάντησις). Esto animó a Pablo, y el grupo continuó luego con él hacia Roma. Basándonos en estos usos, Ladd argumenta que la palabra ἀπάντησις sugiere un grupo de bienvenida que sale a recibir a alguien de camino y luego le acompañan de vuelta al lugar desde el que salieron. Así que nuestro reunirnos con el Señor en el aire no es un caso de ser llevados, sino de encontrarnos con él e inmediatamente volver con él a la tierra como parte de su triunfante séquito. Es la iglesia, no el Señor, la que se dará la vuelta en el momento del encuentro.
Los postribulacionistas tienen una forma de entender las últimas cosas menos compleja que sus homólogos los pretribulacionistas. Por ejemplo, en el postribulacionismo sólo hay una segunda venida. Como no hay un interludio entre la venida de Cristo por la iglesia y el final de la tribulación, no hay necesidad de una resurrección adicional de los creyentes. Sólo hay dos resurrecciones (1) la resurrección de los creyentes al final de la tribulación y al comienzo del milenio y (2) la resurrección de los impíos al final del milenio.
Los postribulacionistas también ven el complejo de eventos del final como básicamente unitario. Creen que este complejo de eventos es inminente, aunque no suelen pensar que la venida misma sea inminente en el sentido de que vaya a suceder en cualquier momento. Prefieren hablar de la segunda venida como próxima. Su esperanza bienaventurada no es una esperanza de que los creyentes sean apartados de la tierra antes de la gran tribulación, sino una confianza en que el Señor protegerá y cuidará a los creyentes pase lo que pase.


Posiciones intermedias

Como existen dificultades vinculadas tanto al pretribulacionismo como al postribulacionismo, se han creado una serie de posiciones intermedias. Se pueden señalar tres variedades principales. La más común es la perspectiva mediotribulacionista. Ésta mantiene que la iglesia pasará por la parte menos severa de la tribulación (que suele ser la primera parte, o los tres primeros años), pero que después será llevada de este mundo. En una formulación de esta perspectiva, la iglesia experimentará la tribulación, pero será llevada antes de que la ira de Dios se desate. Un segundo tipo de posición intermedia es la idea del arrebatamiento parcial. Esta idea mantiene que habrá una serie de arrebatamientos. Cada vez que un conjunto de creyentes esté preparado, será llevado de la tierra.40 La tercera posición intermedia es el postribulacionismo inminente. Mientras que el regreso de Cristo no se producirá hasta después de la tribulación, se puede esperar que esto suceda en cualquier momento, porque la tribulación puede que ya esté sucediendo. Ninguna de estas posiciones intermedias ha tenido un gran número de defensores, en particular en los últimos años. Por ello, no trataremos de ellas en detalle.42


Resolviendo problemas

Cuando se evalúan todas las consideraciones, hay varias razones por las cuales la posición postribulacionista parece ser la más probable:
1. La posición pretribulacionista hace varias distinciones que parecen bastante arbitrarias y faltas de apoyo bíblico. La división de la segunda venida en dos etapas, la postulación de tres resurrecciones y la rígida separación del Israel nacional y de la iglesia son difíciles de sostener según una base bíblica. La perspectiva pretribulacionista de que las profecías sobre el Israel nacional se cumplirán aparte de la iglesia y que, según esto, el milenio tendrá un carácter decididamente judío no se puede reconciliar fácilmente con la descripción bíblica de los cambios fundamentales que han sucedido con la introducción del nuevo pacto.
2. Varios pasajes específicamente escatológicos se interpretan mejor según el punto de vista postribulacionista. Estos pasajes incluyen las indicaciones de que individuos elegidos estarán presentes durante la tribulación (Mt. 24:29–31), pero estarán protegidos de su severidad (Apoc. 3:10), descripciones de los fenómenos que acompañarán a la aparición de Cristo, y la referencia a la reunión en el aire (1 Ts. 4:17).
3. La tendencia general de la enseñanza bíblica se ajusta mejor a la perspectiva postribulacionista. Por ejemplo, la Biblia está repleta de advertencias sobre los retos y pruebas que los creyentes tendrán que soportar. No promete que se les vaya a alejar de esas adversidades, sino que promete la fuerza para aguantar y poder superarlas.
Esto no quiere decir que no existan dificultades en la perspectiva postribulacionista. Por ejemplo, en el postribulacionismo hay relativamente poca justificación racional para el milenio. Parece ser en cierto modo supérfluo. Pero con todo, el equilibrio de evidencias favorece al postribulacionismo.


 

J. Oliver Buswell


Después de la instrucción acerca de la huida repentina que sería necesaria “cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel” (Mateo 24:15), Jesús procedió a predecir un tiempo de tribulación muy severa, pero muy breve (también está incluido en Mateo y Marcos). Dice, “porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:21, 22, ver Marcos 13:19, 20).


A. Las referencias de Daniel y Jeremías

La palabra “entonces”, tote, se refiere a la señal específica de la abominación. Jesús tiene en mente a Daniel, especialmente Daniel 12:1, 2: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” (Daniel 12:1, 2). Las palabras, “en aquel tiempo” de Daniel 12:1 también se refieren al tiempo cuando colocaron la “abominación desoladora”. (Ver también Daniel 11:31 y 12:11). Esta tribulación, la más severa, puede ser identificada con “el tiempo de angustia para Jacob”, porque Jeremías dice, “¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado” (Jeremías 30:7).


B. No el tiempo de la ira

Este tiempo de tribulación no se debe identificar con el tiempo de la ira de Dios. Tanto Mateo como Marcos registran las palabras del Señor acerca de catástrofes cósmicas “inmediatamente después de la tribulación de aquellos días…” (Mateo 24:29; Marcos 13:24, 25; Lucas 21:25, 26). El Señor procede a enumerar las cosas que vendrán después de la tribulación, señales y presagios que sucederán cuando Dios derrame Su ira (Apocalipsis 16:1–21). El hecho de que estos presagios vienen “después de la tribulación de aquellos días” significa que el derramamiento de las copas de ira (un tiempo erróneamente identificado con la “gran tribulación”) será después de este tiempo breve pero colmado de dificultades. El sufrimiento es común para la iglesia en todos los tiempos. En el primer viaje misionero, Pablo y Bernabé, volviendo de Derbe, pasaron por Listra, Iconio y Antioquía, “confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:21, 22). Después, Pablo escribió a los cristianos en la región de Tesalónica, que “nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis” (1 Tesalonicenses 3:3, 4).
La tribulación viene del hombre, generalmente, y el sufrimiento es común para la iglesia en todos los tiempos.
Pero la ira de Dios no es para la iglesia. Por la sangre de Cristo, “seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9). Corresponde a la iglesia “esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:10; ver Mateo 3:7; Lucas 3:7). “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:9). Aunque estas referencias a la salvación de la ira no dicen explícitamente que el rapto de la iglesia sucederá antes del derramamiento de las copas de ira, encajan bien con ese enfoque.


1. Textos colaterales
Hay otras pruebas más específicas de que el rapto de la iglesia sucederá antes del derramamiento de las copas de ira. Para repasar, ciertos detalles vienen a la mente en este momento – la abominación viene “a la mitad de los siete”, es decir, dentro de una serie breve de eventos que ocurren a la mitad de un período de siete años. Esta abominación está identificada con la venida del “hombre de pecado” (2 Tesalonicenses 2:3, 9). Es el mismo evento que la llegada al poder del “cuerno pequeño” (Daniel 7:24, 25), a quien se le permite continuar durante tres años y medio (Daniel 7:25b).
Este evento también se puede identificar con la llegada al poder de la bestia de Apocalipsis 13, quien hace guerra contra los testigos de Dios y los mata (Apocalipsis 11:7; 13:7; ver Daniel 7:21). La bestia es el cuerno pequeño. Tiene poder durante el mismo período de tiempo, tres años y medio, cuarenta y dos meses (Apocalipsis 13:5).
Volviendo ahora al asunto de la breve pero intensa tribulación, “acortada por causa de los elegidos” es digno de notar que cuando la bestia llega al poder y hace guerra contra los santos (cuando se revela como el anticristo, en el tiempo de la abominación”), ella mata a los dos testigos (Apocalipsis 11:7). Leemos, “Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra. Pero después de tres días y medio entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que los vieron. Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron” (Apocalipsis 11:8–12).
No es necesario decir que el período de tres días y medio, cuando los malvados del mundo celebran, exultando sobre los cadáveres de los testigos de Dios, será un tiempo de persecución horrible para todos los cristianos. Me parece más que una coincidencia que la breve pero intensa tribulación profetizada por el Señor sigue inmediatamente después de la “abominación”, y que los tres días y medio de regocijo sobre los cadáveres de los testigos también siguen inmediatamente después del mismo evento. ¿No será que este período de tres días y medio es el tiempo de breve pero intensa tribulación? ¿No parece probable también que la resurrección y ascensión de los dos testigos “en la nube” (Apocalipsis 11:12) sincroniza precisamente con el rapto de la iglesia?
En el estudio de la escatología del Apocalipsis, repasaremos de nuevo esta correlación de datos desde otra perspectiva.


C. El “hombre de pecado”

Otra corroboración de este orden de eventos se encuentra en 2 Tesalonicenses, capítulo 2. Pablo dice, “Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Tesalonicenses 2:1–3).
Note que la palabra traducida “apostasía” es la palabra griega “rebelión”. Si la traducimos así, parece que es un solo evento, y no dos, una sola rebelión que constituye la señal para todos lo cristianos que deben huir y esconderse.
Ciertamente las Escrituras enseñan que la apostasía en la iglesia organizada aumentará antes del retorno del Señor. En 1 Timoteo 4:1, Pablo dice, “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”. La palabra, “apostatarán” viene del griego apostesontai y significa un abandono de la fe que uno profesaba previamente.
Pero la palabra apostasía en 2 Tesalonicenses 2:3 no necesariamente implica una apostasía religiosa. Significa básicamente un abandono hostil, una rebelión. En 2 Tesalonicenses 2, Pablo está hablando de una señal observable, previa de cual los cristianos de Tesalónica no tendrían motivo para temer. Es difícil ver cómo una apostasía religiosa podría ser tal señal. Ha habido muchos períodos de apostasía en la iglesia. Uno de los más grandes se observó justo antes de Lutero y Calvino. Cuesta visualizar cómo una apostasía podría funcionar como una señal específica en el sentido en que Pablo usa la palabra en 2 Tesalonicenses 2:3.
Por otro lado, la palabra apostasía regularmente significa una revuelta o una rebelión, y así es usada en la Septuaginta. Traducir la palabra así es justificado por el uso establecido, y pone las palabras de Pablo en unión con las palabras de Cristo. Tal como la abominación en el sermón del monte de los Olivos es una señal de que huyan los cristianos de Jerusalén a esconderse en las montañas, así también para Pablo la rebelión que involucra la revelación del hombre de pecado es una señal, previa de cual los cristianos no tienen que temer.
Algunos pre–milenialistas han propuesto la idea de que la apostasía en 2 Tesalonicenses 2:3 es el “abandono” de la iglesia, saliendo en el rapto. Contra esta idea es el hecho de que apostasía uniformemente significa una salida, un abandono, que representa algo hostil desde el punto de vista del escritor. No puedo encontrar ningún caso en que esta palabra, como verbo o como sustantivo, se refiera a una salida en que el que habla, o el que escribe, o los amigos del escritor, se van. Siempre designa una salida en un sentido hostil.
Evidentemente Pablo había instruido a los cristianos de Tesalónica con respecto a las palabras de Cristo acerca de la reunión (episunagoge) de la iglesia a juntarse con el Señor (Mateo 24:31; 1 Tesalonicenses 4:17; 2 Tesalonicenses 2:1). Habrá un tiempo breve pero intenso de dificultades, cuando los cristianos tendrán que esconderse en las montañas. Sin embargo, este tiempo no debe producir miedo hasta que la abominación desoladora haya sido colocada en el lugar santo, o (y es el mismo evento) hasta que haya sucedido la rebelión y el hombre del pecado haya sido manifestado.
Pablo continúa con un comentario sobre una porción del sermón del monte de los Olivos. ¿Cómo será la “abominación desoladora” cuando haya sido colocada en el lugar santo? Pablo explica que el hijo del pecado, el hijo de destrucción, “se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto (ver Daniel 11:36); tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:4).
Parece obvio que Pablo considera que el hombre del pecado es el príncipe del pacto de Daniel 11:22, quien erige la abominación desoladora (Daniel 11:31; ver 9:27; 12:11).
Pablo después hace referencia a algo que había enseñado mientras estaba con los tesalonicenses. “No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto? Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene (al hijo de pecado), a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo tiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca (Isaías 11:4), y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2:5–8).
Con respecto a esta referencia a “lo que lo detiene”, sugiero que hemos ayudado a entenderlo en otras discusiones anteriores. Aunque no estamos seguros exactamente de lo que quiso decir Pablo, pero sí estamos seguros de quién es la fuente de ese poder que restringe. Cuando Pablo dice, “vosotros sabéis lo que lo detiene”, podríamos contestar, “Sí, sabemos que, como sea el agente de esta restricción, el poder viene del Dios soberano”. Dios está evitando que el anticristo sea manifiesto hasta el tiempo apropiado. Cuando Dios decide retirar Su mano, salir del camino, entonces el hombre de pecado será revelado.
La manera en que Pablo describe el hombre de pecado (vv. 9–12) lo identifica con el cuerno pequeño de la profecía en Daniel 7, con el príncipe que hace el pacto en Daniel 9, con el príncipe del pacto en Daniel 11 y 12, y con la primera bestia de Apocalipsis 13.



EL PREMILENARISMO

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LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

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Wayne Grudem


Aquellos que están persuadidos de los argumentos a favor del premilenarismo, deben decidir sobre una cuestión adicional: ¿Regresará Cristo antes o después de la «gran tribulación»?
La expresión «gran tribulación» en sí misma viene de Mateo 24:21 (y paralelos), donde Jesús dice: «Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá». El premilenarismo histórico cree que Cristo regresará después de esa tribulación, pues el pasaje continúa: «E inmediatamente después de la tribulación de aquello días, el sol se oscurecerá … entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria» (Mt 24:29–30). Pero, como se explicó arriba, en los siglos diecinueve y veinte se hicieron populares una variedad de premilenarismos que sostiene una venida de Cristo pretribulacionalista». Esto se llama a menudo el punto de vista del «rapto pretribulacionalista», porque sostiene que cuando Cristo regrese por primera vez la iglesia será «raptada» o arrebatada a los cielos para estar con él.
Los argumentos para tal rapto pretribulacionalista son los siguientes:
1. Todo el período de la tribulación será un tiempo en que se derramará la ira de Dios sobre la tierra. Por lo tanto, no sería apropiado que los cristianos estén sobre la tierra en ese tiempo.
2. Jesús promete en Apocalipsis 3:10: «Yo te guardaré de la hora de la tentación que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra». Este pasaje indica que se sacará a la iglesia del mundo antes que llegue esa hora de prueba.
3. Si Cristo regresa después de la tribulación y derrota a todos sus enemigos, ¿entonces de dónde vendrán los incrédulos que necesariamente deben poblar el reino milenario?:La posición pretribulacionalista„ sin embargo, vislumbra miles de judíos creyentes que se han vuelto cristianos durante la tribulación y que entrarán al reino milenario en cuerpos no glorificados.
4. Este punto de vista hace posible creer que Cristo podría venir en cualquier momento (su venida antes de la tribulación) y que aun deben cumplirse muchas señales antes que él venga (su venida después de la tribulación, cuando se hayan cumplido las señales).
Aunque este no es un argumento específico a favor de una posición pretribulacionalista, también debe notarse que los pretribulacionistas ven entonces la enseñanza sobre la tribulación en Mateo 24 y las advertencias y aliento dados a los creyentes en esa situación como aplicables a los judíos creyentes durante la tribulación, y no a la iglesia en general.
En respuesta a estos argumentos, se deben hacer las observaciones siguientes:
1. No es consistente con las descripciones de la tribulación en el Nuevo Testamento decir que todo el sufrimiento que ocurra durante ese tiempo es específicamente el resultado de la ira de Dios. Mucho del sufrimiento se debe al hecho que la maldad se multiplicará (Mt 24:12) y al hecho que crecerá mucho la persecución de la iglesia y la oposición de Satanás durante este período. Por supuesto, todos los cristianos (ya sean gentiles o creyentes judíos) evadirán la ira de Dios en todo momento, pero esto no significa que evadirán todo sufrimiento, aun en tiempos extremadamente difíciles.
2. El hecho de que Jesús diga a los fieles creyentes de la iglesia de Filadelfia (Ap 3:10) que él los guardará de la hora de prueba que viene sobre todo el mundo no es una evidencia lo suficientemente fuerte como para decir que se sacará a la iglesia entera del mundo antes de la tribulación. Primero, esta declaración se hace a una iglesia específica (Filadelfia) y no debe aplicarse a toda la iglesia en algún punto futuro de la historia. Por otra parte, «la hora de tentación que vendrá sobre el mundo entero» no tiene que referirse al tiempo de la gran tribulación, sino que más probablemente se refiere al tiempo de gran persecución y sufrimiento que vendría sobre todo el Imperio Romano o todo el mundo habitado. Por último, la promesa que la iglesia en Filadelfia sería guardada no implica que los sacarían del mundo, sino simplemente que se les mantendría fieles y se les guardaría de sufrir daños derivados de ese período de sufrimiento y prueba.
3. No favorece al punto de vista pretribulacionalista decir que debe haber algunos en cuerpos no glorificados que entrarán en el milenio, porque (desde un punto de vista postribulacionalista) cuando Cristo venga al fin de la tribulación derrotará todas las fuerzas que dispuestas contra él, pero eso no significa que las matará o aniquilará a todas. Muchos simplemente se rendirán sin confiar en Cristo, y así entrarán al milenio como incrédulos. Y durante todo el período del milenio muchos se convertirán sin duda a Cristo y también se volverán creyentes.
4. El punto de vista pretribulacionalista no es el único consistente con las ideas de que Cristo podría volver en cualquier momento que haya señales que precedan su regreso. La posición presentada en el capítulo anterior —que es poco probable pero posible que las señales se hayan cumplido— es también consistente con estas ideas.
Pero debe decirse que detrás de este argumento de los pretribulacionistas hay una preocupación de más peso: El deseo de preservar una distinción entre la iglesia (que ellos piensan será alzada al cielo para estar con Cristo) e Israel (que piensan constituirá el pueblo de Dios sobre la tierra durante la tribulación y entonces durante el reino milenario). Pero, como hemos anotado en un capítulo anterior, el Nuevo Testamento no respalda una distinción de este tipo entre Israel y la iglesia. Por consiguiente, esto no implica la necesidad de contemplar una distinción entre estos grupos en el tiempo de la tribulación y el milenio.
Hay una variante de la posición del rapto pretribulacionalista que se conoce como el punto de vista del rapto midtribulacionalista. Este se define por Gleason Archer en su ensayo: «The Case for the Mid-Seventieth-Week Rapture Position». Él ve la tribulación como separada en dos mitades. Los primeros tres y medio años se caracterizan por la ira del hombre, y la iglesia está presente en ese tiempo. Los segundos tres y medio años se caracterizan por la ira de Dios, y durante ese tiempo la iglesia está ausente de la tierra. El argumento primario de la Escritura para respaldar un rapto midtribulaciolista es el hecho de que en Daniel 7:25, 9:27, y 12:7 y 11, así como en Apocalipsis 12:14, los siete días o tiempos a que se alude están cortados en mitades, al mencionar el intervalo de tres y medio tiempos o tres y medio días en una semana simbólica, apuntando de esa manera a un período de tres y medio años, tras el cual el se rescataría al pueblo de Dios de la tribulación. Otro argumento a favor de esta posición es que destaca el sentido de expectación ante el regreso de Cristo, pues tres y medio años es un período más corto de tiempo que siete años.
No obstante, aunque los pasajes de Daniel sí hablan de una interrupción de la séptima semana que Daniel predice para el futuro, no dan ninguna indicación clara de que los creyentes serán removidos de la tierra a mediados de la semana. También es difícil ver que la expectativa de una tribulación de tres años y medio provee una sensación de inminencia mucho mayor que la que provee la expectativa de una tribulación de siete años.
Por último, algunas objeciones a la posición del rapto pretribulacionista se pueden plantear en forma de argumentos a favor del punto de vista del rapto postribulacionista (el punto de vista premilenario histórico que Cristo regresará tras un período de tribulación sobre la tierra):
1. El Nuevo Testamento no dice claramente en ningún lugar que la iglesia será sacada del mundo antes de la tribulación. Si fuera a ocurrir este significativo even-to, podríamos por lo menos esperar que se hallara una enseñanza específica a ese efecto en el Nuevo Testamento. Ciertamente Jesús nos dice que el regresará y nos tomará para estar con él (Jn 14:3), y Pablo nos dice que seremos arrebatados a las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire (1 Ts 4:17), y que seremos transformados en un abrir y cerrar de ojos y recibiremos un cuerpo incorruptible (1 Co 15:51–52), pero los creyentes han entendido cada uno de estos pasajes a lo largo de la historia, no como que hablan de un rapto secreto de la iglesia antes de la tribulación, sino de un rapto público (o «arrebato») muy visible de la iglesia para estar con Cristo precisamente unos momentos antes de su venida a la tierra junto con ellos para reinar durante el reino milenario (o de acuerdo con el punto de vista amilenario, durante el estado de eternidad).
Por otro lado, es muy difícil comprender 1 Tesalonicenses 4:17, el único pasaje que habla explícitamente del hecho que la iglesia será «arrebatada» (o raptada), para hablar de la idea de una venida secreta. Este dice: «El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios» (1 Ts 4:16). De estas palabras Leon Morris correctamente dice: «Puede ser que con esto él intenta hacernos comprender que el rapto ocurrirá en secreto, y que nadie excepto los propios santos sabrán lo que sucede. Pero a duras penas se podría deducir esto de sus palabras. Es difícil ver cómo podría él describir más explícitamente algo que es manifiesto y público»
La doctrina del rapto pretribulacionista resulta de una inferencia de varios pasajes. Primero, la poderosa trompeta convoca a la reunión de los elegidos en Mateo 24:31, el sonido de la trompeta de Dios en 1 Tesalonicenses 4:16, y el toque final de la trompeta cuando nuestros cuerpos serán transformados en 1 Corintios 15:51–52, todo parece ser el mismo toque de trompeta—la trompeta que suena justo antes del milenio. Si de veras es «el último toque de trompeta» (1 Co 15:52), entonces es difícil ver cómo otro poderoso toque de trompeta (Mt 24:31) podría seguirlo siete años después.
Además, es muy difícil pensar que Mateo 24 no se refiera a la iglesia, sino al pueblo judío que se salvaría durante la tribulación. Jesús se dirige a sus discípulos (Mt 24:1–4) y los alerta de la persecución y el sufrimiento que vendrán. Les habla de la gran tribulación por venir, y entonces dice que «inmediatamente después de la tribulación de aquellos días» aparecerán señales cósmicas y «se angustiarán todas las razas de la tierra. Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria» (Mt 24:30). ¿Pero sería verosímil que Jesús, al decir estas cosas a sus discípulos, intentara que sus palabras se aplicaran, no a la iglesia, sino solo a un futuro reino terrenal del pueblo judío que se convertiría durante la tribulación? Tampoco parece verosímil que los discípulos estén aquí como representantes de un futuro reino judío y no como representantes de la iglesia, a cuyo establecimiento estaban tan estrechamente ligados como su fundamento (Ef 2:20).
3. Por último, el Nuevo Testamento no parece justificar la idea de dos regresos de Cristo separados (uno para su iglesia antes de la tribulación y entonces, siete años después, con su iglesia para juzgar a los incrédulos). Una vez más, en ningún pasaje se enseña explícitamente ese punto de vista, sino que este es simplemente una inferencia extraída de las diferencias entre distintos pasajes que describen el regreso de Cristo desde distintas perspectivas. Pero no es nada difícil ver estos pasajes como refiriéndose a un solo evento que ocurrió en un momento.
Parece mejor concluir, con la gran mayoría de la iglesia a través de la historia, que la iglesia atravesará el tiempo de tribulación predicho por Jesús. Probablemente no habríamos escogido este sendero por nosotros mismos, pero la decisión no estaba en nuestras manos. Y si Dios quiere que alguno de nosotros que ahora vivimos permanezcamos sobre la tierra hasta el tiempo de esta gran tribulación, entonces debemos prestar oídos a las palabras de Pedro: «Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes (1 P 4:14), y «Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos» (1 P 2:21). Esta idea de que los cristianos deben estar preparados para soportar sufrimientos también se observa en las palabras de Pablo de que somos coherederos con Cristo: «pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria» (Ro 8:17). Y podemos recordar que desde el tiempo de Noé al tiempo del martirio de los primeros apóstoles, ha sido frecuentemente el camino de Dios traer a su pueblo a la gloria a través del sufrimiento, pues hizo lo mismo con su propio Hijo. «En efecto, a fin de llevar a muchos hijos a la gloria, convenía que Dios, para quien y por medio de quien todo existe, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos» (Heb 2:10). Es del Salvador, el mismo que ha sufrido más de lo que ninguno de sus hijos nunca sufrirán, que recibimos la admonición: «No tengas miedo de lo que estás por sufrir … Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Ap 2:10).


 

Charles C. Ryrie


Al describir el período de la Gran Tribulación, nuestro Señor dijo que será una tribulación “cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21). Será un tiempo de aflicción único en la historia del mundo. Ha habido muchos tiempos difíciles desde que el Señor habló estas palabras, y El mismo advirtió a los discípulos: “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). ¿Qué es, pues, lo que hace diferente a este período futuro? ¿En qué será única la Gran Tribulación?
Dos características distinguirán la Tribulación de todos los otros tiempos difíciles que el mundo ha visto. Primero, será mundial, no localizada, según se declara en la promesa de liberación (Apocalipsis 3:10) y como se describe en detalle en los juicios del Apocalipsis. Las intensas persecuciones y calamidades locales del presente no pueden ser el principio de la Tribulación, porque ese tiempo afectará “el mundo entero”.
Entonces también la Tribulación será diferente por la forma en que actuarán los hombres. En uno de los primeros juicios, los hombres se esconderán en los fosos y cavernas de las montañas y dirán a los montes y a las peñas: “Caed sobre nosotros, y escondernos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero” (6:16). Cuando llegue la Gran Tribulación, los hombres actuarán como si el mundo estuviera llegando a su fin.
Por años los hombres han estado hablando como si pensasen que el fin está cerca, pero al principio de la Tribulación se darán cuenta de que el fin está realmente a las puertas. Científicos, políticos, y aun líderes de la iglesia nos advierten hoy en día que el fin de la historia humana puede que esté sobre nosotros, y aun usan la palabra “Armagedón”, pero la gente no está actuando como si de veras lo creyesen. Se están comprando y vendiendo bienes raíces, acumulándose ahorros, y continuamente haciéndose planes para el futuro. Pero cuando la Tribulación venga, las personas se esconderán en refugios antibombas y realmente buscarán la muerte más bien que tratar de preservar la vida. El futuro, en esos días, no tendrá ninguna atracción.
Lo peculiar de la Tribulación está en su alcance mundial y en su terror, que causará que los hombres quieran morirse antes que vivir. Por un tiempo durante la Tribulación, aun el suicidio será imposible, y los hombres se verán obligados a vivir.


 EL PRINCIPIO DE LA TRIBULACION

La Tribulación no comienza necesariamente el día que la iglesia sea llevada para encontrarse con el Señor en el aire. Aunque yo creo que el Rapto precede al principio de la Tribulación, en realidad nada se dice en las Escrituras tocante a si habrá o no algún tiempo (o cuánto tiempo) entre el Rapto y el comienzo de la Tribulación.
La Tribulación, en realidad, comienza con la firma de un pacto entre el líder de los “Estados Federados de Europa” y el pueblo judío. Este acuerdo pondrá en marcha los eventos de la septuagésima semana (o siete años) de la profecía de Daniel. Hay un intervalo de duración indeterminada entre las primeras sesenta y nueve semanas de siete años cada una y la última o septuagésima semana de siete años.
Nosotros estamos viviendo en ese intervalo. Es el tiempo en el cual Dios está formando la iglesia, el cuerpo de Cristo, por salvar a judíos y gentiles por igual. Puesto que Dios todavía no ha terminado el programa presente, la última semana de las setenta todavía no ha empezado. Cuando esto ocurra, Dios de nuevo pondrá Su atención en manera especial sobre Su pueblo, los judíos, y Su santa ciudad Jerusalén, como se bosqueja en Daniel 9:24.
Cuando empiece este último período de siete años, “por otra semana confirmará el pacto con muchos” (v. 27). ¿De quién se habla aquí? Gramaticalmente se pudiera referir al Mesías (v. 26) o al “príncipe que ha de venir”, que probablemente esté relacionado con el pueblo de los que destruyeron a Jerusalén en 70 A.D. El último punto de vista es el mejor, porque usualmente se prefiere el antecedente que esté más cerca del pronombre, y en este caso es el príncipe, no el Mesías. Además, tampoco hay nada en el relato de la vida de Cristo que en alguna manera lo conecte con hacer (y después romper) un pacto de siete años con el pueblo judío.
Este hombre es el “cuerno pequeño” (7:24–25) que encabeza la coalición de naciones occidentales en los días de la Tribulación. A él también se le llama “el hombre de pecado” (2 Tesalonicenses 2:3), y se le menciona como la bestia (Apocalipsis 11:7; 13:1; 17:11; 19:20). Al principio de la Tribulación él hará un pacto, o entrará en alianza, con Israel. Este acuerdo alineará al Occidente con la nación judía y garantizará protección a Israel para que pueda restablecer los antiguos ritos del judaísmo. Parece que esta provisión también asegurará protección mientras que Israel reconstruye el templo en Jerusalén como centro de sus observancias religiosas. Es obvio que un templo se construya durante la primera parte de la Tribulación, puesto que sabemos que el pacto se romperá y el hombre de pecado será adorado en el templo de Dios (2 Tesalonicenses 2:4).
A la luz de los eventos contemporáneos es interesante el alineamiento de Europa occidental con Israel. Parece indicar que la nación de Israel por sí sola no será suficientemente fuerte para sentirse segura ante todos los estados hostiles que la rodean. Ella no podrá “arreglárselas sola” a estas alturas, y por tanto formará una alianza con las naciones occidentales. Entonces la perspectiva para Israel parecerá prometedora. Se sentirá segura en su tierra; estará adorando de acuerdo al patrón del Antiguo Testamento; tendrá su templo de nuevo en Jerusalén; y será importante entre las naciones del mundo. Pero esto sólo es el principio.


 LOS JUICIOS DE LOS SELLOS, LAS TROMPETAS,
Y LAS COPAS

A. La secuencia

Apocalipsis 6–19 describe la Tribulación en detalle. Aquí leemos de tres series de juicios. La primera se relaciona con la apertura de los siete sellos de un pergamino; la segunda, con el sonido de siete trompetas; y la tercera, con el derramamiento del contenido de siete copas.
¿Presentan estas tres series de juicios una sucesión de eventos, o recapitulan con mayor intensidad las trompetas y las copas los juicios de los siete sellos? En otras palabras, ¿siguen los juicios de las trompetas y de las copas a los de los sellos como juicios diferentes y distintos, o representan los mismos juicios?
Yo creo que las tres series se suceden la una a la otra en secuencia cronológica y que no hay recapitulación. De cualquier manera, sin embargo, los juicios de los sellos son los primeros juicios de los días de la Tribulación, y probablemente ocurrirán durante el primer año de ese período.

B. Los sellos

1. El juicio del primer sello (Apocalipsis 6:1–2). La apertura del primer sello le reveló a Juan un caballo blanco montado por uno que salió a conquistar. Al interpretar el Apocalipsis, siempre comience con lo que está más claro. Aquí, es bastante obvio que en los primeros meses de la Tribulación naciones serán conquistadas por el jinete que monta el caballo. Algunos creen que este jinete es el hombre de pecado, la cabeza de la coalición de naciones occidentales. A su método de conquistar, sin embargo, nosotros lo llamaríamos guerra “fría”. Claramente, esta descripción coincide exactamente con el cuadro del principio de la Tribulación dado en 1 Tesalonicenses 5:3 —días en que los hombres estarán hablando de paz y seguridad—. Esto puede que indique que estamos viviendo en los días que preceden inmediatamente a la Tribulación —pero, por otro lado, no hay nada en la Palabra de Dios que indique que no pueda haber otra guerra mundial en esta presente edad, entonces otro período de paz antes que venga el Señor—. Otros escritores evangélicos concuerdan en que el primer jinete representa simplemente el espíritu de conquista —una actitud que ha caracterizado a las naciones desde el principio de la historia—. Sin duda, este espíritu se intensificará a medida que se acerque el fin.

2. El juicio del segundo sello

(Apocalipsis 6:3–4). En el juicio del segundo sello, la paz será quitada de la tierra y los hombres harán guerra unos contra otros. La frase, “se le dio una gran espada”, confirma esta interpretación. El color rojo del segundo caballo sugiere matanza. La guerra siempre ha seguido al espíritu de conquista.
3. El juicio del tercer sello (Apocalipsis 6:5–6). El tercer juicio (probablemente todavía en el primer año de la Tribulación) trae hambre al mundo. Un caballo negro representa este evento, y la balanza que lleva este jinete en la mano indica un cuidadoso racionamiento de los alimentos. El denario romano (v. 6) era el pago de un día de trabajo en Palestina en los días de Jesús (Mateo 20:2). Normalmente alcanzaría para comprar diez kilos de trigo o treinta de cebada. En las condiciones de escasez de estos días venideros, el salario de un día bastará sólo para una medida de trigo o tres de cebada —una décima parte de la provisión normal de comida. Sin embargo, hay una peculiaridad irónica en esta situación de carestía. El aceite y el vino, las mismas cosas que la mayoría de las personas no se pueden dar el lujo de disfrutar, no escasearán. La escasez de los alimentos básicos y la abundancia de los artículos de lujo constituirán una burla para las personas comunes en su condición de pobreza.
4. El juicio del cuarto sello (Apocalipsis 6:7–8). Este caballo, textualmente, será de un verde amarillento. Es el único jinete que se nombra, y se le llama Muerte. La Muerte, por supuesto reclama la parte física del hombre, y es acompañada por el Hades, el lugar de los muertos (v. 8), que reclama la parte inmaterial. El efecto de este juicio será devastador —un cuarto de la población de la tierra morirá a causa de la espada (guerra), del hambre (la carestía que a menudo acompaña a la guerra), de la muerte (posiblemente por las plagas y las enfermedades que siguen a la guerra), y de las bestias feroces de la tierra, que aparentemente no estarán restringidas durante este tiempo y vagarán por doquier libremente, matando a los seres humanos. Las componendas planeadas astutamente por el hombre para traer la paz, la abundancia, y la longevidad se irán a pique en el corto período de tiempo que tomará este juicio.
5. El juicio del quinto sello (Apocalipsis 6:9–11). Aunque la acción del quinto sello es en el cielo, éste presupone que ciertos eventos han ocurrido en la tierra. El grupo de mártires en el cielo (v. 9) implica que estas personas han sido ya martirizadas en la tierra, a principio de la Tribulación. Serán matados a causa de su testimonio.
6. El juicio del sexto sello (Apocalipsis 6:12–17). Este juicio desata destrucción universal sobre la tierra. Incluirá seis eventos catastróficos: (1) Ocurrirá un gran terremoto sin igual. (2) El sol se oscurecerá de modo que se pondrá negro como tela de cilicio. El texto no dice que el sol se convertirá en tela de cilicio, sino que se oscurecerá como tela de cilicio. (3) La luna se volverá toda roja como sangre. (4) Habrá una lluvia de meteoritos, con todas los efectos devastadores que naturalmente le siguen. (5) Aparentemente los cielos se abrirán por un momento para que los hombres tengan un vistazo de esa escena aterradora, que incluye a Dios en Su trono. (6) Toda montaña e isla se removerán de su lugar.
Estos juicios producirán terror en el corazón de todo hombre viviente. Sus corazones se llenaran de temor —no principalmente a causa de los disturbios físicos o las terribles guerras y pestilencias, sino porque verán a Dios en Su trono. Los hombres rogarán que se les encubra “del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero”. Ellos recurrirán a cualquier medida con tal de evitar enfrentarse a su Creador y Juez, hasta buscar la muerte bajo las piedras y las montañas en las cuales tratarán de esconderse. Personas de toda clase (v. 15) serán afectadas. Como ha ocurrido a través de la historia, no habrá ninguna vuelta general o en masa hacia Dios en arrepentimiento, sino sólo una vuelta del rostro de Dios.
Estos serán los primeros juicios de la Tribulación. Pero serán sólo el principio —lo peor queda por venir.


  LOS REDIMIDOS DE LA TRIBULACION

Al llegar el quinto sello numerosos creyentes verdaderos ya habrán sido martirizados. En otras palabras, durante los primeros años de la Tribulación habrá un testimonio genuino del Evangelio, y a esto se opondrá la iglesia ecuménica, que estará “ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús” (17:6). En nombre de la religión, la iglesia organizada de la primera parte de la Tribulación matará a los verdaderos creyentes a causa de su fe.
Pero, ¿cómo estos verdaderos creyentes habrán llegado a convertirse? Con el rapto de la iglesia, todos los creyentes habrán sido removidos de la tierra, y por ende ninguno quedará en la tierra inmediatamente después del Rapto. Si va a haber mártires, primero tiene que haber creyentes. ¿Cómo se salvarán los hombres? Apocalipsis 7:1–8 nos lleva a un paréntesis en el juicio. Aun el viento no sopla. (Incidentalmente, ¿puede usted imaginarse el efecto sobre el clima de la cesación del viento aun por un corto tiempo? Agréguele los trastornos en la topografía de la tierra, con el traslado de las islas y las montañas, y comenzará a entender el caos acrecentado que habrá durante estos primeros años de la Tribulación.)
Esta interrupción de los juicios ocurre para que las personas de cierto grupo puedan ser “selladas” (v. 3). Estos individuos son llamados “los siervos de nuestro Dios”. Los versículos 4–8 los describen en detalle. Son judíos de las doce tribus, y realizan algún servicio especial para Dios. Si el sello que se les pone es una marca visible o alguna característica peculiar, no se declara ni se implica en el texto. Un sello no tiene que ser visible para que sea real (Efesios 4:30). Es primordialmente una garantía de posesión y seguridad. Ambas ideas están implicadas en el sellamiento de este grupo. Estos individuos son posesión de Dios, lo cual significa que son redimidos. Dios los mantiene seguros, lo que puede significar que los protege de sus enemigos mientras completan su servicio en la tierra para El.
Pero ¿cómo estas personas se salvaron? Aunque no habrá cristianos en la tierra inmediatamente después del Rapto, sí habrá Biblias, y libros acerca de la vida cristiana. En otras palabras, habrá información disponible para darles a los hombres los hechos en que puedan hallar la fe salvífica.
¿Cuál será el trabajo importante debido al cual Dios protegerá sobrenaturalmente a estas personas? En realidad, este pasaje no lo especifica, pero sí tenemos indicaciones en cuanto a la respuesta en Apocalipsis 14, donde el mismo grupo se describe en el cielo después de haber completado su trabajo. Se dice que son los redimidos que siguen al Cordero, lo cual puede indicar que constituyen un grupo de testigos especiales del Evangelio en los días de la Tribulación. Ellos no serán los únicos que estarán testificando, pero sí el único grupo al que se le dará protección especial contra sus enemigos.
Los primeros juicios de la Tribulación, y la situación religiosa en la primera parte de ese período, se repiten, en forma resumida, en el discurso del monte de los Olivos del Señor (Mateo 24). Los versículos 4–14 abarcan los eventos de la primera mitad de la Tribulación, porque en el versículo 15 leemos acerca de un evento que ocurre exactamente a la mitad del período de siete años. Note cómo se resumen los juicios de los sellos: “Y oiréis de guerras y rumores de guerras…. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes y hambres, y terremotos” (vv. 6–7). Note la referencia a los mártires de que habla el quinto sello: “Entonces os entregarán a tribulación y os matarán” (v. 9). Mire la religión falsa: “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (v. 11). El ministerio de los 144.000 sellados, y otros testigos, explica el hecho de que “será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones” (v. 14). Aquí están todos los principales eventos de la primera mitad de la Tribulación, en forma comprimida, de los labios de Cristo antes de la Crucifixión.


  EGIPTO Y RUSIA EN LA TRIBULACION

Hasta ahora nos hemos centrado principalmente en la federación de las naciones occidentales, encabezada por el hombre de pecado. Pero durante la primera parte de la Tribulación otras alianzas poderosas existirán o se estarán formando. Egipto, al sur de Palestina, seguirá siendo una nación fuerte y amenazadora hasta que el hombre de pecado la conquiste. Esta derrota se predice en Daniel 11:40–43, y aunque los eruditos no concuerdan tocante a cuándo ocurrirá esto, no parece ser mucho después de la mitad de la Tribulación.
Así que, podemos esperar que Egipto permanezca como una potencia con la cual haya que contar hasta que más o menos tres años de la Tribulación hayan pasado. Entonces, será derrotado y saqueado por los “Estados Federados de Europa”. Egipto no figura en ninguno de los bloques de poder o guerras de la última mitad de la Tribulación.
Las naciones del Oriente estarán formando una coalición de alguna clase, y no tomarán parte activa en ninguno de los eventos relacionados con Palestina hasta el mismo final de la Tribulación. Todas las tendencias entre las naciones orientales hacia la independencia y desprendimiento de la influencia occidental son significativas. Puede que sean preparatorias de la alianza que esas naciones formarán.
Con mucho, el bloque más importante, además de la confederación de naciones occidentales, es la de Gog y Magog. Los nombres enumerados en Ezequiel 38–39 se identifican en Génesis 10:2 como los hijos de Jafet. Los Jafetitas emigraron, después del Diluvio, de Asia Menor hacia el norte, más allá de los mares Caspio y Negro. Se establecieron en el área que conocemos hoy como la Rusia moderna. Los términos “Gog” y “Magog”, por lo tanto, pueden referirse a los pueblos que viven al norte de Palestina en Rusia. Esta tendrá de aliados a Persia (el Irán moderno), Etiopía (Sudán del norte), Put (Libia), Gomer (probablemente la parte oriental de Turquía, y Ucrania), y Togarma (la parte de Turquía cerca de la frontera con Siria) (Ezequiel 38:5–6). El Occidente formulará una protesta (v. 13), pero será inútil, y este ejército invasor procedente del norte cubrirá a Israel como una nube (v. 16). Estos soldados procederán a depredar y saquear la tierra que se pensaba segura bajo la protección de Occidente.
Entonces Dios intervendrá y destruirá del todo las fuerzas de Rusia y sus aliados (v. 21–39:7). Las tropas aparentemente invencibles serán sobrenaturalmente derrotadas y completamente destruidas. El ejército ruso será sepultado en Israel (v. 11), y sólo entonces se acabará la influencia rusa en el Oriente Cercano y Medio —por la intervención directa de Dios.


  EL PROGRAMA DEL ANTICRISTO

Las Escrituras a menudo dividen los siete años de la Tribulación en dos partes iguales. La última de las setenta “semanas” de siete años de Daniel está dividida al medio por un evento significativo (Daniel 9:27). En Apocalipsis a las dos mitades de la Tribulación se les designa como “tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo” (Apocalipsis 12:14), “cuarenta y dos meses” (11:2; 13:5), y “1.260 días” (11:3; 12:6), cada una de dichas expresiones equivale a tres años y medio.
Con la invasión de Palestina desde el norte por Gog y Magog, pudiera parecer por un tiempo que los planes del hombre de pecado (anticristo) están casi malogrados. Pero la intervención sobrenatural de Dios y la destrucción de las hordas rusas despejarán el camino para que la bestia reasuma sus maquinaciones.

A. Matar a los dos testigos

Primero, el anticristo tiene que eliminar la oposición de estos dos individuos (11:3–13) que lo han estado atormentando. Matar a estos “dos testigos” será la primera gran proeza de la bestia a la mitad de la Tribulación.
Los dos testigos tendrán un ministerio espectacular durante la primera parte de la Tribulación. Tendrán poder para matar a sus enemigos con fuego, para detener la lluvia, cambiar el agua en sangre, y traer plagas sobre la tierra cuantas veces deseen. Su frecuente uso de estos poderes añadirá a la destrucción general. Piense, por ejemplo, qué ocurrirá cuando usen sus poderes para impedir la lluvia. Junto con los cambios climáticos y topográficos que ocurrirán en la tierra, resultará un desastre inimaginable.
Aunque los testigos serán invencibles por tres años y medio, Dios permitirá que la bestia los mate después que hayan terminado su obra (v. 7). Lograr el martirio de los testigos le ganará amplio respaldo al anticristo entre las personas del mundo. Pero él no quedará satisfecho con matarlos solamente: pondrá sus cuerpos en exhibición en las calles de Jerusalén. Las gente, al ver muertos a los testigos, se regocijará de que no va a tener que oír más sus amonestaciones.
La gente no se contentará con meramente mirar los cuerpos en proceso de descomposición de estos hombres. Harán de la ocasión un gran tiempo de celebración, y se enviarán regalos unos a los otros. Es muy interesante que esta sea la única ocasión durante toda la Tribulación, en que se menciona el regocijo. Las gente estará tan rebosante de gozo porque los testigos han muerto, que harán de esto un feliz tiempo de fiesta. Si hubiesen creído la predicación de los testigos, la muerte de ellos habría sido una ocasión de tristeza en vez de un tiempo de fiesta.
Pero Dios intervendrá. Después de tres días y medio, los cuerpos de los dos testigos resucitarán y se trasladarán al cielo en una nube de gloria. Imagínese la escena. Largas filas estarán en espera para contemplar los cadáveres. Quizás las cámaras de la televisión estarán enfocadas en ellos en el mismo momento de su resurrección. Las personas en Europa y en América estarán viendo el espectáculo transmitido vía satélite. El locutor, hasta ahora calmado y ecuánime, de pronto se pondrá frenético al ver una resurrección en proceso y darse cuenta de que millones de personas están esperando de él una explicación. ¿Cómo manejarán el caso los comentaristas de las noticias? Aun la voz del cielo (v. 12) se oirá en millones de hogares.
Pero aun antes que los periódicos puedan reportar la historia o los comentaristas escribir sus análisis, habrá otro gran evento que ellos tendrán que reportar: un terremoto que tendrá su centro en Jerusalén, destruirá una décima parte de la ciudad, y matará a 7.000 personas.
También en este tiempo, los 144.000 testigos (cap. 7) serán matados, y la bestia destruirá la iglesia ecuménica (17:16) para eliminar la oposición a su próxima gran acción.

B. Exigir adoración

Después de deshacerse de toda oposición religiosa, la bestia publicará un edicto: “Adórenme a mí”. Para hacer cumplir su mandato tendrá que romper su acuerdo con los judíos que les permitió a ellos restaurar la adoración judaica en su templo reconstruido en Jerusalén. Esto hará (Daniel 9:27), demandando ser él el objeto de toda adoración (Mateo 24:15; 2 Tesalonicenses 2:4).
¿Cómo llevará esto a cabo?
Primero que todo, él tendrá ayuda sobrehumana. Satanás, se nos dice, le dará su poder y trono y gran autoridad (Apocalipsis 13:2). El diablo obrará furiosamente, desde este punto en adelante, para hacer todo lo que esté en su poder a fin de frustrar los planes de Dios. El hará guerra contra Miguel y sus ángeles —y perderá. Esto resultará en que será echado del cielo. Entonces Dios les dará una advertencia a los habitantes de la tierra: “¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo” (12:12). El poder de Satanás estará detrás de los hechos de la bestia, el anticristo, y él la utilizará al máximo.
Otra razón de la grandeza de la bestia radica en el hecho de haber sido herida de muerte. Su herida mortal será sanada (13:3), lo que traerá como resultado que el mundo entero se maravillará. La frase, “herida de muerte”, textualmente significa, “como herida de muerte”, y es precisamente la misma frase que se usa en 5:6 con referencia ala muerte de Cristo.
Puesto que Cristo realmente murió, quizás la bestia también morirá verdaderamente, y entonces será restaurada a la vida. Se dice de él que sube del abismo (11:7), lo cual parece confirmar la idea de que experimentará una resurrección. De no ser así, el texto por lo menos significa que tendrá una restauración espectacular de alguna clase, y como resultado el mundo se maravillará en pos de él. Su milagrosa resurrección o restauración hará que todos los hombres reconozcan su singularidad (“¿Quién como la bestia?”) y su poder (“¿Quién podrá luchar contra ella?”).
El programa de la bestia incluirá la blasfemia y la guerra (13:5–7). El hablará insolentemente contra Dios (Daniel 7:25). Los objetos de su blasfemia incluirán el nombre de Dios, el lugar donde Dios mora, y los que moran en el cielo. A él se le permitirá (note que Dios todavía está en autoridad) hacer guerra contra los santos (Apocalipsis 12:17), y matarlos. Pero su poder será limitado por Dios a cuarenta y dos meses.
Aquí hay un ejemplo de cómo se entrecruzan las muchas fuerzas que están detrás de los eventos: Dios controlará todo, pero Satanás le dará poder a la bestia, que a su vez actuará por sí mismo en blasfemar a Dios. Los hombres que se unen a su ejército y pelean por él lo harán de su propia voluntad, y ellos a su vez harán mártires del pueblo de Dios, quienes aunque son matados, ¡todavía están bajo el cuidado protector de Dios!
Para promover su programa en forma más eficiente, el anticristo tendrá un importante lugarteniente: la “segunda bestia” (Apocalipsis 13:11–18), el cual tendrá como única obligación promover los propósitos de la primera bestia, el hombre de pecado, y hacer que todos le adoren. La segunda bestia nunca se promueve a sí misma durante su carrera, sino que sus intereses siempre se centran en la primera bestia. Sus poderes serán tan grandes como los del hombre de pecado, pero los usará para los intereses de su superior, no para sí mismo (v. 12).
Este lugarteniente podrá hacer que descienda fuego a la tierra, emulando el poder de los dos testigos, para enseñarle al mundo que él es tan grande como lo fueron ellos (v. 13). El podrá hacer otros milagros (vv. 13–14). Ordenará que los hombres hagan una imagen de la primera bestia (v. 14), y aparentemente lo harán de buena gana y con rapidez. Su próximo paso será darle vida a la imagen que ellos han hecho. La palabra para “aliento” (v. 15) es pneuma, y esto pudiera indicar un milagro sobrenatural (por el poder de Satanás) que realmente le dará vida a la imagen. Por supuesto, la palabra se puede traducir “viento”, lo cual quizás indique alguna prestidigitación, de parte del lugarteniente, para darle a la imagen la apariencia de vida real. El habla y los movimientos de la imagen fácilmente pudiesen ser artificiales, pero igualmente pudieran ser la obra de Satanás.

C. Controlar el comercio

Sin embargo, la mayor proeza de la segunda bestia, a quien a veces se le llama “el falso profeta” (Apocalipsis 16:13; 19:20; 20:10), será un plan de ejercer presión sobre los hombres para obligarlos a que adoren al hombre de pecado. Será un ardid simple, astutamente planeado: “Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre” (13:16–17). En otras palabras: Póstrense o muéranse de hambre.
Una “marca” es una impresión hecha con un instrumento, tal como un hierro de marcar usado con esclavos y animales. Los hombres se convertirán en esclavos del hombre de pecado y tendrán que llevar la marca que indica su esclavitud. Quizás los esclavos tímidos preferirán que le coloquen la marca en la mano derecha. Para evitar sentir vergüenza, ellos quizás traten de no estrecharles la mano a las personas a fin de esconder la marca. Seguidores audaces del anticristo pueden elegir que les coloquen la marca en el centro de la frente.
¿Cómo será la marca? El versículo 17 indica que será el nombre de la bestia o su número, y el número, además, se explica como 666, el número del hombre de pecado, no de su lugarteniente. Este número se ha aplicado a tantos personajes como para hacer de todos ellos coincidencias en las que no se puede confiar. Sin embargo, cuando este gran líder asuma el poder no habrá duda alguna en cuanto a quién es. En alguna manera que ahora nosotros desconocemos, el número 666 jugará un papel principal en su identificación (16:13; 19:20; 20:10).
Estos serán tiempos sombríos en la historia del mundo. Yo supongo que el anticristo tendría éxito absoluto en traer al mundo entero a sus pies si no fuese por la presencia del remanente piadoso, los cuales rehusarán doblegarse, y por el corto tiempo que tiene disponible.


 LOS JUICIOS DE LAS TROMIPETAS Y LAS COPAS

A. Las trompetas

Mientras tanto, Dios continuará derramando sobre la tierra los juicios de Su ira. Los juicios de la primera serie serán desatados a medida que se abran los sellos del libro. Ya hemos visto lo que ocurre cuando se abren los primeros seis sellos. Con la apertura del séptimo sello (8:1) uno esperaría que se desatara un holocausto. En vez de eso, hay silencio —el silencio quieto de expectación y presagio—. El silencio durará media hora y será aterrador. La apertura de este séptimo sello da entrada a otra serie de juicios que son anunciados por el toque de siete trompetas (8:7–9:21; 11:15–19). Las últimas tres trompetas se distinguen de las primeras cuatro al ser designadas específicamente como “ayes”, lo cual parece implicar que son de carácter más severo.
¿Dónde está el punto medio (tres años y medio) de la Tribulación en relación con estos juicios? Las Escrituras no lo dicen específicamente, pero muchos piensan que éste llega con el primer juicio de las trompetas o con el primer juicio de los ayes (que es el quinto juicio de las trompetas). Si es así, el primer juicio de las trompetas llega cuando el anticristo mata a los dos testigos y se impone a sí mismo para que le adoren. Los juicios de las trompetas parece que continuarán hasta el último año del período. Son seguidos por una serie rápida y final de juicios adicionales en los postreros meses del último año.
1. El juicio de la primera trompeta (Apocalipsis 8:7). Habrá granizo y fuego mezclados con sangre, sobre la tierra, de modo que una tercera parte de los árboles, y la hierba de la tierra se quemará. El fuego y la sangre aquí no son símbolos representativos de alguna otra cosa. Debemos tomarlos literalmente. Ellos destruirán la vegetación de la tierra y contribuirán a aumentar los desórdenes climáticos.
2. El juicio de la segunda trompeta (Apocalipsis 8:8–9). Este se describe con una figura de dicción: algo “como una gran montaña ardiendo en fuego”. Probablemente nada en nuestra experiencia actual corresponda a esto. Es muy probable que será algo de lo cual todavía no sabemos nada, pero su efecto está claro: una tercera parte del mar se convertirá en sangre, y una tercera parte de las embarcaciones del mundo será destruida. Piense cómo este juicio afectará a los titulares en los periódicos y a los corazones de las personas.
3. El juicio de la tercera trompeta (Apocalipsis 8:10–11). Este juicio afectará la provisión de agua potable haciéndola amarga al gusto y contaminadora al organismo. Como resultado, muchos morirán del contagio y la contaminación.
4. El juicio de la cuarta trompeta (Apocalipsis 8:12–13). Este juicio afectará al sol, la luna, las estrellas, y la regularidad del ciclo de día y noche. Puesto que va a ser dañada una tercera parte de los cuerpos celestes, quizás el ciclo de veinticuatro horas del día y la noche será acortado a dieciséis horas. El Señor Jesús predijo, en Su discurso en el monte de los Olivos, “señales en el sol y la luna y las estrellas” (Lucas 21:25).
5. El primer ay —el juicio de la quinta trompeta (Apocalipsis 9:1–12). Como saetas disparadas, las langostas del juicio del primer ay caerán sobre la tierra. Proceden del abismo sin fin —textualmente del “pozo del abismo”—. Este abismo, al que se llega por un pozo, está guardado con cerradura y llave. Incidentalmente, en el capítulo nueve aparece más veces la palabra “como” que en cualquier otro capítulo de la Biblia. Fue difícil para Juan describir lo que vio en la visión. No obstante, el horror del juicio es bien claro.
Del pozo saldrán “langostas” (vv. 3–11) que no son insectos ordinarios. Vendrán directamente del dominio de Satanás. Parecen criaturas animales como langostas, pero son de naturaleza demoníaca. Quizás sean demonios que toman la forma de estas singulares langostas, y son dirigidos por el rey del pozo del abismo (v. 11).
Estas langostas infligen una mordida como la del escorpión. “El dolor de la picada de escorpión, aunque generalmente no es mortal, quizás sea el más intenso que cualquier animal pueda infligir al cuerpo humano. El propio insecto es el más irascible y maligno que existe, y su veneno es como el mismo…. También es difícil protegerse de ellos, si es que haya manera alguna de evitarlos, porque vuelan adonde quieren, se mueven rápidamente por el aire, y moran en la oscuridad” (J.A. Seiss, The Apocalypse [New York: Cook, 1865], p. 83). A diferencia de las langostas ordinarias, estas criaturas no atacarán a la vegetación sino solamente a los hombres. Estarán sueltas por cinco meses, durante, los cuales los hombres no podrán suicidarse. Esto parece imposible, pero de alguna manera será así.
Es difícil para nosotros imaginamos tales criaturas, pero esto no es razón para pensar que sean meros símbolos. Recuerde que el poder de Satanás y sus demonios es grande —y estas langostas feroces son demoníacas—. No es de maravillarse que este se llame el primer ay. Ya que los hombres no creen en la existencia y actividad de los demonios ni las aceptan, los que vivan en ese entonces probablemente tratarán de dar alguna explicación natural acerca de estas criaturas, e intentarán destruirlas con algún insecticida elaborado de improviso. Pero no hallarán explicación, y sus antídotos no darán resultado.
6. El segundo ay —el juicio de la sexta trompeta (Apocalipsis 9:13–21). El juicio del cuarto sello causará la muerte a la cuarta parte de la población de la tierra; y morirá una tercera parte adicional al ocurrir el juicio de la sexta trompeta. Esto significa que solamente estos dos juicios reducirán a la mitad la población del mundo. Agréguele a esto todos los que morirán a causa de la guerra, el hambre, y la enfermedad, y no es difícil ver lo común que será la muerte durante estos tiempos terribles.
El medio de ejecución de este juicio será un ejército de 200 millones de jinetes. Muchos entienden que estas tropas son los ejércitos del Oriente que marchan para invadir a Palestina. Otros los ven como una horda de demonios, porque las Escrituras dan otros ejemplos de ejércitos sobrenaturales (2 Reyes 2:11; 6:13–17; Apocalipsis 19:14). Puesto que estas son las armas del infierno, quizás indiquen que este ejército se compone de demonios, los habitantes del infierno.
Uno podría pensar que las largas columnas de obituario en los periódicos alarmarían a los hombres y les conminarían a enfrentar sus responsabilidades hacia Dios. Sin embargo, en vez de arrepentirse y acudir a El por misericordia, los que no sean matados por este ejército, endurecerán sus corazones. Durante la Tribulación la religión de los hombres no salvos será la adoración de demonios e ídolos; y el homicidio, la hechicería, la fornicación, y el robo serán comunes (vv. 20–21). La hechicería puede que incluya el mal uso de drogas, ya que derivamos la palabra farmacia del término griego. Es interesante que tres de estas cuatro prácticas son violaciones directas de los Diez Mandamientos. La ética del hombre será un reflejo de su religión, y durante esos días el vicio, más bien que la virtud, imperará.
7. El tercer ay —el juicio de la séptima trompeta (Apocalipsis 11:15–19). Con el sonido de la séptima trompeta llegará el anuncio de que el fin está cerca, aunque siete juicios adicionales tienen que ser derramados sobre la tierra antes que todo concluya. Estos juicios serán las copas de la ira de Dios (16:1–21). Estas últimas plagas vendrán en los meses, o posiblemente semanas, finales del último año de la Tribulación, sin interrupción o pausa. A los siete ángeles que tienen que ver con estos últimos juicios se les mandará derramar sus juicios todos a la vez. Todo esto estará ocurriendo al mismo tiempo que el anticristo demanda que los hombres le adoren. Los hombres estarán presionados por todos lados. La mayoría decidirán compartir la suerte del anticristo.

B. Las copas

1. El juicio de la primera copa (Apocalipsis 16:2). Esto traerá sobre los hombres una llaga dolorosa descrita como “maligna y pestilente”. Estas palabras pudieran significar que son malignas, e indicar un cáncer de alguna clase. Esta aflicción vendrá sólo sobre los que adoran la bestia, los creyentes estarán exentos. Pero aparentemente la bestia no podrá hacer nada por sus seguidores, puesto que seguirán maldiciendo a Dios por estas llagas aun después de derramada la quinta copa (v. 11).
2. El juicio de la segunda copa (Apocalipsis 16:3). Las aguas se convertirán en sangre durante este juicio. Cada ser viviente en los mares morirá. La frase, bastante gráfica, representa a los barcos navegando en sangre. Bajo el juicio de la segunda trompeta muere una tercera parte de las criaturas del mar (8:9); ahora será completa la destrucción de la vida marina. ¿Se puede imaginar el hedor y la enfermedad que traerá esto a las personas que vivan a las orillas de los mares del mundo? Setenta y dos por ciento de la superficie de la tierra es agua.
3. El juicio de la tercera copa (Apocalipsis 16:4–7). En esta ocasión, como en el juicío de la tercera trompeta, la provisión de agua potable es afectada. Ahora, en vez de convertirse en ajenjo, se convierte en sangre. Ellos habrán derramado la sangre de los santos y los profetas, así que ahora tendrán que beber sangre. Merecerán lo que estarán recibiendo. No es fácil para nosotros concebir que Dios trate con las personas de esta manera. Por miles de años El ha sido paciente y misericordioso, no administrando la clase de juicio que el mundo merece.
4. El juicio de la cuarta copa (Apocalipsis 16:8–9). Durante este tiempo la fuerza del sol se aumentará a tal grado, que los hombres se quemarán a causa del calor intenso. De nuevo, los hombres endurecerán sus corazones en vez de volverse a Dios en arrepentimiento.
5. El juicio de la quinta copa (Apocalipsis 16:10–11). El trono de la bestia será afectado, y su capital oscurecida. Esto contribuirá a dificultar más su intento de obligar a todo hombre a que le adore. El resultado será que los hombres se morderán la lengua y blasfemarán a Dios por sus dolores y sus llagas, porque el dolor siempre parece peor en la oscuridad que en la luz.
6. El juicio de la sexta copa (Apocalipsis 16:12–16). El río Eufrates se secará (previamente fue convertido en sangre). Esto facilitará el cruce del río por los ejércitos de los reyes del Oriente (Daniel 11:44) mientras se apresuran a la guerra de Armagedón.
7. El juicio de la séptima copa (Apocalipsis 16:17–21). Destrucción y ruina generalizadas tendrán lugar, y con éstas se oirá una gran voz que diga: “¡Hecho está!” Muchos trastornos físicos sucederán. Un terremoto dividirá a Jerusalén y causará que otras ciudades caigan. Las islas y las montañas desaparecerán, y habrá una tormenta sin precedentes en la cual los granizos pesarán cuarenta y cinco kilos. Pero a pesar de la severidad y la universalidad de estos últimos juicios, los hombres que sobrevivan persistirán en blasfemar a Dios antes que volverse a Dios por misericordia. Todo lo que el hombre ha construido en este mundo, literalmente se desplomará ante sus mismos ojos; con todo, él todavía pensará que es el señor de su propio destino y que no tiene necesidad de Dios.
La conclusión de este juicio traerá a los hombres al fin de la Tribulación y a la segunda venida de Cristo para comenzar Su reino sobre la tierra. Sólo queda una parte del cuadro por completarse.


 ARMAGEDON

En resumen: Antes de la mitad de la Tribulación, el gobernante occidental, el anticristo (el hombre de pecado), en cumplimiento de su pacto con Israel, invadirá y conquistará a Egipto. Entonces los ejércitos rusos invadirán y despojarán a Palestina, y cuando parezca que todo está perdido tanto para el anticristo como para Israel, Dios intervendrá y destruirá sobrenaturalmente a los ejércitos norteños de Rusia. Esto le dará al hombre de pecado libertad para romper su pacto con Israel, imponerse para ser adorado, y tratar de conquistar el mundo.
Sin embargo, al él proseguir con su programa, las naciones del Oriente se unirán e intentarán frenarlo. A fin de lograrlo, marcharán hacia el occidente a la Palestina. El juicio de la sexta copa secará el río Eufrates, lo que apresurará la llegada de éstos a la Tierra Prometida. Mientras tanto, el anticristo se habrá confirmado en Palestina como un gobernante religioso y político.
El valle de Esdraelón, el área que rodea las montañas de Meguido, será el campo de batalla en el cual se reunirán los ejércitos del Oriente y del Occidente. Por esto la batalla se llama de Armagedón —Ar significa montaña—. Esta llanura está situada más o menos a trece kilómetros al sursudoeste de Haifa, y en la actualidad el valle es más o menos de treinta y cinco por veinticinco kilómetros. Para el final de la Tribulación, mucha de la topografía de la tierra habrá sido cambiada, y aunque la batalla estará centrada en Meguido, se extenderá por unos ochenta kilómetros hacia Jerusalén (14:20; Zacarías 14:2).
En el medio de la batalla, el Señor Jesucristo regresará, y los ejércitos del cielo vencerán a los ejércitos de la tierra (Apocalipsis 19:11–21). La matanza será inaudita (14:20; 19:17–18).
Pero el resultado es cierto: la bestia será derrotada y sus ejércitos capturados. El y su falso profeta y lugarteniente serán lanzados dentro del lago de fuego para ser atormentados para siempre. Así concluirá la Tribulación.
¿Por qué tiene que haber un período como este? Hay por lo menos dos razones: Primera, la maldad del hombre debe ser castigada. Puede que parezca que Dios no esté haciendo nada en cuanto al mal ahora, pero algún día El actuará. Una segunda razón es que el hombre tiene que, por un medio u otro, postrarse delante del Rey de reyes y Señor de señores. Lo puede hacer voluntariamente ahora, por venir a Cristo en fe y recibir la salvación. Después, tendrá que hacerlo, recibiendo sólo condenación.



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