Wayne Grudem


De acuerdo con este punto de vista, el progreso del evangelio y el crecimiento de la iglesia se incrementarán gradualmente, de manera que una proporción cada vez mayor de la población mundial será cristiana. Como resultado, habrá una influencia cristiana significativa sobre la sociedad, la sociedad funcionará cada vez más de acuerdo con las normas de Dios, y sobrevendrá gradualmente una «era milenaria» de paz y justicia sobre la tierra. Este «milenio» durará un largo período de tiempo (no necesariamente unos mil años literales), y por último, al final de este período, Cristo regresará a la tierra, se levantará a los creyentes y a los incrédulos, tendrá lugar el juicio final, y habrá un nuevo cielo y una nueva tierra. Entonces entraremos en el estado de eternidad.
La principal característica del posmilenarismo es su optimismo sobre el poder del evangelio para cambiar vidas y causar mucho bien en el mundo. La creencia en el posmilenarismo tiende a incrementarse en tiempos cuando la iglesia experimenta un gran avivamiento, cuando no hay guerra ni conflictos internacionales, y cuando parece que se hacen grandes progresos en vencer el mal y el sufrimiento en el mundo. Pero el posmilenarismo en su forma más responsable no se basa simplemente en la observación de los eventos en el mundo que nos rodea, sino en argumentos tomados de varios pasajes de la Escritura, los que se examinarán abajo.

 


Los argumentos a favor del posmilenarismo son como sigue»

1. La Gran Comisión nos conduce a esperar que el evangelio irá adelante poderosamente y eventualmente dará lugar a un mundo cristiano más amplio: Jesús dijo explícitamente: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo (Mt 28:18–20). Como Cristo tiene toda autoridad en el cielo y sobre la tierra, y como promete estar con nosotros en el cumplimiento de esta comisión, esperaríamos que esta acontecería sin obstáculos y eventualmente triunfaría en todo el mundo.
2. Las parábolas del gradual crecimiento del reino indican que este llenará eventualmente la tierra con su influencia. Aquí los posmilenarios apuntan a lo siguiente:

Les contó otra parábola: «El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de todas las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas». (Mt 13:31–32)

También podemos notar el siguiente versículo: «Les contó otra parábola más: «El reino de los cielos es como la levadura que una mujer tomó y mezcló en una gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa» (Mt 13:33). De acuerdo con los posmilenarios estas dos parábolas indican que el reino crecerá en influencia hasta que impregne y en alguna medida transforme el mundo entero.
3. Los posmilenarios también argumentan que el mundo se vuelve más cristiano. La iglesia crece y se expande a través del mundo, y aun cuando se le persigue y oprime crece notablemente gracias al poder de Dios.
Sin embargo, en este punto debemos hacer una distinción significativa. El «milenio» en el que los posmilenarios creen es muy diferente al «milenio» del que hablan los premilenarios. En cierto sentido, ni siquiera discuten el mismo tópico. Mientras los premilenarios hablan acerca de una tierra renovada con Jesucristo físicamente presente y gobernando como Rey, junto con creyentes glorificados en cuerpos resucitados, los posmilenarios hablan simplemente sobre una tierra con muchos cristianos que influencian la sociedad. Estos no visualizan un milenio que consista en una tierra renovada o santos glorificados o Cristo presente en forma corporal para reinar (pues piensan que estas cosas solo ocurrirán tras el regreso de Cristo para inaugurar el estado de eternidad). Por lo tanto la discusión entera del milenio es más que una simple discusión de la secuencia de eventos que lo rodean. Ésta también implica una diferencia significativa sobre la naturaleza de este período de tiempo en sí mismo.
De hecho, aunque no estoy consciente si alguno ha hecho esto, no sería imposible para alguien ser un posmilenario y un premilenario al mismo tiempo, con dos percepciones diferentes del término milenio. Alguien podría ser concebiblemente un posmilenario y pensar que el evangelio crecerá en influencia hasta que el mundo sea en gran parte cristiano, y entonces regresaría Cristo y establecería literalmente un reino terrenal, levantando a los creyentes de los muertos para reinar con él en cuerpos glorificados. O, del otro lado, un premilenario muy optimista podría concebiblemente adoptar muchas de las enseñanzas de los posmilenarios sobre la naturaleza crecientemente cristiana de la era presente.
En respuesta a los argumentos de los posmilenarios, deben plantearse los puntos siguientes:
1. La Gran Comisión sí habla en efecto de la autoridad que se coloca en manos de Cristo, pero esto no implica necesariamente que Cristo utilizará esa autoridad para propiciar la conversión de la mayoría de la población del mundo. Decir que la autoridad de Cristo es grande es simplemente otra manera de decir que el poder de Dios es infinito, lo que nadie negaría. Pero el asunto es la medida en que Cristo usará su poder para propiciar el crecimiento numérico de la iglesia. Podemos asumir que la usará en gran medida y propiciará una cristianización a nivel mundial, pero esa suposición es meramente eso—una suposición. Esta no está basada en ningún indicio específico de la Gran Comisión o en otros textos sobre la autoridad y el poder de Cristo en la era presente.
2. Las parábolas de la semilla de mostaza y de la levadura sí nos hablan de que el reino de Dios crecerá gradualmente de algo muy pequeño a algo muy grande, pero no nos dicen la medida en que crecerá el reino. Por ejemplo, la parábola de la mostaza no nos dice que el árbol creció de tal manera que se extendió por toda la tierra. Y la parábola de la levadura simplemente habla sobre un crecimiento gradual que impregna la sociedad (como la iglesia ha hecho ya), pero no dice nada sobre el grado o el efecto que esa influencia tiene (no nos dice, por ejemplo, si al final un 5 por ciento de la barra de pan se fermentó y un 95 por ciento de la masa se convirtió en pan, o un 20 por ciento se fermentó y un 80 por ciento se convirtió en pan, o un 60 por ciento se fermentó y un 40 por ciento se convirtió en pan, y así por el estilo). Se presiona la parábola más allá del propósito deseado cuando se trata de hacer que diga algo más que el reino crecerá poco a poco y llegará a ejercer una influencia sobre cada sociedad en que se establezca.
3. En respuesta al argumente de que el mundo se vuelve más cristiano, debe decirse que también el mundo se vuelve más malvado. Ningún estudiante de historia o de la sociedad moderna discutiría que la humanidad ha hecho muchos progresos a lo largo de los siglos en superar la profunda perversidad y la extendida inmoralidad que aún permanece en los corazones de la gente. Ciertamente, la modernización de las sociedades occidentales en el siglo veinte ha estado a menudo acompañada no por un avance moral sino por un nivel sin precedentes del abuso de drogas, infidelidad marital, pornografía, homosexualidad, rebelión contra la autoridad, superstición (en la astrología y el movimiento de la Nueva Era), materialismo, avaricia, robo y falsas alocuciones. Aun entre cristianos confesos existen pruebas repetidas de una desalentadora imperfección en la vida cristiana, especialmente en los ámbitos de la moralidad personal y lo profundo de la intimidad con Dios. En lugares donde los cristianos que creen en la Biblia comprenden grandes segmentos de la población, todavía no tiene lugar nada parecido a un reino del milenio terrenal. Es cierto que el crecimiento de la iglesia como un porcentaje de la población mundial ha sido notable en décadas recientes, y que debemos estar muy animados por esto. Es posible que algún día veamos una influencia mucho mayor del cristianismo genuino sobre muchas sociedades, y si eso ocurre, ello hará que la posición posmilenaria parezca más plausible. Pero tales eventos podrían también concebirse dentro de un marco premilenario o amilenario, de manera que la decisión final respecto a estas posiciones rivales todavía debe hacerse a través de la interpretación de textos bíblicos relevantes.
4. Por último, debemos notar que hay varios pasajes del Nuevo Testamento que parecen contradecir explícitamente la posición posmilenaria. Jesús dijo: «Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran» (Mt 7:13–14). En lugar de enseñar que la mayoría del mundo se volverá cristiana, Jesús parece decir aquí que aquellos que se salvan serán «pocos» en comparación con los «muchos» que viajan hacia la eterna destrucción. De manera similar, Jesús pregunta; «Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra? (Lc 18:8), una pregunta que sugiere que la tierra no estará llena con aquellos que creen, sino que más bien estará dominada por aquellos que no tienen fe.
En contradicción con el punto de vista de que el mundo mejorará al crecer la influencia de la iglesia, Pablo predice que antes que Cristo regrese vendrá «la rebelión» y «el hombre de maldad» se manifestará, «el destructor por naturaleza» quien se adueñará «del templo de Dios» y pretende «ser Dios». (2 Ts 2:3–4).
Al escribirle a Timoteo sobre los últimos días, Pablo dice:

Ten en cuenta, que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas! (2 Ti 3:1–5).

Dice además:

Así mismo serán perseguidos todos los que quieran llevar una vida piadosa en Cristo Jesús, mientras esos malvados embaucadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados … Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. (2 Ti 3:12–13; 4:3–4)

Por último, y quizá más concluyentemente, Mateo 24:15–31 habla de una gran tribulación que precederá el momento del regreso de Cristo:

Porque habrá una gran tribulación, como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás. Si no se acortan esos días, nadie sobreviviría, pero por causa de los elegidos se acortarán … Inmediatamente después de la gran tribulación de aquellos días, «se oscurecerá el sol y no brillará más la luna; las estrellas caerán del cielo y los cuerpos celestes serán sacudidos». La señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo, y se angustiarán todas las razas de la tierra. Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. (Mt 24:21–30)

Este pasaje describe, no un mundo cristianizado, sino un mundo de gran sufrimiento y maldad, una gran tribulación que excede todos los previos períodos de sufrimiento sobre la tierra. No dice que la gran mayoría del mundo dará la bienvenida a Cristo cuando venga, sino más bien que cuando la señal del Hijo del hombre aparezca en el cielo, entonces «se angustiarán todas las razas de la tierra» (Mt 24:30).
Como Mateo 24 es un pasaje tan difícil desde la perspectiva posmilenaria, ha habido varios intentos de explicarlo no como una predicción de eventos que ocurrirán justo antes de la segunda venida de Cristo, sino más bien algo que se cumplió en lo fundamental con la destrucción de Jerusalén en el 70 d.C.
Para sostener esta interpretación, los posmilenarios convierten en simbólicos la mayoría de los elementos de Mateo 24:29–31: el oscurecimiento del sol y la luna, la caída de las estrellas del cielo y el sacudimiento de los cuerpos celestes no deben entenderse como eventos literales, sino como símbolos de la venida de Dios en juicio. Similares imágenes del juicio se dice que pueden hallarse en Ezequiel 32:7; Joel 2:10; y Amós 8:9, pero estos pasajes simplemente hablan de los juicios de las tinieblas y no mencionan la caída de las estrellas del cielo o el sacudimiento de los cuerpos celestes. R. T. France también menciona Isaías 13:10 y 34:4, los que sí hablan sobre el oscurecimiento del sol y la luna y la desintegración de los astros del cielo, pero está lejos de ser cierto que France tenga razón al afirmar que esos pasajes son solo simbólicos —están colocados en contextos en los que fácilmente se podrían comprender como predicciones literales de cambios cósmicos que preceden el juicio final. Así que está lejos de ser obvio que estos pasajes son solo imágenes apocalípticas del juicio sobre Jerusalén.
Por otra parte, la interpretación que las ve como declaraciones meramente simbólicas se hace más difícil al continuar las afirmaciones de Jesús, pues él no habla solamente sobre señales en el sol, la luna, y las estrellas, sino que dice inmediatamente después que entonces «la señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo … Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria» (Mt 24:30). Consecuente con su previa interpretación simbólica de este pasaje, France dice que «todas las razas de la tierra» se refiere meramente a los judíos, o sea, «a todas las tribus (familias) de la tierra», esto es, la tierra de Israel. Y dice que la referencia al Hijo del hombre que viene sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria no se refiere al regreso de Cristo sino a su llegada ante el Padre en el cielo, para ser vindicado y recibir autoridad». France cita con aprobación la declaración de G. B. Cairo, quien dice que «la venida del Hijo del hombre en las nubes del cielo nunca se concibió como una forma primitiva de viaje espacial, sino como el símbolo de un poderoso vuelco en las fortunas dentro de la historia y a nivel nacional». Entonces el envío de los ángeles de Cristo con un poderoso llamado de trompeta para reunir a sus elegidos de un extremo al otro del cielo se interpreta como referido a los mensajeros que predican el evangelio a través de la tierra. La reunión de los elegidos entonces es reunirlos dentro de la iglesia por la predicación del evangelio.
Sin embargo, acerca de esta interpretación France no puede dar cuenta satisfactoriamente del hecho que Jesús dice que todas las razas sobre la tierra «verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria» (Mt 24:30). Esta no es una transacción celestial invisible en la que Cristo recibe autoridad de Dios el Padre, sino lo que aquí se predice es su regreso con poder y gran gloria. A aquellos que predican el evangelio no se les llama nunca en ningún otro lugar ángeles que hacen un poderoso llamado de trompeta, y a la predicación del evangelio no se le llama en ningún otro lugar la reunión «de los cuatro vientos a los elegidos, de un extremo al otro del cielo» (Mt 24:31). Por otro lado, cuando Jesús habla en alguna otra parte de su venida en las nubes, habla de una venida no a Dios el Padre en el cielo, sino de una venida a a la gente sobre la tierra: «¡Miren que viene en las nubes! Y todos lo verán con sus propios ojos, incluso quienes lo traspasaron; y por él harán lamentación todos los pueblos de la tierra» (Ap 1:7). Y cuando Cristo regrese, Pablo dice que aquellos que estemos vivos «seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire» (1 Ts 4:17). Cuando Cristo venga sobre las nubes de gloria con gran poder y autoridad, viene a reinar sobre la tierra, y este es el sentido de Mateo 24:30–31. (France no comenta el hecho que Jesús dice que las razas de la tierra que se angustian «verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo» (v. 30). El hecho de que estas razas verán a Jesús llegando hace difícil comprender cualquier interpretación simbólica o invisible aquí.) Por otro lado, la acumulación de factores que por otros textos conocemos están relacionados con el regreso de Cristo (señales cósmicas, la venida de Cristo con poder, el poderoso llamado de trompeta, los ángeles reuniendo a los elegidos) provee una acumulación de evidencias para creer que aquí se alude a la segunda venida de Cristo, no solo a una representación simbólica de la recepción de su autoridad. Y si Mateo 24 habla sobre la segunda venida de Cristo, entonces habla de su venida justo después de un período de gran tribulación, no después que un milenio de paz y justicia se haya establecido sobre la tierra.
Por último, todos los pasajes que indican que Cristo podría regresar pronto y que debemos estar listos para su regreso en cualquier momento deben considerarse también como un argumento significativo contra el posmilenarismo. Pues si Cristo podría regresar en cualquier momento, y nosotros debemos estar listos para su regreso, entonces el prolongado período que se requiere para el establecimiento del milenio sobre la tierra antes del regreso de Cristo simplemente no se puede considerar una teoría persuasiva.



 


 

Millard J. Erickson


El postmilenarismo se basa en la creencia de que la predicación del evangelio tendrá tanto éxito que el mundo se convertirá. El reinado de Cristo, cuyo punto central es el corazón de los seres humanos, será completo y universal. La petición: “Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” se habrá hecho realidad. La paz prevalecerá y el mal prácticamente se habrá desvanecido. Después cuando el evangelio haya surtido efecto por completo, Cristo regresará. Por lo tanto, el postmilenarismo básicamente tiene una perspectiva optimista.
Los tres primeros siglos de la iglesia estuvieron dominados probablemente por lo que hoy llamaríamos premilenarismo, pero en el cuarto siglo un donatista africano llamado Ticonio propuso una perspectiva opuesta. Aunque Agustín era un oponente acérrimo de los donatistas, adoptó la perspectiva de Ticonio sobre el milenio. Esta interpretación iba a dominar el pensamiento escatológico durante la Edad Media. El milenio no se va a producir en el futuro, sino que ya ha empezado. Los mil años empezaron con la primera venida de Cristo. En apoyo a esta perspectiva, Agustín citaba Marcos 3:27: “Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no lo ata; solamente así podrá saquear su casa.” Según Agustín, en este versículo el hombre fuerte es Satanás y sus bienes representan las personas que antes estaban bajo su control, pero que ahora son cristianos. Satanás fue atado en el momento de la primera venida de Cristo y continua atado hasta la segunda venida. Como Satanás no puede engañar a las naciones, la predicación del evangelio tiene mucho éxito. Cristo reina en la tierra. Sin embargo, al final de este periodo milenario, Satanás será liberado durante un corto periodo de tiempo siendo al final sometido.
Aunque parece difícil reconciliar esta perspectiva con lo que está pasando en nuestro tiempo, tenía más sentido en el contexto de Agustín. El cristianismo había conseguido un éxito político sin precedentes. Una serie de circunstancias habían llevado a la conversión del emperador Constantino en 312, así que el cristianismo era tolerado en el imperio y casi se convirtió en la religión oficial. El mayor enemigo de la iglesia, el Imperio romano, había capitulado. Aunque el progreso de la iglesia sería gradual más que repentino, era seguro. No se establecieron fechas para la finalización del milenio y el regreso de Cristo, pero se asumía que ocurriría sobre el año 1000.
Con el fin del primer milenio de la historia de la iglesia, por supuesto, se hizo necesario revisar en cierto modo los detalles del postmilenarismo. El milenio ya no se veía como un periodo de mil años, sino como toda la historia de la iglesia. El postmilenarismo fue más popular en momentos en los que la iglesia parecía tener éxito en su tarea de ganar el mundo. Se hizo particularmente popular en la última parte del siglo XIX, una época de gran efectividad en el mundo de las misiones además de un tiempo de preocupación y progreso en las condiciones sociales. En consecuencia, parecía razonable pensar que el mundo pronto sería alcanzado por Cristo.
Como hemos sugerido, la convicción principal del postmilenarismo es la difusión exitosa del evangelio. La idea se basa en varios pasajes de las Escrituras. En el Antiguo Testamento: Salmos 47, 72 y 100; Isaías 45:22–25 y Oseas 2:23, por ejemplo, dejan claro que todas las naciones llegarán a conocer a Dios. Además, Jesús dijo en varias ocasiones que el evangelio sería predicado universalmente antes de su segunda venida. Un ejemplo destacado de esta enseñanza la encontramos en Mateo 24:14. Como la Gran comisión se llevará a cabo en su autoridad (Mt. 28:18–20), tendrá éxito. A menudo la idea de la difusión del evangelio incluye los hechos asociados al evangelio: se producirán efectos transformadores en las condiciones sociales tras la conversión de gran cantidad de oyentes. En algunos casos, creer en la extensión del reino ha tomado de alguna manera una forma más secularizada, de manera que la transformación social es lo que se considera la señal del reino y no las conversiones individuales. Por ejemplo, el movimiento del evangelio social a finales del siglo XIX, estaba dirigido a cristianizar el orden social, culminando en un cambio de las estructuras económicas. La discriminación, la injusticia y el conflicto se eliminarían y las guerras serían algo del pasado. Esta forma de postmilenarismo iba acompañada generalmente de un concepto generalizado de providencia divina: se veía a Dios obrando fuera de los límites formales de la iglesia. Así en dos ocasiones en el siglo XX, un significativo número de cristianos alemanes identificaron la obra de Dios en el mundo con los movimientos políticos de su tiempo: la política de guerra del káiser Wilhelm en los años 1910 y después el nazismo de Hitler en los años 1930. Resaltando la transformación social, los liberales que mantenían una perspectiva milenarista, eran generalmente postmilenaristas, pero desde luego no todos los postmilenaristas eran liberales. Muchos anticipaban un número de conversiones sin precedentes, la raza humana convertida en una colección de individuos regenerados.
Según el pensamiento postmilenarista, el reino de Dios es una realidad presente aquí y ahora en lugar de un ámbito celestial futuro. Las parábolas de Jesús en Mateo 13 nos ofrecen una idea de la naturaleza de este reino. Es como levadura, que se extiende de forma gradual pero segura por todo el conjunto. Su crecimiento será amplio (se extenderá por todo el mundo) e intensivo (llegará a ser predominante). Su crecimiento será tan gradual que la llegada del milenio apenas si será apreciada por algunos. El progreso puede que no sea uniforme; de hecho, la llegada del reino puede que se produzca por una serie de crisis. Los postmilenaristas son capaces de aceptar lo que parecen ser pasos atrás, ya que ellos creen en el triunfo final del evangelio.
Desde la perspectiva postmilenarista el milenio puede ser un periodo amplio, pero no necesariamente de mil años exactos de duración. De hecho, la perspectiva postmilenarista sobre el milenio con frecuencia se basa menos en Apocalipsis 20, donde se menciona el periodo de mil años y las dos resurrecciones, que en otros pasajes de las Escrituras. El mismo hecho de que la venida del reino sea paulatina hace que sea difícil de calcular la duración del milenio. La cuestión es que el milenio será un periodo prolongado de tiempo durante el cual Cristo, aunque esté físicamente ausente, reinará sobre la tierra. Una característica esencial que distingue al postmilenarismo de otras perspectivas sobre el milenio es que espera que las condiciones mejoren en lugar de empeorar antes del regreso de Cristo. Por tanto, es una visión básicamente optimista. En consecuencia su aceptación ha descendido bastante en el siglo XX. Los postmilenaristas convencidos consideran las condiciones penosas del siglo XX como una simple fluctuación temporal en el crecimiento del reino. Indican que no estamos tan cerca de la segunda venida como creíamos. Sin embargo, este argumento ha demostrado no ser persuasivo para muchos teólogos, pastores, creyentes laicos.


 

Louis Berkhof


La postura del postmilenialismo es bastante opuesta a la asumida por el premilenialismo con respecto al tiempo de la segunda venida de Cristo. Sostiene que el regreso de Cristo seguirá al milenio, el cual puede esperarse durante y al cierre de la dispensación del evangelio. Inmediatamente después de esto Cristo vendrá para dar comienzo al orden eterno de las cosas. En la discusión del postmilenialismo será necesario distinguir dos formas diferentes de la teoría, de las cuales una aguarda que el milenio se efectúe a través de la influencia sobrenatural del Espíritu Santo y la otra espera que llegue por medio de un proceso natural de evolución.

 DIFERENTES FORMAS DE POSTMILENIALISMO

a) La forma primitiva.

Durante los siglos dieciséis y diecisiete, diversos teólogos reformados en los Países Bajos enseñaron una forma de quiliasmo, que ahora se denominaría postmilenialismo. Entre ellos estaban hombres muy reconocidos como Cocceius, Alting, los dos Vitringas, d’Outrein, Witsius, Hoornbeek, Koelman y Brakel, de los cuales algunos consideraban el milenio como perteneciente al pasado, otros lo consideraban como presente y aún otros lo vislumbraban en el futuro. La mayoría lo esperaba hacia el fin del mundo, justo antes de la segunda venida de Cristo. Estos hombres rechazaban las dos ideas principales de los premilenialistas, a saber, que Cristo regresará físicamente para reinar en la tierra por mil años, y que los santos serán resucitados en Su venida, y entonces reinarán con Él en el reino milenial. Aunque sus representaciones difieren en algunos detalles, la postura predominante era que el evangelio, que gradualmente se esparcirá a través del mundo entero, se volverá al final inmensurablemente más eficaz de lo que es en el presente, y se traducirá en un período de ricas bendiciones espirituales para la Iglesia de Jesucristo, una era dorada, en la que los judíos también participarán en las bendiciones del evangelio de una manera sin precedentes. En años más recientes algo de dicho postmilenialismo fue defendido por D. Brown, J. Berg, J. H. Snowden, T. P. Stafford y A. H. Strong. Este último, reconocido teólogo, dice que el milenio será «un período en los últimos días de la Iglesia militante, cuando, bajo la influencia especial del Espíritu Santo, el espíritu de los mártires aparecerá nuevamente, la verdadera religión será grandemente fomentada y revivida, y los miembros de las iglesias de Cristo será conscientes de su fortaleza en Cristo de modo que triunfarán, en un grado nunca antes conocido, sobre el poder del mal tanto dentro como fuera». La era dorada de la Iglesia será seguida, se sostiene, por una breve apostasía, un conflicto terrible entre las fuerzas del bien y del mal, y por la ocurrencia simultánea del advenimiento de Cristo, la resurrección general y el juicio final.

b) La forma tardía.

Una gran parte del postmilenialismo actual es de una clase totalmente distinta, y se interesa muy poco sobre las enseñanzas de la Escritura excepto como una indicación histórica de lo que alguna vez creyó la gente. El ser humano moderno tiene poca paciencia con las esperanzas mileniales del pasado con su total dependencia de Dios. No cree que la nueva era será propiciada por la predicación del evangelio y la consecuente obra del Espíritu Santo, ni tampoco que será el resultado de un cambio cataclísmico. Por otro lado, se cree que la evolución traerá gradualmente el milenio, y por el otro, que el ser humano mismo debe ingresar a la nueva era mediante la adopción de una política constructiva de mejora del mundo. Dice Walter Rauschenbusch: «Nuestro principal interés en algún milenio es el deseo de un orden social en el que la dignidad y la libertad de cada ser humano sean honradas y protegidas; en el cual la hermandad de los seres humanos sea expresada en la posesión común de los recursos económicos de la sociedad, y en el que el bien espiritual de la humanidad sea puesto muy por encima de los intereses gananciales privados de todos los grupos materialistas.[…] En cuanto a la forma en que habrá de venir la sociedad cristiana ideal, debemos cambiar de catástrofe a desarrollo». Shirley Jackson Case pregunta: «¿Debemos aún mirar a Dios para introducir un nuevo orden por medios catastróficos o hemos de asumir la responsabilidad de causar nuestro propio milenio, creyendo que Dios está obrando en nosotros y en nuestro mundo a voluntad y trabajar por Su beneplácito?». Y él mismo da la respuesta en los siguientes párrafos: «El curso de la historia exhibe un largo proceso de lucha evolutiva por la que la humanidad en su conjunto se eleva constantemente más arriba en la escala de la civilización y la realización, mejorando su condición ocasionalmente a través de su mayor habilidad e industria. Considerada en la perspectiva amplia de los siglos, la carrera del ser humano ha sido una de ascenso real. En lugar de empeorar, el mundo se ve constantemente mejor.[…] Puesto que la historia y la ciencia muestran que la mejora es siempre el resultado de los logros, el ser humano aprende a suponer que los males aún no conquistados deben ser eliminados por medio de un esfuerzo extenuante y una reforma gradual más que por la intervención catastrófica de la Deidad.[…] La enfermedad ha de ser curada o prevenida mediante la habilidad del médico, los males sociales han de ser remediados por medio de la educación y la legislación, y los desastres internacionales han de evitarse por el establecimiento de nuevos estándares y nuevos métodos para lidiar con los problemas implicados. En resumen, los problemas de la vida han de curarse mediante un proceso gradual de tratamiento remediador en lugar de una aniquilación repentina». Estas citas son bastante características de una buena parte del postmilenialismo actual y no es de sorprendernos que los premilenialistas reaccionen en su contra.

OBJECIONES AL POSTMILENIALISMO. Hay

algunas objeciones muy serias a la teoría postmilenialista.

a) La idea fundamental de la doctrina, de que el conjunto del mundo será gradualmente ganado para Cristo, que la vida de todas las naciones serán transformadas en el curso del tiempo por medio del evangelio, que reinarán la justicia y la paz, y que las bendiciones del Espíritu serán derramadas en mayor abundancia que antes, de modo que la Iglesia experimente una temporada de prosperidad sin precedentes justo antes de la venida del Señor, no está en armonía con el retrato del fin de los tiempos encontrado en la Escritura. La Biblia ciertamente enseña que el evangelio se difundirá a través del mundo y ejercerá una influencia benéfica, pero no nos lleva a esperar la conversión del mundo, ya sea en esta era o en una venidera. Enfatiza el hecho de que el tiempo inmediatamente anterior al fin será un tiempo de gran apostasía, de tribulación y persecución, un tiempo cuando la fe de muchos se enfriará, y cuando aquellos que sean leales a Cristo estarán sujetos a sufrimientos amargos, y en algunos casos incluso sellarán su confesión con su propia sangre, Mateo 24:6–14, 21–22; Lucas 18:8; 21:25–28; 2 Tesalonicenses 2:3–12; 2 Timoteo 3:1–6; Apocalipsis 13. Los postmilenialistas, desde luego, no pueden ignorar tan bien lo que se dice sobre la apostasía y la tribulación que marcarán el final de la historia, pero minimizan este hecho y lo representan como prediciendo una apostasía y una tribulación en pequeña escala, la cual no afectará el curso principal de la vida religiosa. Su expectación de una condición gloriosa de la Iglesia al final se basa en pasajes que contienen una descripción figurativa, sea de la dispensación del evangelio como un todo o de la dicha perfecta del reino externo de Jesucristo.
b) La idea relacionada, de que la era presente no terminará en un gran cambio cataclísmico sino que pasará casi imperceptiblemente hacia la era venidera, es igualmente antibíblica. La Biblia nos enseña muy explícitamente que una catástrofe, una intervención especial de Dios, llevará el gobierno de Satanás sobre la tierra hacia un final, y que se traducirá en el reino que no puede ser conmovido, Mateo 24:29–31, 35–44; Hebreos 12:26–27; 2 Pedro 3:10–13. Habrá una crisis, un cambio tan grande que puede llamarse «la regeneración», Mateo 19:28. No más que los creyentes son progresivamente santificados en esta vida hasta que estén prácticamente listos para pasar, sin mucho más cambios, al cielo, el mundo gradualmente será purificado y así estarán listos para entrar a la siguiente etapa. Así como los creyentes deben pasar por un gran cambio al morir, también el mundo debe sufrir un cambio tremendo cuando llegue el fin. Habrá nuevos cielos y nueva tierra, Apocalipsis 21:1.
c) La idea moderna de que la evolución natural y los esfuerzos del ser humano en el campo de la educación, de la reforma social y de la legislación, se expresará gradualmente en el reinado perfecto del espíritu cristiano, entra en conflicto con todo lo que enseña la Palabra de Dios sobre este punto. No es la obra del ser humano sino la obra de Dios la que traiga el glorioso reino de Dios. Este reino no puede establecerse por medios naturales sino solo sobrenaturales. Es el reinado de Dios, establecido y reconocido en el corazón de Su pueblo, y este reinado nunca puede hacerse efectivo por medios puramente naturales. La civilización sin regeneración, sin un cambio sobrenatural del corazón, nunca traerá un milenio, un gobierno efectivo y glorioso de Jesucristo. Pareciera que las experiencias del último cuarto de siglo deberían haber forzado esta verdad sobre el hombre moderno. El tan alardeado desarrollo del hombre aún no nos ha permitido ver el milenio.

PREGUNTAS PARA EL ESTUDIO ADICIONAL: ¿Cuál es el origen histórico del premilenialismo? ¿Fue realmente la postura predominante en los siglos segundo y tercero? ¿Cuál era la postura de Agustín con respecto al reino de Dios y del milenio? ¿Son el reino de Dios y la Iglesia distintos o idénticos en la Escritura? ¿Es uno natural y nacional, y el otro espiritual y universal? ¿Enseñan Lucas 14:14 y 20:35 una resurrección parcial? ¿Alguna parte de Israel constituirá una parte de la esposa de Cristo? ¿Estará completa la esposa cuando Cristo regrese? ¿Son los postmilenialistas necesariamente evolucionistas? ¿Es el optimismo de los postmilenialistas, en cuanto a que el mundo está mejorando gradualmente, justificado por la experiencia? ¿Predice la Biblia el progreso continuo para el reino de Dios justo hacia el fin del mundo? ¿Es necesario suponer un cambio cataclísmico al final?


 

Charles C. Ryrie

Yo soy un premilenialista, y esta será la estructura dentro de la cual se tratará esta sección acerca de la escatología. Sin embargo, antes de explicar el concepto premilenial del futuro, yo pienso que sería útil examinar primero los tres sistemas principales de escatología: el posmilenialismo, el amilenialismo, y el premilenialismo.


I. UNA DEFINICION DEL POSMILENIALISMO

Loraine Boettner da una descripción cuidadosa del posmilenialismo: “Esa opinión acerca de las últimas cosas que sostiene que el reino de Dios está siendo ahora extendido en el mundo por la predicación del Evangelio y la obra salvífica del Espíritu Santo en los corazones de individuos; que el mundo finalmente será cristianizado, y que el regreso de Cristo ocurrirá al final de un largo período de justicia y paz comúnmente llamado el ‘Milenio’…. la segunda venida de Cristo será seguida inmediatamente por la resurrección general, el juicio general y la introducción del cielo y del infierno en su plenitud” (The Millennium [Nutley, N.J.: Presbyterian and Reformed, 1957], p. 14). A.H. Strong describe el Milenio como “un período en los días postreros de la iglesia militante, en el cual, bajo la influencia especial del Espíritu Santo, el espíritu de los mártires reaparecerá, la religión genuina será grandemente vivificada y avivada, y los miembros de las iglesias de Cristo llegarán a estar tan conscientes de fortaleza en Cristo, que, a un grado desconocido hasta entonces, triunfarán sobre el poder del mal dentro y fuera de sí mismos” (Systematic Theology [Philadelphia: Judson Press, 1907], p. 1013).


II. CARACTERISTICAS DOCTRINALES DEL
POSMILENIALISMO

A. Concernientes a la Biblia
Los posmilenialistas bíblicos creen en la autoridad de la Biblia. Por supuesto, los liberales que esperan que llegará una edad de oro por el esfuerzo humano tienen un punto de vista posmilenial de la historia, aunque no está basado en la Biblia.

B. Concernientes al poder de Dios
Su confianza en el poder de Dios les hace creer que la Gran Comisión se cumplirá en que la mayor parte del mundo será salvo. Creer de otra manera hace inefectiva la Gran Comisión e impotente el poder de Dios.

C. Concernientes a la iglesia
La iglesia, cumpliendo la Gran Comisión, será el instrumento en llevar a cabo y promover el Milenio en la tierra.

D. Concernientes al regreso de Cristo
Los posmilenialistas creen en el regreso de Cristo al concluir el Milenio. Su regreso será seguido inmediatamente por la resurrección y el juicio generales.

E. Concernientes al Milenio
1. Duración. Según los posmilenialistas, el Milenio será un período prolongado de tiempo, no necesariamente de mil años. Quizás pudiera ser de mucho más de mil años literales.
2. Comienzo. Algunos entienden que el Milenio comenzará gradualmente; otros ven un inicio más brusco para el comienzo de la justicia en toda la tierra.
3. Características. El Milenio será un tiempo de paz, prosperidad material, y bienestar espiritual en la tierra. Sin embargo, no todos serán salvos, ni se habrá quitado todo el pecado. Pero los principios cristianos serán la regla, no la excepción, y el pecado se reducirá a proporciones insignificantes.
4. Actividades. Algunos posmilenialistas dan lugar a un breve período de apostasía a la conclusión del Milenio, justamente antes del regreso de Cristo (véase Boettner, p. 69).

F. Concernientes a Satanás
Los posmilenialistas entienden que Satanás está atado en todo tiempo y siempre bajo el control de Dios. Pero será atado al principio del Milenio en una forma especial, según Apocalipsis 20. Sin embargo, esto no ha ocurrido todavía, puesto que no estamos en el Milenio, pero estamos en este tiempo echando los cimientos para el mismo.


III. EVIDENCIA DE QUE EL MUNDO ESTA
MEJORANDO

Si no estamos todavía en el Milenio sino echando la base para el mismo, entonces debiéramos de ver la evidencia de que las cosas están mejorando en el mundo. El posmilenialismo cree que sí la podemos ver. Esa evidencia incluye varias cosas. (1) Las condiciones sociales, sin duda, han sido mejoradas en muchas partes del mundo. Como un ejemplo, la categoría social de las mujeres ha mejorado en gran manera dondequiera que se ha recibido el Evangelio. (2) La cantidad enorme de dinero dado a causas cristianas promueve mejores condiciones en el mundo. (3) La Biblia continúa siendo el libro de mayor venta. Ahora está traducida a más idiomas que nunca antes en la historia del mundo. (4) El Evangelio es diseminado en muchas más maneras y a muchos más lugares que nunca antes. La radio y la distribución de literatura son dos formas en que esto se está haciendo.
Por supuesto, esta evidencia es cierta, y ningún creyente puede estar de otro modo que agradecido por ella. Pero si esto presagia un Milenio imminente o no, es una cuestión que también tiene que tomar en cuentas el aumento contemporáneo del crimen antes de llegar a una conclusión precisa.


IV. APOYO ESCRITURAL PARA EL
POSMILENIALISMO

A. Pasajes que hablan de una edad de oro
Puesto que los muchos pasajes que hablan de un reino triunfante de Cristo no se han cumplido en la historia, todavía aguardan su cumplimiento en el futuro, antes del segundo advenimiento de Cristo. Muchos de estos pasajes de las Escrituras son los mismos que los premilenialistas entienden como referentes al reino milenial. El posmilenialista los ve como que han de cumplirse antes que Cristo regrese, mientras que el premilenialista espera que se cumplan después del regreso de Cristo. Tales pasajes incluyen Salmos 2:8; 22:27; 47; 72; 86:9; Isaías 2:2–4; 11:6–9; Jeremías 31:34; Daniel 2:35, 44; Miqueas 4:1–4.

B. Pasajes que caracterizan el Evangelio como poderoso y de alcance mundial
Puesto que el Evangelio es el poder de Dios (Romanos 1:16), es inconcebible, abogan los posmilenialistas, que el mundo no será convertido. Dios desea que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:4), así que, orar esperando que esto ocurra es orar en la voluntad de Dios.

C. Otros pasajes
La parábola de la levadura, que relató Cristo, afirma la expansión universal del reino (Mateo 13:33). Romanos 11 predice la conversión de una gran cantidad de judíos y gentiles. Apocalipsis 7:9–10 describe a una gran multitud de personas redimidas de todos los pueblos del mundo.


V. BOSQUEJO HISTORICO DEL POSMILENIALISMO

A. Joachin de Fiore (ca. 1135-1202)
Un exponente primitivo del esquema posmilenial, Joachin explicó la historia como si fuera trinitaria; es decir, la primera edad era la del Padre, cuando la humanidad vivió bajo la ley del Antiguo Testamento; la segunda fue la del Hijo, el período de la gracia abarcado en el Nuevo Testamento; y la tercera edad había de ser la del Espíritu que comenzaría alrededor de 1260 A.D., en la cual el mundo se convertiría.

B. Daniel Whitby (1638-1726)
Un clérigo erudito, Whitby publicó treinta y nueve obras, incluyendo A Treatise of the True Millennium (London: W. Bowyer, 1700). El enseñó que después que el mundo fuera convertido, los judíos restaurados a la Tierra Santa, y el papa y los turcos derrotados, el mundo disfrutaría de un tiempo de paz y justicia por mil años. Al final de este período, Cristo llegaría personalmente al mundo, resucitaría a los muertos y juzgaría a todas las personas. Sus puntos de vista eran muy populares y fueron adoptados por muchos predicadores y comentaristas de los siglos dieciocho y diecinueve.
El posmilenialismo de Whitby era orientado hacia lo judío. El describió el Milenio como el reinado de judíos convertidos en el cual los gentiles “afluirían a ellos”. Todas las bendiciones en el Milenio serán comunicadas de los judíos a las otras naciones. El creía que la iglesia vivirá en un estado revitalizado durante el Milenio, aunque la resurrección corporal no ocurrirá hasta después de ese tiempo.

C. Otros posmilenialistas
A los liberales que creen en el progreso inevitable por medio de procesos naturales (o evolucionarios) se les puede justamente catalogar de posmilenialistas. Sin embargo, ellos no toman en serio las Escrituras y piensan que el mejoramiento del mundo vendrá como resultado del poder del hombre.
Los posmilenialistas conservadores sí aceptan las Escrituras como la Palabra de Dios y atribuyen el mejoramiento al poder de Dios. James Snowden (The Coming of the Lord [New York: Macmillan, 1919]) entendió que el Milenio abarcaba todo el período entre el primer y el segundo advenimientos de Cristo. Su esquema difería del amilenialismo en que enseñó que el mundo estaba mejorando. Interpretó los eventos de Apocalipsis 20 como del pasado o descriptivos de la bienaventuranza celestial.
Charles Hodge enseñó que el Segundo Advenimiento será precedido por la difusión universal del Evangelio, la conversión nacional de los judíos, y la venida del anticristo. Cuando Cristo venga, habrá una resurrección y un juicio general de toda la humanidad (Systematic Theology [New York: Scribners, 1887], 3:792).
El posmilenialismo de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial ha sido del tipo liberal hasta tiempos recientes. Los grandes adelantos en el siglo veinte debidos a los logros humanos le dieron credibilidad al concepto. Casi no había posmilenialistas bíblicos (Loraine Boettner siendo una excepción).
Pero en la parte postrera de este siglo se ha desarrollado un fenóme no interesante. Algunos que antes eran amilenialistas se han convertido en posmilenialistas a causa de su creencia en la teonomía. La teonomía es la condición de ser gobernado por Dios. Los teonomistas promueven la subyugación de la tierra por medio de la ciencia, la educación, las artes, y todos los otros intereses para efectuar el dominio de Dios sobre todas las cosas. Para algunos, esto significa imponer la ley del Antiguo Testamento sobre la vida actual, no sólo en asuntos morales sino también en los gubernamentales, financieros, y otros. Ahora bien, por supuesto que si esto sucediera, las condiciones en el mundo mejorarían y entonces experimentaríamos el gobierno de Dios sobre la vida en el mundo. Por lo tanto, muchos teólogos reformados que apoyan fuertemente el uso de la ley y que eran amilenialistas han cambiado para abrazar el posmilenialismo como la meta de su programa teonomista.
En resumen: los liberales promueven una meta posmilenial a través del humanismo. Los posmilenialistas bíblicos la promueven a través de la predicación del Evangelio por la iglesia. Los teonomistas la promueven a través del Evangelio y la imposición de la ley del Antiguo Testamento.



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