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Louis Berkhof


Puesto que el premilenialismo no siempre ha tomado la misma forma, tal vez sea bueno indicar brevemente la forma que ha asumido generalmente en el pasado (sin señalar toda clase de aberraciones) y entonces proceder con una descripción más detallada de la teoría premilenialista más dominante de la actualidad.

1. EL PREMILENIALISMO DEL PASADO.

La postura de Ireneo puede ofrecerse como la que mejor reflejan la postura del cristianismo de los primeros siglos. El mundo presente perdurará seis mil años, correspondientes a los seis días de la creación. Hacia el final de este período los sufrimientos y las persecuciones de los piadosos se incrementarán en gran medida, hasta que finalmente la encarnación de toda maldad aparezca en la persona del anticristo. Luego de que haya completado su obra destructiva y se haya sentado audazmente en el templo de Dios, Cristo aparecerá en gloria celestial y triunfará sobre todos Sus enemigos. Esto será acompañado por la resurrección física de los santos y el establecimiento del reino de Dios en la tierra. El período de dicha milenial, que durará mil años, corresponde con el séptimo día de la creación, el día de reposo. Jerusalén será reconstruida; la tierra dará su fruto en rica abundancia; y la paz y la justicia prevalecerán. Al final de los mil años sucederá el juicio final y aparecerá la nueva creación, en la que los redimidos vivirán por siempre en la presencia de Dios. Como un bosquejo general, esta representación es típica de las posturas escatológicas de los primeros siglos del cristianismo, más allá de cómo puedan diferir en algunos detalles. Durante todos los siglos restantes y hacia el siglo diecinueve, el pensamiento milenial permaneció esencialmente igual, pese a que hubo aberraciones extrañas por parte de algunas sectas. El estudio continuo, sin embargo, llevó a un desarrollo adicional y una claridad mayor en la presentación de algunos de sus particulares. Las características principales de la postura común pueden expresarse de algún modo así: El próximo advenimiento de Cristo al mundo está cerca, y será visible, personal y glorioso. Será precedido, no obstante, por determinados acontecimientos, tales como la evangelización de todas las naciones, la conversión de Israel, la gran apostasía y la gran tribulación, y la revelación del hombre de pecado. Tiempos oscuros y de prueba están por consiguiente reservados para la Iglesia, puesto que tendrá que pasar por la gran tribulación. La segunda venida será un acontecimiento grande, único, sobresaliente y glorioso, pero estará acompañado por varios otros puestos encima de la Iglesia, de Israel y del mundo. Los santos muertos serán levantados y los santos vivientes, transfigurados, y juntos serán trasladados para reunirse con el Señor venidero. El anticristo y sus aliados perversos serán eliminados; e Israel, el antiguo pueblo de Dios, se arrepentirá, será salvo y será restaurado a la Tierra Santa. Los gentiles se volverán a Dios en gran abundancia y serán incorporados en el reino. Una condición de paz y justicia prevalecerá en toda la tierra. Luego de la expiración del gobierno terrenal de Cristo, el resto de los muertos será levantado; y esta resurrección será continuada por el juicio final y la creación de un nuevo cielo y una nueva tierra. Hablando generalmente, puede decirse que este es el tipo de premilenialismo defendido por hombres tales como Mede, Bengel, Auberlen, Christlieb, Ebrard, Godet, Hofmann, Lange, Stier, Van Oosterzee, Van Andel, Alford, Andrews, Ellicott, Guinness, Kellogg, Zahn, Moorehead, Newton, Trench y otros. Huelga decir que estos hombres difieren en algunos detalles.

2. EL PREMILENIALISMO DEL PRESENTE.

En el segundo cuarto del siglo diecinueve, una nueva forma de premilenialismo fue introducida bajo la influencia de Darby, Kelly, Trotter y sus seguidores en Inglaterra y Norteamérica, un premilenialismo aparejado con el dispensacionalismo. Las nuevas posturas fueron popularizadas en nuestro país especialmente a través de la Biblia de Scofield, y están ampliamente diseminadas a través de las obras de hombres tales como Bullinger, SS. W. Grant, Blackstone, Gray, Silver, Haldeman, los dos Gaebeleins, Brookes, Riley, Rogers y una hueste de otros. Realmente presentan una nueva filosofía de la historia de la redención, en la que Israel desempeña un papel preponderante y la Iglesia no es sino un interludio. Su principio rector los impulsa a dividir la Biblia en dos libros, el libro del Reino y el libro de la Iglesia. Al leer sus descripciones de los tratos de Dios con los seres humanos, uno se pierde en un desconcertante laberinto de pactos y dispensaciones, sin un hilo de Ariadna que provea una dirección segura. Su tendencia divisoria también se revela en su programa escatológico. Habrá dos segundas venidas, dos o tres (si no cuatro) resurrecciones, y también tres juicios. Más aún, también habrá dos pueblos de Dios, que según algunos estarán eternamente separados, Israel habitando en la tierra y la Iglesia en el cielo.

Lo siguiente dará cierta idea del esquema premilenialista que goza de gran popularidad hoy:

a) Su visión de la historia. Dios trata con el mundo de la humanidad en el curso de la historia sobre la base de diversos pactos y según los principios de siete dispensaciones diferentes. Cada dispensación es distinta, y cada una de ellas representa una prueba diferente del hombre natural; y puesto que el ser humano falla en cumplir las sucesivas pruebas, cada dispensación terminar en un juicio. La teocracia de Israel, hallada en el Monte Sinaí, ocupa un lugar especial en la economía divina. Fue la forma inicial del reino de Dios o el reino del Mesías, y tuvo su era dorada en los días de David y Salomón. Por medio de la obediencia podría haber crecido en fuerza y gloria, pero como resultado de la infidelidad del pueblo, finalmente fue derrocada y el pueblo fue llevado al exilio. Los profetas predijeron este derrocamiento, pero también ofrecieron mensajes de esperanza y suscitaron la expectativa de que en los días del Mesías Israel se volvería al Señor en verdadero arrepentimiento, el trono de David sería restablecido en gloria insuperable e incluso los gentiles participarían en las bendiciones del reino futuro. Pero cuando vino el Mesías y ofreció establecer el reino, los judíos fallaron en mostrar el arrepentimiento requerido. El resultado fue que el Rey no estableció el reno sino que se retiró de Israel y fue a un país más lejano, posponiendo el establecimiento del reino hasta Su regreso. Antes de dejar la tierra, sin embargo, fundó la Iglesia, que no tiene nada en común con el reino y de la cual nunca hablaron los profetas. La dispensación de la ley abrió camino a la dispensación de la gracia de Dios. Durante esta dispensación la Iglesia es congregada a partir de judíos y gentiles, y forma el cuerpo de Cristo que ahora participa en Sus sufrimientos, pero en un mismo acto, como la esposa del Cordero, participará en Su gloria. De esta Iglesia, Cristo no es el Rey sino la Cabeza divina. Ella tiene la tarea gloriosa de predicar, no el evangelio del reino sino el evangelio de la gracia gratuita de Dios, entre todas las naciones del mundo, para reunir de entre ellas a los elegidos y además para ser un testimonio ante ellos. Este método demostrará ser un fracaso; no efectuará conversiones en gran escala. Al final de esta dispensación Cristo regresará repentinamente y efectuará una conversión mucho más universal.
b) Su escatología. El regreso de Cristo es inminente ahora, esto es, que Él puede venir en cualquier momento, porque no hay ningún acontecimiento predicho que deba precederlo. Sin embargo, Su venida consiste en dos eventos separados, separados entre sí por un período de siete años. El primero de estos eventos será la parousia, cuando Cristo aparecerá en el aire para reunirse con Sus santos. Todos los justos muertos serán entonces resucitados y los santos vivientes serán transfigurados. Juntos serán arrebatados en el aire, celebrarán las bodas del Cordero y entonces estarán para siempre con el Señor. El traslado de los santos vivientes se denomina «el rapto», en ocasiones «el rapto secreto». Mientras Cristo y Su Iglesia están ausentes de la tierra, e incluso el Espíritu Santo se haya marchado con la Iglesia, habrá un período de siete años o más, a menudo dividido en dos partes, en el cual ocurrirán diversas cosas. El evangelio del reino será nuevamente predicado, principalmente, al parecer, al remanente creyente de los judíos, y ocurrirán conversiones en gran escala, aunque muchos aún continuarán blasfemando contra Dios. El Señor de nuevo comenzará a tratar con Israel y probablemente en ese tiempo (aunque algunos dicen que será más adelante) se convertirá. En la segunda mitad de este período de siete años habrá un tiempo de tribulación sin parangón, la duración de la cual aún sigue en debate. El anticristo será entonces revelado y las copas de la ira de Dios se derramarán sobre la raza humana. Al final del período de los siete años seguirá la «revelación», esto es, la venida del Señor a la tierra, ahora no por Sus santos sino con ellos. Las naciones vivientes serán ahora juzgadas (Mateo 25:31 ss.), y las ovejas serán separadas de los cabritos; los santos que murieron durante la gran tribulación serán resucitados; el anticristo es destruido y Satanás es atado por mil años. El reino milenial será entonces establecido, un reino de los judíos visible, terrestre y material, la restauración del reino teocrático, incluyendo el restablecimiento del reinado davídico. En este los santos reinarán con Cristo, los judíos serán los ciudadanos naturales y muchos gentiles, ciudadanos adoptivos. El trono de Cristo será establecido en Jerusalén, que también se convertirá nuevamente en el lugar central de adoración. El templo será reconstruido en el monte de Sion, y el altar de nuevo tendrá el olor de los sacrificios de sangre, incluso ofrendas por el pecado y las transgresiones. Y aunque el pecado y la muerte aún reclamarán sus víctimas, será un tiempo de gran fructificación y prosperidad, en la que la vida de los seres humanos será prolongada y el desierto florecerá como la rosa. En esta época el mundo prontamente se convertirá, según algunos por medio del evangelio pero de acuerdo a la mayoría por medios totalmente distintos, como la aparición personal de Cristo, la envidia suscitada por la bienaventuranza de los santos y por encima de todo por los juicios grandes y terribles. Luego del milenio Satanás será soltado por un tiempo breve y las hordas de Gog y Magog se reunirán contra la ciudad santa. Los enemigos serán devorados, sin embargo, por fuego del cielo, y Satanás será arrojado al hoyo sin fin, junto con la bestia y el falso profeta que la precedió. Luego de este breve tiempo los malvados muertos serán resucitados y aparecerán en juicio ante el gran trono blanco, Apocalipsis 20:11–15. Y entonces habrá un nuevo cielo y una nueva tierra.
c) Algunas de las variaciones de esta teoría. Los premilenialistas en ningún sentido coinciden plenamente en cuanto a los detalles de su esquema escatológico. Un estudio de su literatura revela una gran variedad de opiniones. Hay indefinición e incertidumbre en muchos puntos, lo cual demuestra que su construcción detallada es de valor bastante dudoso. Aunque la mayoría de los premilenialistas actuales creen en un visible gobierno venidero de Jesucristo, incluso ahora algunos anticipan solo un gobierno espiritual y no vislumbran una presencia física de Cristo sobre la tierra. Aunque los mil años de Apocalipsis 20 son generalmente interpretados literalmente, hay una tendencia por parte de algunos de considerarlos como un período indefinido de duración breve o extensa. Algunos consideran que los judíos se convertirán primero y luego serán trasladados nuevamente a Palestina, mientras que otros son de la opinión de que este orden será inverso. Están quienes creen que los medios usados para la conversión del mundo serán idénticos a los que se emplean ahora, pero la opinión predominante es que otros medios serán utilizados como sustitutos. Hay una diferencia de opinión también en cuanto al lugar donde los santos resucitados morarán durante su reinado milenial con Cristo, sobre la tierra o en el cielo, o en ambos lugares. Las opiniones difieren bastante, también, con respecto a la continuidad de la propagación de la raza humana durante el milenio, el grado de pecado que prevalecerá en aquel tiempo y el influjo continuo de la muerte, y muchos otros puntos.

3. OBJECIONES AL PREMILENIALISMO.

En la discusión del segundo advenimiento, la postura premilenialista de ello ya estuvo sujeta al escrutinio especial y las críticas, y los sucesivos capítulos sobre la resurrección y el juicio final ofrecerán ocasión suplementaria para una consideración crítica de la construcción premilenialista de estos acontecimientos. De ahí que las objeciones planteadas en este punto serán de una naturaleza más general, e incluso así solamente podemos prestar atención a algunas de las más importantes.

a) La teoría está basada en una interpretación literal de las delineaciones proféticas del futuro de Israel y del reino de Dios, lo cual es totalmente insostenible. Esto ha sido señalado reiteradamente en obras tales sobre la profecía como aquellas de Fairbairn, Riehm y Davidson, en la espléndida obra de David Brown titulada El segundo advenimiento [The Second Advent], en el importante volumen de Waldegrave sobre el Milenialismo del Nuevo Testamento [New Testament Millennarianism], y en las obras más recientes del Dr. Aalders tituladas De Profeten des Ouden Verbonds y Het Herstel van Israel Volgens het Oude Testament. Este último volumen está consagrado totalmente a un estudio exegético detallado de todos los pasajes del Antiguo Testamento que podrían incluir de algún modo la restauración futura de Israel. Es una obra profunda que merece un estudio cuidadoso. Los premilenialistas sostienen que nada menos que una interpretación y un cumplimiento literales satisfarán los requisitos de estos pronósticos proféticos; pero los libros de los profetas mismos ya contenían indicaciones que apuntan a un cumplimiento espiritual, Isaías 54:13; 61:6; Jeremías 3:16; 31:31–34; Oseas 14:2; Miqueas 6:6–8. La contención en cuanto a que los nombres «Sion» y «Jerusalén» nunca sean empleados por los profetas en ningún otro sentido que uno literal, que lo primero siempre denota un monte, y que lo segundo, una ciudad, es claramente contrario a los hechos. Hay pasajes en los que ambos nombres son empleados para designar a Israel, la Iglesia de Dios del Antiguo Testamento, Isaías 49:14; 51:3; 52:1–2. Y este uso de los términos se transmite directamente al Nuevo Testamento, Gálatas 4:26; Hebreos 12:22; Apocalipsis 3:12; 21:9. Es significativo que el Nuevo Testamento, que es el cumplimiento del Antiguo, no contenga indicación alguna del restablecimiento de la teocracia del Antiguo Testamento por parte de Jesús, ni tampoco una sola predicción positiva indiscutible de su restauración, mientras que sí contiene indicaciones abundantes del cumplimiento espiritual de las promesas dadas a Israel, Mateo 21:43; Hechos 2:29–36, 15:14–18; Romanos 9:25–26; Hebreos 8:8–13; 1 Pedro 2:9; Apocalipsis 1:6; 5:10. Para detalles adicionales sobre la espiritualización hallada en la Escritura, la obra del Dr. Wijngaarden titulada El futuro del reino [The Future of the Kingdom] puede ser consultada. El Nuevo Testamento ciertamente no favorece el literalismo de los premilenialistas. Más aún, este literalismo los lleva a toda clase de absurdos, porque implica la restauración futura de todas las condiciones históricas anteriores de la vida de Israel: los grandes poderes mundiales del Antiguo Testamento (egipcios, asirios y babilonios), y las naciones vecinas de Israel, (moabitas, amonitas, edomitas y filisteos) deben aparecer nuevamente en escena, Isaías 11:14; Amós 9:12; Joel 3:19; Miqueas 5:5–6; Apocalipsis 18. El templo tendrá que reconstruirse, Isaías 2:2–3; Miqueas 4:1–2; Zacarías 14:16–21; Ezequiel 40–48, los hijos de Sadoc tendrán que servir nuevamente como sacerdotes, Ezequiel 44:15–31; 48:11–14, e incuso las ofrendas por el pecado y las transgresiones tendrán que ser llevadas nuevamente ante el altar, no para conmemoración (como algunos premilenialistas lo expresan) sino como expiación, Ezequiel 42:13; 43:18–27. Y en adición a todo aquello, la situación alterada haría necesario que todas las naciones visitaran Jerusalén año tras año, a fin de celebrar la fiesta de los tabernáculos, Zacarías 14:16, e incluso semana tras semana, para adorar ante Jehová, Isaías 66:23.
b) La así llamada teoría de la postergación, que es un eslabón necesario en el esquema premilenialista, carece de toda base escritural. Según esta Juan y Jesús proclamaron que el reino, esto es, la teocracia judía, estaba al alcance. Pero en vistas de que los judíos no se arrepintieron ni creyeron, Jesús postergó su establecimiento hasta Su segunda venida. El punto de inflexión que marca el cambio es situado por Scofield en Mateo 11:20, por otros en Mateo 12, y por otros aún después. Antes de ese punto de inflexión Jesús no se interesó por los gentiles, sino que predicó el evangelio del reno a Israel; y después de eso ya no predicó el reino sino que solo predijo su futura venida y ofreció descanso a los agobiados, tanto de Israel como de los gentiles. Pero no puede sostenerse que Jesús no se interesara por los gentiles antes del supuesto punto de inflexión, cf. Mateo 8:5–13; Juan 4:1–42, ni tampoco que luego de esto Él dejara de predicar el reino, Mateo 13; Lucas 10:1–11. No hay absolutamente ninguna prueba de que Jesús predicara dos evangelios diferentes, primero el evangelio del reino y luego el evangelio de la gracia de Dios; a la luz de la Escritura esta distinción resulta insostenible. Jesús nunca tuvo en mente el restablecimiento de la teocracia del Antiguo Testamento, sino la introducción de la realidad espiritual, de la cual el reino del Antiguo Testamento no era sino un tipo, Mateo 8:11–12; 13:31–33; 21:43; Lucas 17:21; Juan 3:3; 18:36–37 (comp. Romanos 14:17). Él no postergó la tarea para la cual había venido al mundo, sino que ciertamente estableció el reino y se refirió a este en más de una ocasión como una realidad presente, Mateo 11:12; 12:28; Lucas 17:21; Juan 18:36–37; (comp. Colosenses 1:13). Esta teoría de postergación es una ficción comparativamente reciente, y es muy objetable porque rompe la unidad de la Escritura y del pueblo de Dios de una forma infundada. La Biblia representa la relación entre el Antiguo Testamento y el Nuevo como la de un tipo y un antitipo, de profecía y cumplimiento; pero esta teoría sostiene que, aunque el Nuevo Testamento tenía la intención original de ser un cumplimiento del Antiguo, realmente se volvió algo muy distinto. El reino, esto es, la teocracia del Antiguo Testamento, fue predicho y no fue restaurado, y la Iglesia no fue predicha sino establecida. Así, los dos se desmoronan y uno se vuelve el libro del Reino y el otro, con la excepción de los Evangelios, el libro de la Iglesia. Además, tenemos dos pueblos de Dios, uno natural y otro espiritual, uno terrenal y otro celestial, como si Jesús no hablara de un rebaño y un pastor (Juan 10:16) y como si Pablo no dijera que los gentiles fueron injertados en el antiguo árbol de olivo, Romanos 11:17.
c) Esta teoría también está en flagrante oposición a la representación escritural de los grandes acontecimientos del futuro, a saber, la resurrección, el juicio final, y el fin del mundo. Como fue demostrado anteriormente, la Biblia representa estos grandes eventos como sincronizados. No hay la más mínima indicación de que estén separados por mil años, excepto esto que se encuentra en Apocalipsis 20:4–6. Coinciden claramente, Mateo 13:37–43, 47–50 (separación de lo bueno y lo malo al «final», no mil años antes), 24:29–31; 25:31–46; Juan 5:25–29; 1 Corintios 15:22–26; Filipenses 3:20–21; 1 Tesalonicenses 4:15–16; Apocalipsis 20:11–15. Todos suceden en la venida del Señor, que es también el día del Señor. En respuesta a esta objeción los premilenialistas suelen sugerir que el día del Señor puede ser de mil años de duración, de modo que la resurrección de los santos y el juicio de las naciones ocurran en la mañana de ese extenso día, y la resurrección de los malvados y el juicio ante el gran trono blanco sucedan a la noche de aquel mismo día. Apelan a 2 Pedro 3:8: «… para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día». Pero esto difícilmente sirva para probar el punto, porque aquí podría invertirse la cuestión. El mismo pasaje podría usarse para demostrar que los mil años de Apocalipsis 20 no son sino un solo día.
d) No hay fundamento positivo escritural alguno para la postura premilenialista de una resurrección doble, o incluso triple o cuádruple, como requiere su teoría, ni tampoco para extensión del juicio final durante un período de mil años por medio de dividirlo en tres juicios. Es, por así decirlo, muy dudoso que las palabras «Esta es la primera resurrección» en Apocalipsis 20:5 se refieran a una resurrección física. El contexto no necesita ni siquiera favorece esta postura. Lo que pareciera favorecer la teoría de una resurrección doble es el hecho de que los apóstoles suelen hablar únicamente de la resurrección de los creyentes y no hacen ninguna referencia a la de los malvados. Pero esto se debe al hecho de que están escribiendo a las iglesias de Jesucristo, a las conexiones en las que plantean el tema de la resurrección y al hecho de que desean subrayar el aspecto soteriológico de esto, 1 Corintios 15; 1 Tesalonicenses 4:13–18. Otros pasajes hablan claramente de la resurrección de los justos y la de los malvados en un solo suspiro, Daniel 12:2; Juan 5:28–29; Hechos 24:15. Consideraremos esta cuestión con mayor amplitud en el capítulo siguiente.
e) La teoría premilenialista se enreda en toda clase de dificultades insuperables con su doctrina del milenio. Es imposible entender cómo una parte de la antigua tierra y de la humanidad pecaminosa puede existir junto con una parte de la nueva tierra y de una humanidad que está glorificada. ¿Cómo pueden los santos perfectos en cuerpos glorificados tener comunión con pecadores en la carne? ¿Cómo pueden los santos glorificados vivir en esta atmósfera cargada de pecado y en medio de escenas de muerte y corrupción? ¿Cómo puede el Señor de gloria, el Cristo glorificado, establecer Su trono en la tierra en tanto esta no haya sido aún renovada? Los primeros veinte capítulos de Apocalipsis nos informan que Dios y la Iglesia de los redimidos harán su morada en la tierra luego de que los cielos y la tierra hayan sido renovados; ¿cómo puede entonces sostenerse que Cristo y los santos habitarán allí mil años antes de esta renovación? ¿Cómo serán capaces los pecadores y los santos en la carne de situarse ante la presencia del Cristo glorificado, considerando que aun Pablo y Juan fueron completamente abrumados por la visión de Él, Hechos 26:12–14; Apocalipsis 1:17? Beet ciertamente dice: «No podemos concebir como mezclados en el mismo planeta algunos que han de morir y otros que han pasado por la muerte y ya no morirán más. Tal confusión de la era presente con la era por venir es en última instancia improbable». Y Brown exclama: «¡Qué estado mestizo de cosas es este! ¡Qué horrenda mezcla de cosas totalmente inconsistentes entre sí!».2
f) La única base escritural para esta teoría es Apocalipsis 20:1–6, después de que un contenido del Antiguo Testamento haya sido vertido sobre este pasaje. Es una base muy precaria por diversos motivos. (1) Este pasaje aparece en un libro altamente simbólico y es reconociblemente muy oscuro, como puede inferirse de las distintas interpretaciones de ello. (2) La interpretación literal de este pasaje, como es ofrecida por los premilenialistas, conduce a una postura que no encuentra ningún respaldo en la Escritura, e incluso es contradicha por el resto del Nuevo Testamento. Esa es una objeción fatal. La exégesis sólida requiere que los pasajes oscuros de la Escritura sean leídos a la luz de los más claros, y no viceversa. (3) Incluso la interpretación literal de los premilenialistas no es consistentemente literal, porque hace de la cadena en el versículo 1 y en consecuencia también el enlace del versículo 2 figurativos, a menudo concibe los mil años como un período largo pero indefinido y cambia las almas del versículo 4 en santos de resurrección. (4) El pasaje, hablando estrictamente, no dice que las clases referidas (los santos mártires y aquellos que no adoraron a la bestia) fueron resucitados de entre los muertos, sino simplemente que ellos vivieron y reinaron con Cristo. Y este vivir y reinar con Cristo se dice que constituye la primera resurrección. (5) No hay absolutamente ninguna indicación en estos versículos de que Cristo y Sus santos sean considerados como gobernando la tierra. A la luz de pasajes tales como Apocalipsis 4:4; 6:9, es mucho más probable que la escena ocurra en el cielo. (6) También merece notarse que el pasaje no hace mención alguna de Palestina, de Jerusalén, del templo ni de los judíos, los ciudadanos naturales del reino milenial. No hay ni una sola pista en cuanto a que estos estén de alguna manera relacionados con este reinado de mil años. Para una interpretación detallada de este pasaje desde un punto de vista amilenial, referimos a Kuyper, Bavinck, De Moor, Dijk, Greydanus, Vos y Hendriksen.


 

Wayne Grudem


De acuerdo con este punto de vista, la era de la iglesia actual continuará hasta que, al acercarse el fin, un tiempo de gran tribulación y sufrimiento sobrevenga sobre la tierra (La T en la figura de arriba simboliza tribulación). Tras ese tiempo de tribulación al final de la era de la iglesia, Cristo regresará a la tierra para establecer un reino milenario. Cuando él vuelva, los creyentes que hayan muerto se levantarán de los muertos, sus cuerpos se reunirán con sus espíritus, y reinarán con Cristo sobre la tierra durante mil años. (Algunos premilenarios interpretan esto como mil años literales, y otros lo consideran una expresión simbólica para un largo período de tiempo.) Durante este tiempo, Cristo estará físicamente presente sobre la tierra en su cuerpo resucitado, y gobernará como Rey sobre la tierra entera. Los creyentes que se hayan levantado de los muertos, y aquellos que estén enla tierra al regreso de Cristo, recibirán cuerpos de resurreción glorificados que nunca morirán, y en estos cuerpos resucitados vivirán sobre la tierra y reinarán con Cristo. De los incrédulos que permanecen sobre la tierra, muchos (pero no todos) se volverán a Cristo y se salvarán. Jesús reinará en perfecta justicia y habrá paz en toda la tierra. Muchos premilenarios sostienen que la tierra será restaurada y que de hecho veremos nuevos cielos y una nueva tierra en este momento (pero no es esencial para el premilenarismo atenerse a esto, porque se puede ser premilenario y sostener que los nuevos cielos y la nueva tierra no ocurrirán hasta después del juicio final). Al comienzo de este tiempo Satanás será encadenado y lanzado al abismo de manera que no tendrá influencia sobre la tierra durante el milenio (Ap 20:1–3).
De acuerdo con el punto de vista premilenario, al final de los mil años Satanás será liberado del abismo y aunará fuerzas con muchos incrédulos que se han sometido formalmente al reinado de Cristo pero que internamente han estado enfurecidos en rebelión contra él. Satanás reunirá esta gente rebelde para luchar contra Cristo, pero ellos serán decisivamente derrotados. Entonces Cristo levantará de los muertos a todos los creyentes que han muerto a través de la historia, y estos se presentarán ante él para el juicio final. Después que haya ocurrido el juicio final, los creyentes entrarán en el estado de eternidad.
Parece que el premilenarismo ha tendido a incrementar su popularidad cuando la iglesia ha experimentado persecución, y cuando el mal y el sufrimiento han crecido en la tierra. Pero, como en el caso del posmilenarismo, los argumentos de la posición premilenaria no se basan en la observación de los acontecimientos presentes, sino en pasajes específicos de la Escritura, especialmente (pero no exclusivamente) en Apocalipsis 20:1–10.
b. Premilenarismo Pretribulacionista (o Premilenarismo Dispensacional): Otra variedad de premilenarismo ha ganado amplia popularidad en los siglos diecinueve y veinte, particularmente en el Reino Unido y en los Estados Unidos. De acuerdo con esta posición, Cristo volverá no solo antes del milenio (el regreso de Cristo es premilenario), sino también ocurrirá antes de la gran tribulación (el regreso de Cristo es pretribulacionalista). Esta posición es similar a la posición milenaria clásica mencionada arriba, pero con una diferencia importante: añadirá otro regreso de Cristo antes de su regreso para reinar sobre la tierra en el milenio.

 

Una Consideración de los Argumentos a Favor del Premilenarismo


La posición propugnada en este libro es el premilenarismo histórico. Los argumentos en contra de la posición premilenaria han sido presentados en lo esencial en los argumentos a favor del amilenarismo y posmilenarismo, y por lo tanto no se los repetirá aquí en una sección aparte, pero objeciones incidentales a estos argumentos serán consideradas en su transcurso.
1. Varios pasajes del Antiguo Testamento no parecen ajustarse ni a la era presente ni al estado de eternidad. Estos pasajes indican alguna etapa futura en la historia de la redención que es muy superior a la presente era de la iglesia pero que aun no ve la remoción de todo pecado, rebelión y muerte de la faz de la tierra.
Hablando de Jerusalén en algún futuro momento, Isaías dice:

Nunca más habrá en ella
niños que vivan pocos días,
ni ancianos que no completen sus años.
El que muera a los cien años será considerado joven;
pero el que no llegue a esa edad
será considerado maldito. (Is 65:20)

Aquí leemos que no habrá más infantes que mueran en la niñez, ni hombres viejos que mueran prematuramente, algo muy diferente a esta era presente. Pero la muerte y el pecado estarán todavía presentes, porque el niño que tiene cien años debe morir, y el pecador que tiene cien años «será considerado maldito». En el amplio contexto de este pasaje puede que se entremezclen del milenio y del estado de eternidad (cf. vv. 17, 25), pero está en la naturaleza de la profecía del Antiguo Testamento no distinguir entre eventos futuros, exactamente como estas profecías no distinguen entre la primera y la segunda venida de Cristo. Por lo tanto, en un contexto más amplio puede haber elementos mezclados, pero se mantiene el asunto de que este único elemento (los infantes y ancianos que viven mucho, el niño que muere a los cien años, y el pecador que será maldito) indica un tiempo específico en el futuro diferente a la edad presente.
Isaías parece predecir un reino milenario en otro lugar cuando dice:

El lobo vivirá con el cordero,
el leopardo se echará con el cabrito,
y juntos andarán el ternero y el cachorro de león,
y un niño pequeño los guiará.
La vaca pastará con la osa,
sus crías se echarán juntas,
y el león comerá paja como el buey.
Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra,
y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora.
No harán ningún daño ni estrago
en todo mi monte santo,
porque rebosará la tierra con el conocimiento del SEÑOR
como rebosa el mar con las aguas (Is 11:6–9)

Este pasaje habla claramente de una momentánea renovación de la naturaleza que nos lleva mucho más allá de la era presente, un tiempo cuando «rebosará la tierra con el conocimiento del SEÑOR como rebosa el mar con las aguas» (v. 9). Pero en el verso inmediatamente siguiente Isaías dice:

En aquel día se alzará la raíz de Isaí como estandarte de los pueblos; hacia él correrán las naciones, y glorioso será el lugar donde repose. En aquel día el SEÑOR volverá a extender su mano para recuperar el remanente de su pueblo, a los que hayan quedado en Asiria, en Egipto, Patros y Cus. (Is 11:10–11)

Aquí algunos todavía buscan al Mesías y se acercan aparentemente a la salvación, y también aquí el Señor todavía congrega el remanente de su pueblo desde varias naciones de la tierra. Por lo tanto, no parece que el estado de eternidad ha comenzado, pero los percances de la naturaleza exceden con mucho todo lo que ocurrirá en esta era presente. ¿No indica esto un futuro reino milenario?
El Salmo 72 parece ir más allá de una descripción del reinado de Salomón para predecir las glorias del reino del Mesías:

Que domine el rey de mar a mar,
desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra.
Que se postren ante él las tribus del desierto;
¡que muerdan el polvo sus enemigos!
Que le paguen tributo los reyes de Tarsis
y de las costas remotas;
que los reyes de Sabá y de Seba
le traigan presentes;
que ante él se inclinen todos los reyes;
¡que le sirvan todas las naciones!
Él librará al indigente que pide auxilio,
y al pobre que no tiene quien lo ayude.
Se compadecerá del desvalido y del necesitado,
y a los menesterosos les salvará la vida.
Los librará de la opresión y la violencia,
porque considera valiosa su vida. (Sal 72:8–14)

Este pasaje ciertamente habla de un gobierno mesiánico mucho más amplio que el experimentado por David y Salomón, porque este reino mesiánico «hasta los confines de la tierra» y lo servirán «todas las naciones» (vv. 8, 11; note que el salmo también dice en el v. 5: «Que viva el rey por mil generaciones, lo mismo que el sol y la luna»). Este será un reino justiciero, de justicia—pero ciertamente no será el estado de eternidad. Todavía existirá «el indigente que pide auxilio» y «el pobre que no tiene quien lo ayude» (vv. 12–14). Todavía habrá enemigos «que muerdan el polvo» bajo el gobierno de este Rey justiciero (v. 9). Todo esto habla de una era muy diferente de la era presente pero menos que el estado de eternidad en el que no hay más pecado ni sufrimiento.
Zacarías también profetiza que viene una era en la que hay una gran transformación en la tierra, en la que el Señor es Rey sobre toda la tierra, y en la que todavía hay rebelión y pecado, y muerte:

Entonces vendrá el Señor mi Dios, acompañado de todos sus fieles. En aquel día excepcional, que sólo el SEÑOR conoce: no tendrá día ni noche, pues cuando llegue la noche, seguirá alumbrando la luz. En aquel día fluirá agua viva desde Jerusalén, tanto en el verano como en invierno. Y una mitad correrá hacia el Mar Muerto, y la otra hacia el mar Mediterráneo. El SEÑOR reinará sobe toda la tierra. En aquel día el SEÑOR será el único Dios, y su nombre será el único nombre.
Esta será la plaga con la que el SEÑOR herirá a todos los pueblos que pelearon contra Jerusalén. Se les pudrirá la carne en vida, se les pudrirán los ojos en las cuencas, y se les pudrirá la lengua en la boca … y se recogerán las riquezas de todas las naciones vecinas, y grandes cantidades de oro y plata y de ropa …
Entonces los sobrevivientes de todas las naciones que atacaron a Jerusalén subirán año tras año para adorar al Rey, al SEÑOR Todopoderoso, y para celebrar la fiesta de las Enramadas. Si alguno de los pueblos de la tierra no sube a Jerusalén para adorar al Rey, al SEÑOR Todopoderoso, tampoco recibirá lluvia. (Zac 14:5–17)

Otra vez aquí la descripción no se ajusta a la era presente, pues el Señor es Rey sobre toda la tierra en esta situación. Pero esto tampoco se ajusta al estado de eternidad, porque la desobediencia y la rebelión contra el Señor están claramente presentes. Se podría objetar que esta es una típica profecía del Antiguo Testamento en la que se unen distintos eventos futuros que la visión del profeta no distingue, pese a que pueden estar separados por largos períodos cuando realmente ocurran. No obstante, es difícil hacer esa distinción en este pasaje porque se trata de una rebelión específica contra el Señor que es Rey sobre toda la tierra que se castiga con estas plagas y la falta de lluvia.
2. También hay otros pasajes del Nuevo Testamento, aparte de Apocalipsis 20, que sugieren un futuro milenio. Cuando el Señor Jesús resucitado habla a la iglesia de Tiatira, dice: «Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero, como yo también la he recibido de mi Padre» (Ap 2; 26–27). La simbología que se usa (reinar con una vara de hierro; quebrar vasos de alfarero) implica un gobierno fuerte sobre los rebeldes. ¿Pero cuándo los creyentes que triunfen sobre el mal participarán en este gobierno? La idea se ajusta bien a un futuro reino milenario cuando los santos glorificados reinen con Cristo sobre la tierra, pero no se ajusta bien a ningún momento de la era presente o del estado de eternidad. (La idea de gobernar las naciones «con vara de hierro» también se encuentra en Apocalipsis 12:5–6 y 19:15.)
Cuando Pablo habla de la resurrección, dice que cada persona recibirá un cuerpo resucitado, cada uno en su debido orden: «Cristo, las primicias; después (eita) cuando él venga, los que les pertenecen. Entonces (epeita) vendrá el fin, cuando el entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies» (1 Co 15:23–25). Las dos palabras traducidas «entonces» en este pasaje (epeita y eita) tienen el sentido de «después de», no el sentido de «al mismo tiempo». Por consiguiente el pasaje le ofrece algún apoyo a la idea que, justo como hay un intervalo de tiempo entre la resurrección de Cristo y su segunda venida cuando nosotros recibamos un cuerpo resucitado (v. 23), de manera que hay un intervalo de tiempo entre la segunda venida de Cristo y «el fin» (v. 24), cuando Cristo entregue el reino al Padre tras haber reinado durante un tiempo y puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
3. Con cierto número de otros pasajes de trasfondo que apuntan o claramente sugieren un tiempo futuro mucho más grandioso que la era presente pero menos que el estado de eternidad, resulta entonces apropiado examinar Apocalipsis 20 una vez más. Aquí hay varias afirmaciones que se entienden mejor como referidas a un futuro reinado terrenal de Cristo anterior al juicio futuro.
a. La atadura y encierro de Satanás en el abismo (v. 2–3) implican una restricción mucho mayor de su actividad que lo que conocemos en esta era presente (vea la discusión arriba, bajo amilenarismo).
b. La declaración de que aquellos que fueron fieles «vivieron» (v. 4) se interpreta mejor como referida a una resurrección corporal, pues el siguiente versículo dice: «Ésta es la primera resurrección». El verbo ezesan, «volver a vivir», es el mismo verbo y la misma forma verbal que se utiliza en Apocalipsis 2:8, donde Jesús se identifica a sí mismo como «el que murió y volvió a vivir», una obvia referencia a su resurrección.
c. En una interpretación premilenario, el reinado de Cristo (en Ap 20:4) es algo todavía futuro, no algo que ocurre ahora (como aducen los amilenarios). Esto es consistente con el resto del Nuevo Testamento, donde se nos dice a menudo que los creyentes reinarán con Cristo y se les dará autoridad por él para reinar sobre la tierra (vea Lc 19:17, 19; 1 Co 6:3; Ap 2:26–27; 3:21). Pero en ningún otro lugar la Escritura dice que los creyentes en el estado intermedio (entre su muerte y el regreso de Cristo) están reinando con Cristo o compartiendo su gobierno con él. De hecho, Apocalipsis describe primero a los santos en el cielo antes que Cristo regrese esperando bajo el altar y clamando a gran voz al Señor que comience a juzgar a los impíos sobre la tierra (Ap 6:9–10). En ningún lugar se dice que los cristianos ya reinan con Cristo.
Aquellos que vuelven a vivir y reinan con Cristo en Apocalipsis 20 incluyen a gente «que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y que no recibieron la marca en sus frentes» (Ap 20:4). Esta es una referencia a aquellos que no se rindieron ante las persecuciones de la bestia de que se habla en Apocalipsis 13:1–18). Pero si la severidad de la persecución descrita en Apocalipsis 13 nos llevan a concluir que la bestia no ha aparecido aun sobre el escenario mundial, sino que esto es algo futuro, entonces la persecución de esta bestia es también futura. Y si esta persecución es aun futura, entonces la escena de Apocalipsis 20 donde aquellos «que no habían adorado la bestia … y no recibieron la marca en sus frentes» (Ap 20:4) también es futura. Esto significa que Apocalipsis 20:1–6 no describe la presente era de la iglesia sino se entiende mejor como referida a un futuro reino milenario de Cristo.
Estas consideraciones se combinan para plantear un caso a favor del premilenarismo. Si estamos convencidos de esta posición, es realmente una cuestión incidental si el período de mil años se concibe como mil años literales o simplemente como un período prolongado de tiempo de duración indeterminada. Y aunque puede que no tengamos muy claros todos los detalles de la naturaleza del milenio, podemos estar razonablemente seguros que habrá un futuro reinado terrenal de Cristo que será notablemente diferente de esta era presente.


 



Charles C. Ryrie


El premilenialismo es el punto de vista que mantiene que la segunda venida de Cristo ocurrirá antes del Milenio, el cual verá el establecimiento del reino de Cristo en esta tierra por mil años literales. También entiende que habrá varias ocasiones en que se efectuarán resurrecciones y juicios. La eternidad comenzará cuando se concluyan los mil años. Dentro del premilenialismo hay los que mantienen diferentes puntos de vista concernientes al tiempo del Rapto.


 CARACTERISTICAS DOCTRINALES DEL
PREMILENIALISMO

A. Concernientes a la Biblia

Los premilenialistas tienen un concepto alto de las Escrituras. Probablemente se pueda confiadamente decir que los premilenialistas pretribulacionales creen en la inerrancia de la Biblia casi sin excepción.

B. Concernientes al Milenio

Todas las formas de premilenialismo entienden que el Milenio sigue a la segunda venida de Cristo. Su duración será de mil años; su lugar, esta tierra; su gobierno, teocrático, con la presencia personal de Cristo como Rey; y cumplirá todas las promesas aún no cumplidas tocantes al reino terrenal.
Mientras que los premilenialistas generalmente consideran el reino venidero literalmente, algunos lo interpretan menos que eso. Para George E. Ladd las profecías concernientes a Israel son espiritualizadas, y el reino milenial se considera más como una extensión del reino espiritual de Dios (A Theology of the New Testament [Grand Rapids: Eerdmans, 1974], pp., 64–9, 629–32). Para Robert Mounce los mil años de Apocalipsis 20 son literales, pero el reino venidero no es “la era mesiánica predicha por los profetas del Antiguo Testamento” (The Book of Revelation [Grand Rapids: Eerdmans, 1977], p. 359).

C. Concernientes a los pactos

Los premilenialistas entienden que nunca se ha cumplido la promesa del pacto abrahámico que concede a los descendientes de Abraham la tierra desde el río de Egipto hasta el río Eufrates, pero que se cumplirá en el venidero reino milenial (Génesis 15:18). Las promesas del pacto davídico también necesitan el establecimiento del reino milenial para su cumplimiento (2 Samuel 7:12–16).

D. Concernientes a la iglesia

Los premilenialistas dispensacionales, invariablemente, hacen distinción entre la iglesia e Israel. Debido a que la iglesia no cumple las promesas aún no cumplidas hechas a Israel, tiene que haber un tiempo cuando se cumplirán, y ese tiempo es en el Milenio.
La medida en que un sistema teológico invariablemente distingue entre Israel y la iglesia revelará su posición escatológica.


Los premilenialistas emplean una hermenéutica literal o normal. Y de esto, por supuesto, resulta su cuadro de los eventos futuros.


 LA HISTORIA DEL PREMILENIALISMO

A. El período antiguo

En los primeros siglos de la iglesia se tenía en todas partes un esquema general premilenial, aunque los detalles cronológicos no eran siempre claros. Las descripciones del Milenio son literalistas; el reino futuro de Cristo en Jerusalén es un tema prominente; y ese reino seguirá a la venida de Cristo. El historiador eclesiástico Philip Schaff hace el siguiente resumen: “El punto que más se destaca en la escatología de la época prenicena es el quiliasmo prominente, o el milenarismo, es decir, la creencia en un reino visible de Cristo en gloria sobre la tierra por mil años con los santos resucitados, antes de la resurrección y el juicio generales. Esta, ciertamente, no era la doctrina de la iglesia incorporada en algún credo o fórmula devocional, sino una opinión de maestros distinguidos muy generalizada” (History of the Christian Church [New York: Scribners, 1884], 2:614. Para citas de algunos de aquellos “maestros distinguidos” véase Ryrie, Las bases de la fe premilenial [Publicaciones Portavoz, Kregel Publications, 1984], pp. 25–36).
Con la unión de la iglesia y el estado bajo Constantino, se apagó un poco la esperanza de la venida de Cristo. La escuela alejandrina de interpretación atacó la hermenéutica literal sobre cual se basaba el premilenialismo, y la influencia de las enseñanzas de Agustín reinterpretaron el concepto y el tiempo del Milenio.

B. Los períodos medievales y de la Reforma

En el período medieval la mayoría de las doctrinas, incluyendo la escatología, fueron eclipsadas por la oscuridad de aquellos siglos. Como hemos visto, los reformadores por lo general eran amilenialistas en su escatología, aunque los anabaptistas y los hugonotes eran quiliastas.

C. El período moderno

El período moderno ha visto el resurgimiento de la enseñanza premilenial. Varios comentaristas (como J.A. Bengel y Henry Alford) escribieron desde este punto de vista. La difusión del dispensacionalismo en los siglos diecinueve y veinte trajo consigo un vivo interés en los estudios proféticos. (Para discusiones detalladas véanse Ernest R. Sandeen, The Roots of Fundamentalism, [Chicago: University of Chicago Press, 1970], y C. Norman Kraus, Dispensationalism in America [Richmond: John Knox, 1950]).


 


 

Millard J. Erickson


El premilenarismo está comprometido con el concepto de un reinado en la tierra de Jesucristo de aproximadamente unos mil años (o al menos un periodo de tiempo sustancial). Al contrario que el postmilenarismo, el premilenarismo considera que Cristo estará presente físicamente durante este tiempo; cree que regresará personalmente y de forma corporal para comenzar el milenio. Siendo así el caso, el milenio debe considerarse como algo futuro todavía.
El premilenarismo fue probablemente la perspectiva dominante durante el periodo de la iglesia primitiva. Los cristianos de los tres primeros siglos tenían una gran esperanza en cuanto a un pronto regreso de Cristo. En lugar de creer en un crecimiento gradual del reino, ellos esperaban que el escatón se iniciara con un suceso cataclísmico. Justino Mártir, Ireneo y varios otros teólogos tempranos mantenían esta teoría. Mucho del milenarismo de este periodo – a menudo denominado “quiliasmo”, de la palabra griega para “mil” – tenía un gusto bastante sensual. El milenio sería un tiempo de gran abundancia y fertilidad, de renovación de la tierra y de la construcción de una glorificada Jerusalén. Esto tendía a ofender a la escuela alejandrina de Clemente, Orígenes y Dionisio. Un factor importante para el declive del quiliasmo fue el punto de vista de Agustín sobre el milenio, que discutimos anteriormente. En la Edad Media, el premilenarismo se hizo un tanto raro, a menudo restringido a las sectas místicas.
Hacia mediados del siglo XIX, el premilenarismo empezó a hacerse popular entre los círculos conservadores. Esto en parte fue debido al hecho de que los liberales, cuando tenían una perspectiva sobre el milenio, eran postmilenaristas, y algunos conservadores consideraban cualquier cosa asociada con el liberalismo sospechosa. La creciente popularidad del sistema dispensacionalista de interpretación y de la escatología también dio un impulso al premilenarismo. Tiene una adherencia considerable entre los bautistas conservadores, los grupos pentecostales y las iglesias fundamentalistas independientes.
El pasaje clave para el premilenarismo es Apocalipsis 20:4–6:

“Vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar. Y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.”

Los premilenaristas observan que aquí hay evidencia de un periodo de mil años y dos resurrecciones, una al principio y otra al final. Insisten en una interpretación literal y consistente de este pasaje. Como el mismo verbo—ἔζησαν (ezēsan)—se utiliza para referirse a las dos resurrecciones, deben ser del mismo tipo. Los amilenaristas, y, de hecho, los postmilenaristas, a menudo se ven forzados a decir que son de distinto tipo. La explicación que se suele dar es que la primera resurrección es espiritual, o sea, regeneración, mientras que la segunda es literal, física, o resurrección del cuerpo. Por tanto los que toman parte en la primera resurrección también pasarán por la segunda. Sin embargo, los premilenaristas rechazan esta interpretación por considerarla insostenible. George Beasley-Murray observa que atribuye confusión y pensamiento caótico al autor bíblico. Henry Alford hace un siglo afirmaba que si una resurrección es una vivificación espiritual y la otra es una vivificación física: “entonces se acaba todo significado en el lenguaje, y las Escrituras quedan eliminadas como testimonio definitivo de cualquier tema.” George Ladd dice que si ἔζησαν significa resurrección del cuerpo en el versículo 5, debe significar resurrección del cuerpo en el versículo 4; si no es así, “hemos perdido el control de la exégesis.”
Todos estos estudiosos están sensibilizados con el hecho de que el contexto puede alterar el significado de las palabras. Sin embargo, señalan que en este caso los dos usos de ἔζησαν se dan juntos, y nada en el contexto sugiere ningún cambio en el significado. En consecuencia, lo que tenemos aquí son dos resurrecciones del mismo tipo, que implican a dos grupos diferentes en un intervalo de tiempo de mil años. También parece según el contexto que los que participan en la primera resurrección no lo hacen en la segunda. Es “el resto de los muertos” (οἱ λοιποὶ τῶν νεκρῶν—hoi loipoi tōn nekrōn) los que no vienen a la vida hasta que no han pasado los mil años. Aunque no se dice que vendrán a la vida en ese momento, se implica que así será. Hay un contraste obvio entre los que están implicados en la segunda resurrección y los que están implicados en la primera.
También es importante observar la naturaleza del milenio. Mientras que los postmilenaristas creen que el milenio será introducido gradualmente, quizá incluso de forma imperceptible, los premilenaristas anticipan un suceso cataclísmico repentino. Según la perspectiva premilenarista, el reinado de Jesucristo será completo desde el principio mismo del milenio. El mal habrá sido prácticamente eliminado.
Según el premilenarismo, pues, el milenio no será una extensión de tendencias que ya están funcionando en el mundo. Más bien, habrá una ruptura brusca con las condiciones existentes en la actualidad. Por ejemplo, habrá paz mundial. Esto está muy lejos de la situación actual, donde la paz mundial es, desde luego, algo raro y la tendencia no parece que vaya a mejorar. La armonía universal no estará restringida a los humanos. La naturaleza, que ha estado “gimiendo con dolores de parto,” esperando su redención, será liberada de la maldición de la caída (Ro. 8:19–23). Incluso los animales vivirán en armonía unos con otros (Is. 11:6–7; 65:25) y las fuerzas destructivas de la naturaleza se calmarán. Los santos gobernarán el mundo junto con Cristo en este milenio. Aunque la naturaleza exacta de su reinado no se explica, ellos como recompensa a su fidelidad, participarán con él en la gloria que es suya.
Todos los premilenaristas anticipan también que Israel tendrá un lugar especial en el milenio. Sin embargo, no están de acuerdo en la naturaleza de ese lugar especial. Los dispensacionalistas mantienen que Dios sigue teniendo un pacto incondicional con el Israel nacional, de manera que cuando Dios haya completado sus tratos con la iglesia, retomará de nuevo sus relaciones con el Israel nacional. Jesús literalmente se sentará en el trono de David y gobernará el mundo desde Israel. Todas las profecías y promesas sobre Israel se cumplirán dentro del milenio, que tendrá por tanto un marcado carácter judío. Los no dispensacionalistas ponen un énfasis mucho menor en el Israel nacional, afirmando que el lugar especial de Israel, siendo de naturaleza espiritual, se encontrará dentro de la iglesia. Muchos en Israel serán convertidos durante el milenio.
Los premilenaristas también sostienen que el milenio supondrá un cambio tremendo sobre lo inmediatamente anterior, es decir, la gran tribulación. La tribulación será un tiempo de agitación y confusión sin precedentes, con alteraciones cósmicas, persecuciones y gran sufrimiento. Aunque los premilenaristas no están de acuerdo en si la iglesia estará presente o no durante la tribulación, sí están de acuerdo en que la situación mundial se encontrará en su peor momento justo el momento antes de que Cristo llegue para establecer el milenio, que será, por contraste, un periodo de paz y rectitud.


 

La Idea Del Dispensacionalismo

Thomas P. Nass

El dispensacionalismo recibe ese nombre porque enseña que Dios ha tenido diferentes formas de tratar con la gente en diferentes períodos de tiempo. A esos sistemas diferentes o maneras diferentes de tratar con las gentes se les da el nombre dispensaciones. Tradicionalmente, los dispensacionalistas han definido siete de esas dispensaciones, que son:

1. Inocencia: desde la creación hasta la caída de Adán
2. Conciencia: desde la caída de Adán hasta el diluvio
3. Gobierno: desde el diluvio hasta Abraham
4. Promesa: desde Abraham hasta Moisés
5. Ley: desde Moisés hasta la primera venida de Jesús
6. Gracia: desde la primera venida de Jesús hasta su segunda venida
7. Reino; desde la segunda venida y por la eternidad

El dispensacionalismo tiene también un número de enseñanzas características en relación con los últimos tiempos. Todos los dispensacionalistas son premilenialistas; creen que va a haber un milenio y que Cristo va a regresar al comienzo de ese milenio. Pero cometen una exageración al insistir en que casi todas las profecías de la Biblia se van a cumplir literalmente. También dicen que la iglesia y el pueblo judío constituyen dos dispensaciones claramente diferentes con un futuro diferente.


Un principio básico dispensacional: la interpretación literal de la profecía

En primer lugar, los dispensacionalistas se enorgullecen diciendo que leen la Biblia de manera literal. Eso incluye la búsqueda de cumplimientos literales de casi todas las profecías de Biblia. Ellos acusarían al amilenialismo de “espiritualizar” o “alegorizar” en la interpretación de la profecía de la Biblia; consideran que la interpretación literal que hacen de la Escritura es una defensa contra la teología liberal.
Por ejemplo, cuando Ezequiel 40–48 da la visión de un templo fabuloso, los dispensacionalistas insisten en que ese templo se va a construir literalmente y va a ser usado durante el milenio, en el sitio tradicional del templo de Jerusalén. Ezequiel dijo que el área del templo será de 1.6 km cuadrados; y como el área actual del monte del templo en Jerusalén es de unos 450 m por 250 m, los dispensacionalistas enseñan que el valle de Cedrón tendrá que ser rellenado, y que la antigua ciudad de Jerusalén será destruida. Eso también significa que la Cúpula de la Roca, la mezquita musulmana, tendrá que ser quitada, porque actualmente está en el sitio del templo. Los dispensacionalistas se emocionan cuando se enteran de que hay algunos grupos judíos extremistas que están haciendo planes para edificar un nuevo templo.
Se podrían dar muchos otros ejemplos. Cuando Dios dice en Malaquías 4:5, “Yo os envío al profeta Elías antes que venga el día de Jehová”, los dispensacionalistas dicen que el mismo profeta Elías que vivió en la época del Antiguo Testamento será resucitado para que venga en persona; lo afirman a pesar de que Jesús dice muy claramente que esa profecía se cumplió en Juan el Bautista (Mateo 11:14). Cuando Apocalipsis 7:4–8 habla de los 144,000 que fueron sellados, 12,000 de cada una de las 12 tribus, los dispensacionalistas insisten en que aquí se está hablando literalmente de las doce tribus judías. Cuando Apocalipsis 18 habla de la destrucción de “Babilonia la Grande”, los dispensacionalistas asumen que la ciudad de Babilonia va a ser literalmente reedificada y destruida. Sin lugar a duda, los dispensacionalistas tienen un alto concepto de la Escritura, y eso se demuestra en una interpretación hiperliteral de la profecía.


Otro principio básico dispensacional: la iglesia e Israel están separados

La lectura rígidamente literal de la Biblia conduce a los dispensacionalistas a otra convicción fundamental: afirman que la iglesia y el Israel del Antiguo Testamento, son programas o dispensaciones separados. La iglesia no es la continuación ni el cumplimiento del Israel de Dios del Antiguo Testamento. La iglesia es un programa temporal, provisional; en el milenio, el programa original de Dios con Israel volverá al primer plano.
Sorprendentemente, los dispensacionalistas dicen que cuando Jesús vino a la tierra en su primera venida, les ofreció un reino terrenal a los Judíos, un reino similar reino al del rey David. Como los judíos rechazaron el ofrecimiento, fue pospuesto para un tiempo futuro, y en su lugar se estableció un orden transicional que se llama la iglesia. Ellos dicen que esa iglesia no está profetizada en el Antiguo Testamento, que es un “paréntesis misterioso” en el plan de Dios, que interrumpe el plan profético de Dios para Israel. En el milenio, Dios va a volver a su plan original de establecer un glorioso reino terrenal con su centro en los judíos.
Con esta interpretación, el futuro milenio tiene un carácter decididamente judío. La ciudad terrenal de Jerusalén va a ser el centro del reino terrenal de Cristo. La tierra de Israel se va a dividir según las estipulaciones de Ezequiel 48, de acuerdo con las cuales cada tribu de Israel tendrá una franja de tierra de 11 km. Se van a restablecer las ceremonias y los sacrificios del Antiguo Testamento, en relación con el templo de Jerusalén.


Mala interpretación de la profecía del Antiguo Testamento

Se puede decir que, en gran medida, la enseñanza del dispensacionalismo sobre los tiempos finales se basa en la lectura literal del Antiguo Testamento, con la expectativa de que las profecías se van a cumplir con los judíos y no con la iglesia. Como Dios le prometió a Abraham que sus descendientes van a ocupar la tierra de Canaán “en heredad perpetua” (Génesis 17:8), entonces los judíos tienen derecho a vivir en esa tierra ahora y en el milenio. Como Isaías profetizó que “al final de los tiempos será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes” (2:2), la ciudad de Jerusalén va a tener un templo, y la topografía va a ser cambiada en el milenio, de modo que su elevación va a ser mayor que los montes que la rodean.
Los dispensacionalistas estrictos dicen que el Antiguo Testamento no prevé la iglesia de ninguna manera. El dispensacionalista W. A. Criswell escribió: “Esta edad de la iglesia es un paréntesis.… Los profetas nunca la vieron; Dios la conservó en secreto para ellos. Los profetas hablaron del reino; hablaron del Cristo; hablaron de los judíos, de la tierra santa y del templo; hablaron de la tribulación. Pero nunca hablaron de la iglesia. Ese fue un secreto que Dios guardó en su corazón hasta que lo reveló a sus santos apóstoles”. La Biblia de Estudio Scofield, que usan por lo común los dispensacionalistas, dice: “Es especialmente necesario excluir la noción de que la iglesia es el verdadero Israel, y que el Antiguo Testamento previó que el reino tiene su cumplimiento en la iglesia; esa es una herencia en el pensamiento protestante, que recibió de la teología postapostólica y católica romana”.
En lugar de leer el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento, los dispensacionalistas tienden a exaltar el Antiguo Testamento sobre el Nuevo. Dicen que el Antiguo Testamento no depende del Nuevo para su iluminación o interpretación.


La fascinación con el moderno estado de Israel

Todo esto lleva a los dispensacionalistas a tener una fascinación con el moderno estado de Israel que se creó en 1948. Muchos de ellos creen que Dios les ha dado la responsabilidad de apoyar a Israel y su expansión, porque tiene un papel en el cronograma de Dios para el fin. Ya en 1891, el dispensacionalista William E. Blackstone redactó una petición en la que abogaba por el establecimiento de un estado judío en Palestina. Recientemente se ha conformado una red mundial de cristianos dispensacionales que trabajan para apoyar al moderno estado de Israel por razones religiosas. Hay grupos como los “Cristianos Unidos por Israel”; el dispensacionalista Charles H. Dyer ha escrito: “En el momento en que los Estados Unidos le vuelvan la espalda a Israel, nos habremos convertido en enemigos de Dios. Eso no significa que debamos excusar todo lo que haga Israel, pero nunca debemos dejar de afirmar el derecho que tiene Israel a existir como una nación en la tierra que Dios le ha prometido”. Algunos observadores sospechan que este impulso en el dispensacionalismo ha tenido una influencia en la política exterior del gobierno de Estados Unidos en los últimos años.
La mentalidad dispensacionalista está también dispuesta a conectar la profecía de la Biblia con la actualidad política en general. En 1990 Juan F. Walvoord escribió un libro titulado Armageddon, Oil, and the Middle East Crisis: What the Bible Says About the Future of the Middle East and the End of Western Civilization [Armagedón, el Petróleo y la Crisis del Oriente Medio: Lo que dice la Biblia sobre el Futuro del Oriente Medio y el Fin de la Civilización Occidental]. Algunos dispensacionalistas creen que la profecía de Daniel 7:23–27 sobre el renacimiento del imperio romano se ha cumplido en la unión europea. Algunos dispensacionalistas creen que la profecía sobre Gog y Magog de Ezequiel 38 se ha cumplido en Rusia. Mensajes como este tienen gran atractivo popular, y tienen mucho éxito en la televisión. Desde luego, tienen que ser actualizados y revisados constantemente, por la naturaleza siempre cambiante de la política.


La historia del dispensacionalismo

John Nelson Darby, un miembro de la English Brethren, que vivió de 1800 a 1882, es reconocido como el fundador del dispensacionalismo. Todavía hay debate en cuanto a de dónde obtuvo sus ideas. Algunos investigadores están convencidos de que recibió sus ideas de una original profetiza de quince años que tenía el nombre de Margaret MacDonald. De 1862 a 1877, Darby hizo siete viajes a Norteamérica para promover el dispensacionalismo. Allí logró convertir, en Chicago al evangelista Dwight Moody a sus convicciones, y Moody le ayudó a difundir aún más sus ideas.
El dispensacionalismo avanzó en el siglo 20 con la Biblia de Referencia Scofield, publicada en 1909. Durante la década de 1900 circularon unos diez millones de copias de esa Biblia, y le dieron solidez a la enseñanza dispensacional, más que cualquier otro documento escrito. El teólogo dispensacional más notable del siglo 20 fue Lewis Sperry Chafer (1871–1952), cuya Teología Sistemática en siete volúmenes se convirtió en un clásico dispensacional. Chafer fundó el Dallas Theological Seminary en 1924 y fue su presidente hasta 1952. En la actualidad, el Dallas Theological Seminary es el centro neurálgico del dispensacionalismo.
En las últimas décadas, el dispensacionalismo ha logrado entrar en los hogares de los Estados Unidos por medio de escritos populares sensacionalistas. En 1970, Hal Lindsey, un graduado del Dallas Theological Seminary, publicó su libro The Late Great Planet Earth, [traducido como La Agonía del Gran Planeta Tierra] que presentó el futuro del mundo de acuerdo con el esquema dispensacional. Este libro fue la obra literaria de no ficción más vendida en toda la década de 1970, con unas ventas totales de más de 25 millones de copias. En 1995 se publicó el primer volumen de la serie Left Behind (Dejados Atrás); vamos a hablar sobre esta serie en el siguiente capítulo. La serie se ha convertido en la más exitosa serie de ficción para adultos de todos los tiempos; en el momento de escribir este libro, se han vendido más de 63 millones de libros de esa serie, y sigue teniendo éxito.
Sin lugar a dudas, el dispensacionalismo ha tenido éxito en hacer llegar su mensaje a la gente; no se ha quedado en torres de marfil con los profesores y los teólogos, su propagación es asombrosa. Pero el dispensacionalismo tiene también la triste distinción de ser una novedad en la iglesia; fue desconocido durante el 90 por ciento de la existencia de la iglesia.
Otro desarrollo en las últimas décadas ha sido la aparición de una forma más moderada de dispensacionalismo, llamada dispensacionalismo progresivo. Este movimiento está dispuesto a ver cierta continuidad entre Israel y la iglesia, y a decir que las profecías del Antiguo Testamento se cumplen parcialmente en la iglesia; en muchos aspectos, el dispensacionalismo progresivo se encuentra cerca de premilenialismo histórico. Queda por ver cómo se va a desarrollar el dispensacionalismo progresivo; como era de esperar, los dispensacionalistas estrictos lo han condenado, alegando que no es fiel a los principios del dispensacionalismo.


Dios no pretende que toda la profecía se cumpla literalmente

¿Por dónde comenzamos a evaluar el dispensacionalismo? Podemos comenzar con la premisa fundamental del dispensacionalismo, que toda la profecía se debe cumplir literalmente. Hemos hablado de este tema antes, pero hay que insistir mucho en él. Dios dice con toda claridad que él no pretende que toda la profecía sea literalmente cumplida. Mencionemos tres razones por las que podemos estar seguros de esto.
La primera consiste en que algunas veces el Nuevo Testamento cita profecías del Antiguo Testamento y dice que se han cumplido de manera espiritual, no literal. Amós 9:11 dice: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David”. ¿Significa eso que se volverá a usar la misma lona literal que usó David para su tienda de campaña? No.
Hechos 15:13–16 indica que esa profecía se cumplió de manera espiritual en el establecimiento de la iglesia. Isaías 40:4 predice: “Todo valle sea alzado y bájese todo monte y collado”. ¿Significa esto que la topografía del desierto de Judea se va a nivelar físicamente? No. Lucas 3:3–6 revela que está hablando del arrepentimiento que fue predicado por Juan el Bautista. Es cierto que hay muchas profecías del Antiguo Testamento que se cumplieron literalmente: Los soldados echaron suertes sobre la ropa de Jesús (Salmo 22:18; Juan 19:24); el cuerpo de Jesús no vio corrupción (Salmo 16:10; Hechos 2:31). Pero el Nuevo Testamento también muestra que Dios no pretende que toda profecía sea cumplida literalmente.
La segunda razón consiste en que si algunas de las profecías del Antiguo Testamento se interpretaran de manera literal, entrarían en conflicto con pasajes claros del Nuevo Testamento. Jeremías 33:18 predice que siempre habrá sacerdotes levitas que le presenten las ofrendas a Dios. De la misma manera, Ezequiel 45:13–46:24 predice que en el templo restaurado se harán sacrificios de animales, con el fin de hacer expiación por el pecado, pero el libro de Hebreos dice que el antiguo pacto es “viejo” y está próximo a desaparecer (Hebreos 8:13). Como Cristo ha venido y se ha ofrecido a sí mismo como el sacrificio perfecto por los pecados del mundo, “queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia” (Hebreos 7:18). Si el Nuevo Testamento dice que los sacrificios del antiguo pacto se han eliminado, entonces estos pasajes de Jeremías y Ezequiel no se pueden cumplir de manera literal, se deben interpretar de manera espiritual, en la vida y en la devoción de los creyentes en Cristo.
Cuando leemos la profecía del Antiguo Testamento, tenemos que comprender que los profetas del Antiguo Testamento utilizaron imágenes y conceptos tomados de su propia experiencia cuando describieron realidades del Nuevo Testamento. Fue así como Dios los guió a escribir, y es importante que lo reconozcamos. El dogmático luterano Johann Gerhard escribió: “Los profetas tienen por costumbre describir y representar las bendiciones celestiales y espirituales del Mesías en términos de cosas físicas y terrenales, utilizando términos del Antiguo Testamento para realidades del Nuevo Testamento”.
Finalmente, hay algunas profecías del Antiguo Testamento que nadie interpreta de manera literal, ni siquiera el más ferviente de los dispensacionalistas. Joel 3:18 dice que en la restauración, “los collados fluirán leche”. ¿Significa eso que habrá literalmente ríos de leche que fluirán por las montañas? ¡Sería grandioso que las familias pudieran ir por un galón de leche, o más, cada día! Pero incluso los intérpretes dispensacionalistas dicen que esta expresión es hiperbólica o exagerada. Apocalipsis 19:15 dice que de la boca de Cristo saldrá “una espada aguda para herir con ella a las naciones”. ¿Significa eso que Jesús va a tener literalmente una espada en la boca? No. Incluso el autor dispensacional Juan Walvoord escribió: “La espada aguda que sale de la boca de Cristo es aparentemente una revelación simbólica de la orden que se emitirá”. Todos los intérpretes, entre ellos los dispensacionalistas, usan la razón para tratar de determinar lo que se ha de cumplir de manera literal, y lo que no. El problema es que los dispensacionalistas exageran tomando demasiados pasajes de manera literal, en contextos en los que no es apropiado.
En resumen, los dispensacionalistas pueden parecer muy piadosos cuando dicen que interpretan de manera literal todo en la Biblia. Sin embargo, no es bíblico interpretar la profecía del Antiguo Testamento de manera diferente a como lo hacen los autores del Nuevo Testamento, que fueron inspirados por el Espíritu Santo. En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo nos da una norma para seguir; algunas profecías son para ser interpretadas espiritualmente en la iglesia.


El Nuevo Testamento dice que la Iglesia es el nuevo Israel

Consideremos ahora el otro eje del dispensacionalismo. Los dispensacionalistas insisten en que la iglesia e Israel, se deben mantener separados. La iglesia e Israel, son dispensaciones diferentes, con programas diferentes. La iglesia no es el nuevo Israel. Se ha dicho que, si se puede demostrar que la iglesia es Israel, entonces “todo el castillo de naipes dispensacionalista cae al suelo”.
Ya hemos visto que el Nuevo Testamento halla que han sido cumplidas en la iglesia las profecías de restauración del Antiguo Testamento. Eso indica que la iglesia es el nuevo Israel. Hay, sin embargo, otros numerosos pasajes dispersos en el Nuevo Testamento, que refuerzan el punto. El Nuevo Testamento nunca establece una separación entre la iglesia e Israel; al contrario siempre habla de ellos como uno. Veamos unos pasajes de cinco libros diferentes del Nuevo Testamento. En Romanos 11:17–24, Pablo compara la situación con un olivo. El pueblo judío era el árbol original; en ese olivo fueron injertados “por fe” los creyentes gentiles, como olivos silvestres”. Al mismo tiempo, las ramas judías fueron desgajadas “por su incredulidad”. Si los del pueblo judío no “permanecen en la incredulidad” pueden ser injertados de nuevo. Esta es una sección muy potente para demostrar que la iglesia e Israel, son uno. Hay un solo olivo, no dos. Los creyentes gentiles y los creyentes judíos, están conectados igualmente al olivo del Antiguo Testamento.
En Gálatas, Pablo dice claramente que ser un verdadero descendiente de Abraham no consiste en tener la sangre de Abraham en las venas, sino en que la fe de Abraham esté en el corazón. Pablo escribió: “Sabed, por tanto, que los que tienen fe, estos son hijos de Abraham. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:7, 28, 29). Muy claramente, los creyentes del Nuevo Testamento están conectados a Abraham; la iglesia es el nuevo Israel. En el último capítulo de Gálatas, de modo significativo, Pablo usó incluso la palabra Israel para referirse a la iglesia. Dijo: “todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:16).
También es un tema de la carta de Pablo a los efesios, la relación entre los judíos y los gentiles; aquí vuelve a decir que los judíos y los gentiles, están unidos en un solo cuerpo porque son creyentes en Cristo. No hay una dispensación separada para los judíos. Pablo escribió:

Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades (la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas), para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.… los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio. (Efesios 2:14–16; 3:6)

¡Tristemente, los dispensacionalistas quieren erigir de nuevo una barrera entre los judíos y los gentiles!
¿Qué dijo el apóstol Pedro en relación con esto? En su primera carta, Pedro describió de esta manera a los creyentes de la iglesia: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios; en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:9, 10). Los términos que usa aquí para referirse a la iglesia del Nuevo Testamento son los mismos que se usan en Éxodo 19:5, 6 para el Israel del Antiguo Testamento. Lo que era Israel para Dios en el Antiguo Testamento, lo es para él la iglesia en el Nuevo Testamento. En pocas palabras, la iglesia es el nuevo Israel.
Finalmente, hay un pasaje muy convincente en el libro de Hebreos. El autor de Hebreos les escribió a los creyentes de la iglesia, y les dijo: “Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (12:22, 23). Este pasaje enseña que los creyentes de la iglesia del Nuevo Testamento son el monte Sión, por así decirlo; ellos han llegado a la Jerusalén celestial. Sión y Jerusalén se han convertido evidentemente en nombres para la iglesia. ¿A qué conclusión se puede llegar, sino que la iglesia es el nuevo Israel?
El término teológico técnico de lo que es evidente aquí, es substitusionismo. El Nuevo Testamento enseña que la iglesia ha sustituido, o reemplazado, al Israel del Antiguo Testamento como el pueblo escogido y especial de Dios. Los miembros de la iglesia no estamos en una institución de segunda categoría; somos parte del verdadero pueblo de Dios, que ha existido a lo largo de los tiempos.


El moderno estado de Israel no es el cumplimiento de una profecía bíblica

Como conclusión general, podemos decir que los cristianos no deben ver en el establecimiento del moderno estado de Israel el cumplimiento de una profecía bíblica. La tierra de Israel tuvo la bendición de ser la tierra natal o la cuna, por así decirlo, del Mesías; fue el candelero sobre el que se estableció Jesús, la luz del mundo. Pero como el Mesías ha venido para establecer su reino espiritual, la tierra natal física no tiene ahora ningún papel especial en el plan divino de salvación revelado.
Por lo tanto, los cristianos no se deben sentir obligados a apoyar el estado político de Israel por razones religiosas. La política exterior de Estados Unidos en contra de las naciones del Oriente Medio debe ser determinada con base en la razón y en los intereses del gobierno. La teología bíblica no obliga a los cristianos políticos ni a los electores a votar a favor o en contra de las propuestas para apoyar el moderno estado de Israel.
Sin embargo, los cristianos todavía se pueden preguntar: ¿Qué pasa con las promesas que se le hicieron a Abraham en Génesis, de que sus descendientes iban a ocupar la tierra de Palestina por siempre? En primer lugar, se puede decir que la palabra hebrea que se usa en Génesis no tiene que significar “para siempre, sin fin”. La palabra que se traduce como “por siempre” en realidad significa “por un futuro indefinido”. Hay numerosas ocasiones en las que esta palabra no significa “por la eternidad”. Por ejemplo, de las disposiciones del pacto mosaico, como la Pascua (Éxodo 12:14), el día de reposo (Éxodo 31:17), y el sacerdocio aarónico (Éxodo 40:15) se dice que son “para siempre”; pero, por el Nuevo Testamento sabemos que son “obsoletas”, ahora que Cristo ha venido (Hebreos 8:13). La promesa de la tierra de Canaán se ajusta a esta categoría, como preparación para la venida del Mesías.
En Segundo lugar, en el Antiguo Testamento hay muchos pasajes que enseñan que la promesa que se les hizo a los descendientes de Abraham era condicional, dependía de la obediencia del pueblo. En el monte Sinaí, Dios dijo: “si dais oído a mi voz y guardáis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro” (Éxodo 19:5). Dios le dijo a Salomón: “Pero si vosotros os volvéis, y dejáis mis estatutos y mandamientos que he puesto delante de vosotros, y vais y servís a dioses ajenos, y los adoráis, yo os arrancaré de mi tierra que os he dado; arrojaré de mi presencia esta casa que he santificado a mi nombre” (2 Crónicas 7:19, 20). Ciertamente, la promesa del Salvador a través de los descendientes de Abraham era incondicional; se iba a cumplir independientemente de la conducta del pueblo; pero, el disfrute de las bendiciones terrenales prometidas por Dios, incluido el de la tierra física de Israel, dependía de la obediencia del pueblo.
Lamentablemente, por supuesto, el pueblo judío en general rechazó a Cristo, y por lo tanto perdieron su posición como el pueblo de Dios y el derecho a reclamar la tierra de Palestina como propia. Jesús pronunció este lamento: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, pero no quisiste! Vuestra casa os es dejada desierta, pues os digo que desde ahora no volveréis a verme hasta que digáis: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Mateo 23:37, 38).
Finalmente, se puede entender que la promesa que se le hizo a Abraham de que sus descendientes vivirán por siempre en la tierra prometida, se ha cumplido de manera espiritual; los creyentes en Jesús son los verdaderos descendientes de Abraham (Romanos 4:11, 12), No son herederos de una propiedad terrenal heredada de sus padres, sino “herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:7). Los creyentes en Jesús vivirán por siempre en la tierra prometida del cielo; eso se puede considerar como el cumplimiento definitivo de la promesa que Dios le hizo a Abraham.
En cualquier caso, llama la atención que ni Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento, nunca expresaron la esperanza de que finalmente los judíos fueran restaurados en un reino propio en Palestina y reedificaran el templo. Si esto fuera una parte importante del plan de Dios, ¿no le parece que ellos lo hubieran mencionado? Los discípulos tuvieron esa esperanza antes del Pentecostés (Hechos 1:6), pero no después, y no aparece nunca en los escritos del Nuevo Testamento. Al contrario, Jesús dice: “la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren” (Juan 4:21, 24). El deseo de Jesús y de los apóstoles para los judíos siempre fue que ellos fueran llevados a la fe en Cristo, fueran hechos parte de la iglesia, y así fueran salvados (Romanos 10:1–4).


Cristo y la iglesia, minimizados por el dispensacionalismo

El escritor cristiano Oswald Allis, en un libro en el que refuta el dispensacionalismo, se maravilla ante la difusión entusiasta del dispensacionalismo entre cristianos sinceros. Se maravilla porque las enseñanzas del dispensacionalismo “están en grave conflicto con algunas de las doctrinas más claras y más preciosas de la fe cristiana”.
Sin duda, las enseñanzas del dispensacionalismo minimizan la importancia de Cristo, de la cruz, y de la iglesia. Para los dispensacionalistas, la cruz fue una idea tardía, producida sólo porque los judíos rechazaron el reino que se les ofreció. La iglesia es una disposición temporal para los gentiles, que no fue profetizada en el Antiguo Testamento. En el milenio se va a constuir un nuevo templo judío y se restituirán los sacrificios de animales. ¿Qué función tiene esto, aparte de llevar a Cristo y a la cruz, a una posición marginal?
Un escritor cristiano dijo que remontarse a las antiguas ceremonias judías y al templo judío, es como “volver a armar los andamios después de que se ha terminado de construir el edificio”. Otro dijo que es “como encender una vela cuando está brillando el sol”. ¡Eso es muy cierto! Pablo se sorprendió cuando los gálatas quisieron volver a las ceremonias judías; escribió: “ahora, ya que conocéis a Dios o, más bien, que sois conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Temo que mi trabajo en vuestro medio haya sido en vano” (Gálatas 4:9–11).
Haremos bien en seguir con Cristo, la cruz, y la iglesia, como la piedra angular y la culminación de nuestra fe; no hay nada más grande. La Biblia dice que Cristo fue crucificado “por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (Hechos 2:23). Cristo “se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:26). Los creyentes de la iglesia pertenecen a la verdadera Jerusalén, la “Jerusalén de arriba” (Gálatas 4:26).


 

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